¿Por qué no deberías dejar la esponja dentro de la ducha después de usarla?

Las esponjas para la higiene corporal en la ducha son de uso generalizado, por lo que no viene mal recordar una serie de consejos para su correcta utilización. Más que nada, porque igual de generalizado es el hecho de que la mayoría de gente tiene dentro del baño las típicas baldas o estanterías donde dejar los geles, champús y esponjas después de usarlos.

Estas baldas, al estar dentro de la ducha o el baño, atraen bacterias debido al constante estado de humedad que se genera tras la ducha que, muchas veces, no termina por secarse del todo.

Cuando se usa la esponja en el baño es recomendable dejar que se seque después en un sitio limpio y, sobretodo, libre del ambiente cálido y mojado que se genera después de la ducha. Este consejo evitará que con la humedad la esponja acumule bacterias.

La esponja hay que cambiarla cada cierto tiempo y, cada vez que se use, aclararla bien para quitarle los restos de jabón, suciedad y pieles muertas. Después de esto, hay que escurrirla y dejarla en un sitio ventilado para que termine de secarse.

Otro consejo es no compartir la esponja con nadie. Esta debe ser un producto de higiene personal, igual que el cepillo de dientes, con la que se exfolia la piel y donde quedan restos de pieles muertas, por lo que no es recomendable compartirla con otra persona.

Además de esto, hay que tratar de no mojar en exceso las baldas y los alrededores de la ducha porque es muy probable que no terminen de secarse del todo y, por lo tanto, también ahí se acumulen bacterias.

Así, hay que limpiar correctamente la ducha o bañera cada poco tiempo usando productos de limpieza específicos para el baño.