Los antihistamínicos y tratamientos para las alergias: ¿qué tipos hay y cuáles son los posibles efectos secundarios?

Los antihistamínicos son una serie de fármacos que sirven para combatir los síntomas de las reacciones alérgicas. La histamina es una sustancia que libera el cuerpo cuando se desencadena una de estas reacciones, por lo que estos medicamentos bloquean la acción de la histamina.

Los tres efectos más claros de una alergia son la rinitis y el asma. Para el tratamiento de los síntomas, se recomienda un tipo de tratamiento según la zona del cuerpo afectada.

La rinitis es afecta a la nariz y consiste, generalmente, en la congestión y secreción acuosa nasal. Para tratar este síntoma se pueden usar antihistamínicos, lo más común es en píldoras, aunque se pueden encontrar en spray nasal.

La Comunidad de Madrid a través de los datos de la Red Palinocam, recomienda también el uso de inhibidores de mastocitos, es decir, de aerosoles nasales que «interfieren con las reacciones químicas que conducen a la liberación de histaminas» o bien, el uso de corticoides tópicos que son aerosoles nasales «que disminuyen la hinchazón de los conductos nasales».

En forma de píldora, las de venta sin receta incluyen loratadina, cetirizina y fexofenadina. Por su parte, los aerosoles nasales con receta incluyen azelastina y olopatadina.

Para el asma, la enfermedad de los bronquios que lleva al estrechamiento de estos y dificulta la respiración, lo mejor es controlar el ambiente y evitar exponerse a los alérgenos. Si esto no es posible, también existen medicamentos que, aunque son efectivos, no curan la enfermedad.

También está indicado para los pacientes con asma provocada por alergia el tratamiento mediante vacunas. Esto es recomendable cuando la alergia se da a un solo alérgeno o a pocos de ellos.

Hay otros tipos de tratamiento como las tabletas para la alergia, que son una especie de pastillas que se coloca debajo de la lengua y se disuelven, aliviando los síntomas de alergia.

En un principio, este tipo de medicamentos no son peligrosos si se usan siguiendo las recomendaciones de los especialistas.

Entre los efectos secundarios más comunes se encuentran el mareo, la sequedad bucal o la disminución de apetito. Sin embargo, muchos de ellos también producen somnolencia, por lo que se recomienda, por ejemplo, no conducir mientras duren sus efectos.

También pueden producir nervios, excitación o irritabilidad, así como cambios en la visión, es decir, visión borrosa.

Además, es necesario acudir a un especialista para consultar los posibles efectos en algunos casos como embarazo o lactancia, bebés y niños o pacientes con otras enfermedades, ya que los antihistamínicos pueden causar efectos secundarios en personas que tomen otros medicamentos.