Un estudio detecta mayor mortalidad por cáncer en algunos municipios con industria química

Un equipo del Centro Nacional de Epidemiología ha detectado pequeños picos de mortalidad por determinados tipos de cáncer en algunos municipios españoles con industrias químicas. Los científicos han observado que la mortalidad por cáncer colorrectal es un 9% mayor en el entorno de instalaciones del sector químico orgánico, que incluye las fábricas de hidrocarburos y las de cauchos sintéticos. En estas mismas zonas, la mortalidad por cáncer de ovario es un 10% superior. En los municipios con fábricas de productos químicos inorgánicos —como el amoniaco y el ácido fosfórico para fertilizantes— la mortalidad por cáncer de mama es un 10% mayor. La investigación no demuestra que el exceso de mortalidad se deba a la industria.

“Dada la cantidad de sustancias contaminantes, muchas de ellas carcinógenas, que emiten instalaciones industriales situadas cerca de municipios habitados, desde el punto de vista de la salud pública cualquier medida preventiva que reduzca o elimine estas emisiones es fundamental y necesaria”, afirma Pablo Fernández Navarro, principal responsable del estudio. La Federación Empresarial de la Industria Química Española niega que sus emisiones se puedan vincular a la mayor mortalidad observada.

El epidemiólogo reconoce las limitaciones de su trabajo y pide cautela a la hora de interpretar sus datos. “Los resultados solo nos ayudan a generar hipótesis sobre las posibles asociaciones entre la contaminación emitida por las industrias y el desarrollo del cáncer. No pueden mostrar causalidad”, explica. “No podemos descartar que en esas mismas zonas haya alguna otra exposición o característica de sus habitantes que pueda explicar las asociaciones que encontramos”, subraya. En pueblos industriales, por ejemplo, podría haber un mayor consumo de tabaco o una mayor circulación de vehículos contaminantes.

El estudio, publicado en la revista especializada Environmental Pollution, ha analizado la mortalidad por 32 tipos de cáncer a menos de cinco kilómetros de medio millar de instalaciones químicas entre 1999 y 2008. En la mayor parte de los tumores no se advierte nada, pero en unos pocos sí. “Se observan excesos de riesgo pequeños, pero están ahí. ¿Se deben a la industria? Para saberlo habría que hacer estudios más finos”, apunta Marina Pollán, directora del Centro Nacional de Epidemiología y portavoz de la Sociedad Española de Oncología Médica.

Pollán, que no ha participado en el nuevo estudio, fue pionera en esta línea de investigación junto al ya jubilado Gonzalo López Abente. Su equipo empezó a vigilar la mortalidad por cáncer en el entorno de las centrales nucleares españolas y, tras publicar unos primeros resultados tranquilizadores en 1999, fue abriendo el foco a otras instalaciones. En 2017, López Abente y el propio Pablo Fernández Navarro mostraron que la mortalidad por tumores malignos era un 17% mayor en los pueblos industriales.

El nuevo estudio es un primer paso para detectar hipotéticas asociaciones. Los autores comparan la mortalidad en las diferentes regiones, con y sin industrias químicas, teniendo en cuenta la estructura de la población por edad y sexo. Es fácil que aparezcan espejismos. La mortalidad por cáncer de pleura en el entorno de las fábricas de fertilizantes es un 127% mayor. Sin embargo, la principal causa del cáncer de pleura es el asbesto, un material empleado históricamente en el aislamiento de los edificios o como ingrediente de tejas y tuberías. Y las fábricas de fertilizantes no producen asbesto. “Es posible que este resultado [el 127%] se deba a una coincidencia entre la distribución espacial de estas industrias y la posibilidad de exposición a asbesto de la población por otras fuentes”, advierte Fernández Navarro.

La Federación Empresarial de la Industria Química Española niega que sus emisiones se puedan vincular a la mayor mortalidad observada

El científico recuerda además que un riesgo relativo —el de un municipio concreto comparado con la media española— puede parecer muy alto, aunque el riesgo absoluto sea en realidad muy bajo. En España, solo una de cada 115.000 personas muere cada año a consecuencia del cáncer de pleura. Un aumento del 100% serían dos personas de cada 115.000. “Los excesos de mortalidad observados son pequeños y acordes con los riesgos asociados a otras exposiciones ambientales”, tranquiliza Fernández Navarro. El epidemiólogo recuerda que la magnitud de este riesgo es incomparable a la del tabaco, culpable del 27% de las muertes por cáncer en Europa.

El sector químico español —con más de 3.300 empresas concentradas en las provincias de Barcelona, Tarragona, Huelva y Madrid— da trabajo de manera directa a casi 200.000 personas, según la Federación Empresarial de la Industria Química Española. El director general de esta patronal, Juan Antonio Labat, insiste en que “no se ha demostrado causalidad” entre las emisiones de la industria química y la mayor mortalidad por cáncer detectada en algunos municipios. De hecho, afirma, se podría dar la vuelta al estudio y asegurar que vivir al lado de una instalación química protege frente a otros tipos de cáncer. “La industria química emite lo que marca la legislación. Si se superan los límites legales, saltan los sensores y se enteran antes en las consejerías autonómicas de Medio Ambiente que en las propias fábricas”, sostiene Labat.

El estadístico Miguel Ángel Martínez Beneito, padre del mayor mapa de la mortalidad en España, también es cauto. “Los resultados del estudio son muy sugerentes, aunque cabría tener en cuenta la influencia de efectos confusores”, opina. “Por ejemplo, alrededor del 25% de los municipios urbanos se consideran expuestos a instalaciones químicas industriales, mientras que apenas el 3% de los municipios rurales se consideran expuestos. Por tanto, algunos de los resultados del estudio podrían deberse simplemente a diferencias entre la mortalidad de zonas urbanas y rurales”, advierte Martínez Beneito, de la Universidad de Valencia.

“La industria química no es el demonio. Funciona dentro de los límites legales. El mensaje que hay que sacar es que algunos organismos públicos estamos monitorizando y en la mayoría de los casos no observamos nada, pero en otros casos hemos detectado un riesgo muy bajito y plausible biológicamente, porque estas instalaciones emiten carcinógenos. Merece la pena indagar esos excesos de riesgo”, sentencia Fernández Navarro.