La OMS aumenta las medidas para mejorar el acceso a sangre segura en pleno brote de coronavirus

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha anunciado un nuevo plan de acción para acelerar el acceso universal a la sangre y a los productos sanguíneos seguros. En anuncio de la Organización llega en plena crisis por el coronavirus.

La OMS resalta que hasta el momento, «los progresos hacia la mejora de la seguridad y disponibilidad de la sangre han sido lentos en muchas partes del mundo, lo que conlleva riesgos para la seguridad de los pacientes y somete a los profesionales de la salud a presiones indebidas».

También hacen hincapié en la desigualdad existente: «De los aproximadamente 118 millones de donaciones de sangre recogidas en todo el mundo, el 42% se realizan en los países de ingresos altos, donde vive el 16% de la población mundial. Y uno de cada cuatro países de ingresos bajos no somete a ensayo toda la sangre procedente de donaciones, mientras que el 54% de los países no cuentan con sistemas de vigilancia para garantizar la seguridad de la cadena de suministro desde el donante de sangre hasta el paciente».

Así, la OMS se ha propuesto acabar con la «lentitud en la aplicación de las políticas nacionales sobre donación de sangre y la fragilidad de los sistemas de reglamentación conexos, el número insuficiente de donantes de sangre voluntarios (considerados los donantes más seguros); las deficiencias en la gestión de la calidad de los ensayos de cribado, de detección de grupo sanguíneo y de compatibilidad; el uso clínico inadecuado de la sangre; y una financiación nacional insuficiente para garantizar la seguridad de la sangre».

Para resolverlo, la OMS se marca seis objetivos:

– Sistemas nacionales de reglamentación de la sangre debidamente estructurados, bien coordinados y dotados de recursos sostenibles.

– Capacidad de reglamentación para garantizar la calidad y la seguridad de la sangre.

– Servicios de transfusión que funcionan correctamente y se gestionan con eficacia.

– Aplicación efectiva de la gestión de la sangre del paciente con el fin de optimizar las prácticas de transfusión.

– Vigilancia efectiva, hemovigilancia y farmacovigilancia, apoyadas por sistemas integrales y precisos de recopilación de datos.

– Alianzas, colaboración e intercambio de información para alcanzar las principales prioridades y afrontar conjuntamente los retos y amenazas que surgen en el ámbito mundial, regional y nacional.

El plan tiene previsto que funcione entre 2020 y 2040.