Síndrome de las Piernas Inquietas: ¿cómo afectan al sueño?

El Síndrome de las Piernas Inquietas (SPI), también conocido como la enfermedad de Willis-Ekbom, es un trastorno neurológico que provoca que cuando están en reposo comiencen a aparecer una serie de sensaciones desagradables. Esto puede afectar de manera importante a la calidad del sueño.

Debido a que el día 13 de marzo celebramos el Día Mundial del Sueño y que el Síndrome de las Piernas Inquietas «aparece con cierta severidad en un 2-3% de la población», según la Sociedad Española de Medicina Interna (FESEMI), conviene hablar sobre esta enfermedad para detectarla y tratarla lo antes posible para que no afecte al descanso.

Un aspecto interesante que menciona la FESEMI es que este trastorno afecta a hombres y a mujeres por igual, y su aparición suele estar relacionada con un mal funcionamiento de la dopamina (neurotransmisor que regula el movimiento). Además, aunque puede aparecer a cualquier edad, apunta que es «más frecuente a partir de la cuarta década de la vida», es decir, por los treinta años.

Los síntomas del Síndrome de las Piernas Inquietas pueden variar de unas personas a otras. No obstante, todos ellos aparecen cuando las piernas están en reposo, lo que puede ocurrir cuando se está sentado o tumbado en la cama.

Si las piernas permanecen demasiado tiempo en reposo, los síntomas no cesan ni mejoran en ningún momento, todo lo contrario, se agravan. Por eso, estos pueden afectar a la calidad del sueño de una manera importante.

Según el Instituto del Sueño, los pacientes que han sido diagnosticados con el Síndrome de las Piernas Inquietas describen sus síntomas como una sensación de hormigueo, dolor, calambres, desasosiego, quemazón o pinchazos, entre otras muchas sensaciones. El Instituto ha detectado que existen una serie de características principales en esta enfermedad:

Estas son algunas de las características que el Instituto del Sueño ha conseguido sacar en claro tras las experiencias de los pacientes con el Síndrome de las Piernas Inquietas. Una enfermedad que, como indica, «suele ser crónica y lentamente progresiva (aumento de intensidad con el tiempo)».

Para diagnosticar el Síndrome de las Piernas Inquietas se realiza, primero, un análisis de sangre para descubrir cómo están los niveles de hierro y ferritina. Este último, según la FESEMI, «se encuentra alterado en muchos pacientes».

También, se harán pruebas de polisomnografía nocturna para detectar esos movimientos que pueden aparecer debido a este síndrome, además de evaluar la calidad del sueño de las personas que tienen esta enfermedad.

Se realizarán pruebas a mayores como la electromiografía y conducción nerviosa con el objetivo de descartar algún tipo de lesión que pueda estar generando estas molestias en las piernas que no tengan que ver con el SPI.

Finalmente, puede hacerse una ecografía de parénquima cerebral para diagnosticar que realmente el problema está en un mal funcionamiento de la dopamina en el cerebro. Esta prueba medirá los depósitos de hierro y confirmará si se trata del Síndrome de las Piernas Inquietas o no.

Tras el diagnóstico, conviene tener presente que este trastorno es crónico. Sin embargo, es posible controlar los síntomas para que estos no afecten al descanso y tener así una buena calidad de vida. Estos son algunos tratamientos y recomendaciones que mejor funcionan:

El Síndrome de las Piernas Inquietas puede ser un verdadero problema para el descanso. Y es que dormir bien es importante para poder tener energía, ser productivos en el trabajo y tener buen humor. Aunque el SPI no es una enfermedad muy conocida, ahora sabemos cómo podemos detectarla. Un diagnóstico temprano evitará que afecte a la calidad de vida.