Por qué debemos dejar de comparar el coronavirus con una gripe

Es una de las frases que más se repitió en los inicios de la crisis mundial del coronavirus: «Es como una gripe«. Pero conforme ha ido avanzando la pandemia, ha ido haciéndose patente que no es así. ¿Por qué deberíamos dejar de comparar el Covid-19 con la gripe común?

La gran diferencia es que el nuevo coronavirus es altamente impredecible, todo lo contrario que la gripe. La propagación de esta enfermedad puede ser fácilmente rastreada, se sabe cuándo alcanza sus mayores picos, existe una vacuna anual y medicamentos antivirales que la mantienen a raya. Con el Covid-19 carecemos de toda esta información.

Y en cuanto a los síntomas, ambas enfermedades pueden cursar con fiebre, tos, fatiga, dolor de cabeza y garganta, pero en cambio, el dolor muscular es un síntoma común en la gripe que no se ve mayoritariamente con el coronavirus. Además, la tos del Covid-19 suele ser seca, sin expectoración.

Otra diferencia es que la neumonía provocada por el coronavirus suele surgir del propio patógeno, mientras que en el caso de la gripe, la neumonía se produce por sobreinfección con otras bacterias.

Aunque ambas enfermedades se transmiten de la misma manera, es decir, por las vías respiratorias por medio de las gotitas surgidas de la tos o del estornudo que se depositan en superficies, en el caso del Covid-19 parece claro que es mucho más contagiosa. Si con la gripe se estima que cada enfermo infecta a otras dos personas de media, en el caso del coronavirus la estimación sube hasta los tres contagiados.

Sobre la letalidad, es aún difícil establecerla por la gran cantidad de incógnitas que existen alrededor de esta nueva cepa del coronavirus, pero sí que se tiene más o menos claro que es muy superior al 0,1% de la letalidad de la gripe.

Por último, y a falta de vacuna para el coronavirus, otro punto de similitud entre ambas enfermedades es el mejor método para combatirlas: extremar la higiene de manos y evitar tocarse el rostro.