Siento que mi pareja me ignora: ¿cómo afronto la situación sin discusiones?

Sentirse rechazado o más bien ignorado por la pareja es uno de los sentimientos más desagradables que pueden surgir en una relación. Mina la autoestima, provoca que nos asalten mil y una dudas, nos precipita a sacar conclusiones equivocadas o dramatizadas, y puede llevarnos a dar por terminada la relación si no aclaramos cuanto antes la situación. Pero, además, nos deja el regusto amargo de saber que quien al principio lo dio todo por su pareja ahora se desentiende por completo de ella. Obviamente, es un riesgo que hay que correr, ya que cuando se establece un vínculo afectivo con alguien le estamos dando a esa persona la posibilidad de acabar haciéndonos daño si la relación no prospera. Sea como sea, estos son algunas de las principales recomendaciones de los psicólogos en torno a qué hacer y qué no hacer cuando alguien nos castiga con su silencio:

Las relaciones de pareja son cosa de dos. En casos así, conviene echar mano de la autocrítica y analizar con detenimiento si tenemos parte de la culpa o hemos propiciado de alguna manera la situación con nuestro comportamiento. Antes de señalar al otro se recomienda hacer un examen de conciencia en busca de posibles motivos y reconocer también los errores.

Es bueno intentar ponerse en el lugar del otro para lograr entender qué le está pasando. Averiguar si su distanciamiento tiene que ver con la manera en qué nos comportamos con él/ella o con una situación ajena que le pueda estar desestabilizando (problemas en el trabajo, con su familia, una enfermedad…) y que, por la razón que sea, no quiere compartir con nosotros.

Intentar ignorar al que nos está ignorando o provocar sus celos para llamar su atención no son nunca buenas tácticas para resolver una situación de este calibre. Más bien propiciará el efecto contrario, ya que el que nos ignora perpetuará esta dinámica y, además, le hará perder la confianza que tenía en nosotros.

Antes de dar por sentado algo es mejor intentar averiguar si hay algún motivo importante por el que nuestra pareja puede estar ausente para no mostrarnos la atención que antes sí nos concedía. No conviene levantar falsas alarmas ni ponerse a la defensiva sino abordar el tema con tacto para conocer de primera mano qué está ocurriendo.

Si la pareja continúa ignorándonos y no nos habla, se le puede ayudar a trabajar para redirigir el hábito que se ha desarrollado en su vida. Esperar hasta que comience a hablarnos nuevamente y luego aborda el problema. Por lo general, este comportamiento ha estado arraigado en la personalidad de una persona como una forma de lidiar con las emociones difíciles.

Independientemente de cómo se muestre la pareja ante nosotros, el primer paso siempre pasa por establecer los límites de respeto que uno quiere y necesita en una relación. Delimitar qué actuaciones nos parecen razonables y cuáles inadmisibles y tampoco conformarse con algo que no nos convence solo por seguir en una relación. Si la balanza se inclina hacia el lado más negativo, quizás ha llegado el momento de tomar medidas. La autoestima es lo primero.

No esperemos a que la pareja se dé cuenta por arte de magia que sus actitudes o gestos nos molestan y nos están llevando a una situación límite. Hay que ser claro y abordar el tema de frente. La comunicación es el mejor método para evitar conflictos, aclarar las cosas, llegar a un punto de entendimiento o, si no queda más remedio, tomar caminos separados.

Si le demostramos a la persona que nos importa todo el amor y compromiso que tenemos con ella, es posible que no tenga la tentación de jugar con nosotros durante un conflicto ni nos siga castigando con su silencio. Si se siente comprendida es más probable que sea capaz de tener una comunicación más abierta y que, por tanto, pueda expresar sus sentimientos con mayor precisión y de forma más saludable.

Aunque resulte complicado conseguir un equilibrio es importante que cada miembro de la pareja reserve espacio para sí mismo y que éste sea respetado por el otro. A la vez, ambos deben cuidar su relación, dedicarse tiempo y atenciones. Si la relación no se trabaja, acabará por romperse.

Si después de aplicar todos los consejos anteriores no se solucionan las cosas y la actitud de la pareja no ha variado quizás ha llegado el momento de plantearse que cada uno debe tomar un camino distinto. Si no hay interés por reactivar la chispa, la pareja está a la defensiva o promete cambiar pero no lo hace y, además, la situación se prolonga en el tiempo, probablemente exista algún motivo más serio o se ha desilusionado definitivamente con la relación.