Señales que predicen el deterioro del cerebro al envejecer

El cerebro, como cualquier parte de nuestro cuerpo, envejece. Lo hace más rápido o más lento dependiendo de múltiples factores, pero conforme ganamos años es normal que estemos más torpes o nos cueste más recordar un nombre. Eso sí, a veces nuestro cerebro puede deteriorarse más allá de lo que implica la edad. ¿Cómo distinguirlo?

El doctor Rafael Arroyo, jefe del Departamento de Neurología del Hospital Universitario Quirónsalud Madrid y del Complejo Hospitalario Ruber Juan Bravo (Madrid), señala que en muchos casos es complicado diferenciar entre la pérdida de memoria asociada a la edad y el deterioro cognitivo leve o DCL, precursor en muchos casos de enfermedades neurodegenerativas como el alzhéimer, el párkinson o la ELA.

La Mayo Clinic estadounidense explica que si tienes un deterioro cognitivo leve puedes notar que tus funciones mentales se han reducido: «Puede implicar problemas con la memoria, el lenguaje, el pensamiento y el juicio que son más significativos que los cambios normales relacionados con el envejecimiento. Muchas personas notan una reducción gradual de la memoria a medida que envejecen. Puede llevarles más tiempo el pensar en una palabra o bien el recordar el nombre de una persona. Tu familia y amigos cercanos también podrán notar un cambio. No obstante, no son tan graves como para que interfieran significativamente en tu vida diaria y actividades habituales».

Según la Mayo Clinic, es posible que el deterioro cognitivo leve aumente el riesgo de padecer algún tipo de demencia en el futuro, pero no siempre es así: «pueden permanecer estables durante años, progresar a una demencia, o mejorar con el tiempo».

Para poder descubrir si estamos ante un rasgo precursor de una enfermedad o un síntoma propio del deterioro natural del cerebro, los expertos emplean biomarcadores. «Se considera un biomarcador a todo aquello que podamos medir desde un punto de vista clínico, en sangre, en líquido cefalorraquídeo, o a través de pruebas de imagen como la resonancia magnética (RM), o la tomografía por emisión de positrones (PET), y que nos sirva para una detección precoz», explica el doctor Arroyo.

Así, el neurológo subraya que, en el caso del alzhéimer, se sabe que las lesiones cerebrales propias de la enfermedad empiezan mucho tiempo antes de manifestarse los síntomas clínicos, por lo que los biomarcadores tienen especial interés, ya que los tratamientos pueden ser más eficaces en las fases tempranas de la misma. En este caso apunta a la detección de proteína beta-amiloide, la proteína Tau, y la fosfo-Tau, que cada vez es más sensible y específica. A su vez, el neurólogo ve importante la detección de fases iniciales de la enfermedad a través del PET cerebral marcado con beta-amiloide, y «en un futuro PET con la proteína Tau».

En la detección temprana del párkinson este experto considera que tienen gran importancia los estudios de resonancia cerebral, y las técnicas de Medicina Nuclear que aprecian alteraciones en la vía dopaminérgica del cerebro.

Mientras, que en el caso de la esclerosis múltiple, el jefe de Neurología del Hospital Universitario Quirónsalud Madrid, destaca que los aspectos clínicos, radiológicos, y del líquido cefalorraquídeo, sirven de marcador pronóstico y de respuesta al tratamiento. «Existen nuevos marcadores, como los neurofilamentos de cadena ligera que se obtienen de la sangre del paciente y pueden ofrecer una alerta temprana y ser un indicador de seguimiento de esta patología», sentencia el doctor.