Sonambulismo, terrores nocturnos… estas son las parasomnias más frecuentes y su tratamiento

Este viernes 13 de marzo se celebra el Día Mundial del Sueño, una fecha para reivindicar la importancia de disfrutar de un buen descanso para mantener una óptima salud, tanto física como mental. Para conseguir dormir lo suficiente, tanto en calidad como en cantidad, es importante combatir los trastornos del sueño, como insomnio, narcolepsia o las parasomnias, que son, básicamente, comportamientos extraños que se producen durante el sueño.

El Dr. Alex Iranzo, presidente de la SES (Sociedad Española de Sueño) y neurólogo de la Unidad Multidisciplinar de Trastornos del Sueño del Instituto Clínic de Neurociencias (ICN) nos habla de qué son las parasomnias, cuáles son las más comunes y qué tratamientos tienen.

Las parasomnias son “unas conductas o experiencias anormales que tiene una persona cuando se está durmiendo, cuando se está despertando o a mitad del sueño”, explica. Hay muchos tipos dependiendo de cuándo se producen, qué síntomas o comportamiento provocan, etc. Entre las más comunes encontramos los terrores nocturnos, el sonambulismo o el conocido como trastorno conducta sueño REM (TCSR).

Aunque no se sabe exactamente a cuantas personas afectan, debido a que la mayoría son benignas o puntuales y los pacientes no acuden al médico, se calcula que, por ejemplo, “en el caso del sonambulismo y terrores nocturnos los puede tener entre el 5 y el 10% de la población. En caso de los terrores nocturnos, el 95% de ellos ocurre durante la infancia y desaparecen en la adolescencia”.

Las causas de las parasomnias se desconocen, pero sí sabe que un 60% de la gente que padece sonambulismo tiene familiares que también lo padecen.

Las apneas también se han relacionado con un mayor riesgo de padecerlas, “después de cada apnea, el paciente se despierta dos o tres segundos, y hemos observado que, durante esos segundos, muchos hablan, gesticulan, y parece que sea un trastorno conducta sueño REM, pero no lo es. Cuando esas apneas no se producen, estos episodios también desaparecen”, nos contó.

Hay muchos tipos de parasomnias, pero entre las más recuentes encontramos:

•Sonambulismo: Se trata de conductas complejas ocurridas durante el sueño y que el paciente realiza con los ojos abiertos, pero que no recuerda nada al despertar. Los episodios suelen durar hasta una hora en adultos y van desde caminar, deambular… hasta comportamientos más complejos, como “conducir o sacar dinero de un cajero. Hay un episodio de sonambulismo que se llama el síndrome de la cena durante el sueño, que quien lo padece se pone a comer a mitad de la noche, u otro que se conoce como sexomnia, en la que la persona que la padece lo que quiero es tener relaciones sexuales con la persona con la que está durmiendo”, nos contó. Este sonambulismo es más común entre los 4 y los 8 años y es común que desaparezca en la adolescencia.

•Terrores nocturnos: Son episodios de miedo intenso que es muy frecuente en niños, pues se calcula que lo padecen hasta un 15% de ellos. El pico máximo es entre los 5 y 7 años y en la mayoría de los casos desaparece en la adolescencia. Consiste en episodios de llanto, gritos, palpitaciones, sudoración y el niño no suele a responder a estímulos externos.

•Trastorno de conducta del sueño REM: Se caracteriza por realizar movimientos vigorosos, pesadillas, sueños desagradables y se producen en la fase REM. “Con frecuencia, el paciente tiene sueños desagradables, como que le pegan, le persiguen, está en una situación de peligro… y se tiene que defender, por eso conductas habituales suelen ser dar un puñetazo, caerse de la cama, salir corriendo… y llorar, gritar, etc. Durante estos episodios se mantienen los ojos cerradas y a veces sí se recuerdan. Una vez aparecen, suelen presentarse de por vida. Son infrecuentes en la infancia.

•Otras parasomnias pueden ser: despertar confusional, en el que los pacientes están desorientados durante unos minutos; la parálisis del sueño, la incapacidad de moverse durante unos minutos después de despertar; las pesadillas recurrentes; la enuresis, hacer pis durante el sueño; la somniloquia, o hablar frecuentemente; y el bruxismo, la contracción de los músculos de la mandíbula apretando y rechinando los dientes.

Aunque la inmensa mayoría de las parasomnias son consideradas benignas, a veces pueden provocar comportamientos peligrosos, ya sea para los pacientes o para los que conviven con ellos. Se trata sobre todo de “los sonambulismos en los que por ejemplo les da por asomarse a la ventana, por romper cosas o golpear a la persona que está al lado. En esos casos, siempre es conveniente buscar ayuda médica”, recomienda el Dr.

Hay un tipo de parasomnia que, no es que sea peligrosa en sí, sino que a menudo indica un grave problema de salud detrás. Se trata del “trastorno conducta del sueño REM cuando ocurre sobre todo a personas de más de 60 años. Hemos descubierto que lo padece un 0,5% de los pacientes de más de 60 años y, después de 15 años de estudio, nos hemos dado cuenta de que esas personas desarrollan más tarde la enfermedad de Parkinson. Es decir, que esta parasomnia es un aviso de que va a aparecer la enfermedad. El reto que tenemos ahora es que, cuando detectamos esta parasomnia, encontrar algún fármaco que frene la aparición de los síntomas del Parkinson, es decir, hacer medicina preventiva. Aunque todavía estamos en fase de estudio”, afirma.

Muchas parasomnias no necesitan tratamiento, pues son benignas o con el tiempo desaparecen, pero cuando afectan a la calidad de vida del paciente o a los que le rodean, en primer lugar “se toman medidas de higiene de sueño para que la gente duerma bien y el tiempo suficiente, y evitar las cosas que estresen y realizar tratamientos para manejar la ansiedad. Cuando son muy agresivas, peligrosas, etc. y hay riesgo físico, se puede administrar medicación, como clonazepam”, una benzodiacepina que reduce la actividad anormal del cerebro y se utiliza también como ansiolítico o anticonvulsivo.

El manejo de la ansiedad y el estrés es importante, no porque las provoquen, sino porque suelen ser el desencadenante en las personas que padecen parasomnias, “no por tener estrés o ansiedad se van a tener parasomnias, sino que, si las tienes, el estrés y la ansiedad las precipitan”, advierte.