«Un 90% de la ceguera provocada por el glaucoma podría evitarse con un diagnóstico precoz»

Cada 12 de marzo tiene lugar el Día Mundial del Glaucoma, una fecha en el calendario destinada a tomar conciencia sobre una enfermedad ocular que causa ceguera si no se diagnostica a tiempo y que se calcula que afecta en nuestro país a un millón de personas, la mitad de ellos sin diagnosticar. El glaucoma es, además, la segunda causa de ceguera en el mundo después de las cataratas y la segunda causa de ceguera legal en España después de la degeneración macular.

Para comprender mejor esta patología, su prevención y su tratamiento, hablamos con el Dr. Gonzalo Muñoz, Director Médico de Clínica Baviera.

La parte anterior del ojo está llena de un líquido transparente llamado fluido intraocular. Cuando este fluido no se drena correctamente provoca que aumente la presión intraocular (PIO), que es el principal factor de riesgo para la aparición del glaucoma, que es, básicamente, “una enfermedad del nervio óptico, la conexión entre nuestro ojo y el cerebro. Cuando este nervio no tolera bien la propia lesión, puede lesionarse y producirse una neuropatía óptica glaucomatosa o glaucoma”, cuenta el Dr. Muñoz. Esto provoca una pérdida progresiva de visión que es, además, irreversible, porque el daño producido en el nervio no se puede revertir.

El principal problema del glaucoma es que las personas que lo padecen no notan esa pérdida de visión hasta que el nervio está muy dañado, “tiene que haber aproximadamente un 60% de pérdida de fibras de nervio para que el paciente se dé cuenta de que tiene un problema de visión. La pérdida es progresiva y muy lenta y cuando ya quedan muy pocas reservas funcionales es cuando el paciente lo nota”, explica Muñoz, “por eso se le llama la ceguera silenciosa, porque cuando el paciente acude manifestando síntomas, ya está muy afectado el campo visual y hay zonas por las que ya no ve. Al final se produce lo que se llama la visión en escopeta, que es cuando el paciente solo ve por la parte más central de su campo visual. Es capaz de distinguir detalles muy pequeños, pero de cosas que están más lejos, y eso le imposibilita llevar una vida normal”.

Al ser una enfermedad que cursa sin síntomas en sus primeras fases y que provoca un daño muy grave e irreversible, lo mas importante para evitar sus consecuencias es el diagnóstico precoz, es decir, detectarla en sus primeras fases. Por eso, los profesionales recomiendan, aunque no se tengan factores de riesgo, hacerse revisiones regulares a partir de los 40 años. Si los hay, las revisiones deberían empezar a los 20 o 25 años. Los factores de riesgo son “tener familiares con glaucoma, tener diabetes, una miopía elevada o que haber tenido traumatismos, ya sea por una cirugía previa o por un golpe”, aclara Muñoz.

De llevar a cabo estas recomendaciones, podrían salir a la luz y se podría tratar a tiempo el medio millón de personas que se calcula que hay en España sin diagnosticar, “el glaucoma crónico simple, que es el más común, afecta más o menos a un 2% de la población. Aproximadamente, el 50% de esos pacientes no lo sabe y, por tanto, está sin tratar y la enfermedad sigue evolucionando. Por eso es tan importante hacer campañas de detección precoz, porque en la mayoría de los casos, si es detectada a tiempo, se evita su progresión hacia la ceguera”, insiste. Concretamente, un 90% de la ceguera provocada por esta dolencia podría evitarse con un diagnóstico precoz.

Para detectar el glaucoma existen pruebas cada vez más precisas, que debe hacer siempre el médico especialista, “en estos exámenes se tiene que medir la presión intraocular y, lo más importante de todo, ver el nervio óptico y analizarlo. Si la presión intraocular es alta, hay más probabilidades de tener un glaucoma, pero tenerlo o no depende de la tolerancia del nervio a esta presión. Es decir, hay nervios que toleran presiones altas sin lesionarse y otros que con presiones dentro de los rangos normales desarrollan glaucoma. Para detectarlo, hoy en día contamos con prueba muy objetivas que proporcionan fotografías del nervio o de las fibras que lo forman”, afirma.

Hay varios tratamientos disponibles destinados a frenar la enfermedad. Elegir uno u otros dependerá del grado de afectación, “por suerte, la gente está tomando conciencia y lo detectamos antes de que aparezcan los síntomas, pero en un paciente que no va regularmente al oftalmólogo y que lo padece, suele venir a la consulta porque se tropieza con objetos, anda con inseguridad, sobre todo cuando sube o baja escaleras… A esa situación no deberíamos llegar nunca, porque el daño ahí ya es irreversible”, afirma tajante, porque, además, “en esos casos ha habrá que recurrir a tratamientos más agresivos y con unos resultados menos satisfactorios”. En la actualidad, se trata el glaucoma en tres niveles:

•Gotas hipotensoras. “Su objetivo es reducir la tensión del ojo, el principal factor de riesgo y el único que sí podemos modificar. Estos fármacos actúan produciendo menos líquido dentro del ojo o ayudando a su evacuación”.

Láser. “Un tratamiento intermedio entre las gotas y la cirugía”.

•Cirugía Se utilizan cuando el glaucoma está muy avanzado y para bajar la presión muy rápidamente.

Normalmente se empieza con un tratamiento farmacológico y el láser, y se reserva la cirugía para los casos más avanzados o que no responden al tratamiento médico.

En cualquier caso, los tratamientos frenan el daño, pero no lo revierten, “se puede ralentizar hasta que el deterioro del nervio óptico sea el normal al de una persona sana, porque con la edad también se produce una pérdida de fibras en el nervio. Es decir, se puede ralentizar la pérdida de fibras al ritmo fisiológico normal. Estos se puede conseguir bajando la presión intraocular y modificando discretamente los hábitos de vida en aquellos pacientes con hábitos poco saludables, como fumadores, personas con diabetes no controlada…

En cuanto a la prevención, “lo único que está en nuestra mano es el diagnóstico precoz y hacerse revisiones aunque no se tengan síntomas”. Llevar una vida saludable, con una buena alimentación y libre de neurotóxicos, como el tabaco o el alcohol, puede ayudar, pero, a pesar de que se diga que hay alimentos que ayudan “, no hay estudios científicos que lo avalen. Está claro que una persona que tenga unos hábitos sanos de vida y de alimentación va a tener mejor salud, pero no solamente en el glaucoma”, afirma.