Malos augurios

Dos transeúntes pasan frente a la Bolsa de Nueva York en 2008, año de comienzo de la Gran Recesión. 
Dos transeúntes pasan frente a la Bolsa de Nueva York en 2008, año de comienzo de la Gran Recesión. Christopher Anderson (Magnum)

Pese a los denodados y admirables intentos de políticos y medios por atisbar siquiera un fotón de luz al final del túnel pandémico, es casi imposible interpretar la situación de una manera optimista. Los datos no se avienen. Mientras escribo esto, la contabilidad me escupe a la cara mil muertos en España, diez mil en el mundo y el desasosiego de la incertidumbre, porque no sabemos calcular cuándo ni cómo acabará la parte biológica de esta crisis. Los economistas, por su parte, tienen un notable talento para cuantificarlo todo, pero sus números nos hunden más aún en la depresión, y digo depresión en el doble sentido de la palabra. El mundo se encamina a una recesión aún peor que la crisis de 2008, y eso puede acabar matando a más gente que el propio agente infeccioso. Estamos en problemas. Muy graves.

El mundo entero se mueve hacia el tipo de restricciones que hemos adoptado en Italia y España. Los PIGS tenemos razón por una vez

Sabemos que las medidas rigurosas que han tomado Roma y Madrid, y cada vez más gobiernos del entorno, se basan casi enteramente en la experiencia china. Pero ese experimento natural que han vivido los dragones asiáticos también nos da muchas pistas de lo que van a penar nuestras economías. Durante los dos meses que Pekín ha impuesto la cuarentena a Wuhan y su provincia (60 millones de habitantes) y otras regiones afectadas, la producción industrial china se ha desplomado un 14%, las ventas un 21% y la inversión un 24%. Es probable que el PIB de China se haya reducido entre un 10% y un 20% respecto a los dos primeros meses del año anterior. Las medidas económicas anunciadas por los Gobiernos occidentales implican unas inyecciones de liquidez superiores a las de la crisis de 2008, esa que hasta ahora denominábamos “La Gran Recesión”. Qué ingenuos somos. La Gran Recesión siempre será la próxima.

Los datos científicos no hacen más que empeorar las cosas. Una investigación del Imperial College de Londres —la ciencia británica sigue en buena forma pese a sus gestores políticos— calcula que el coronavirus matará a medio millón de británicos y a dos millones de estadounidenses si se le deja fluir libremente. Ese libre flujo del virus fue la idea inicial del primer ministro británico, Boris Johnson, que por fortuna está reculando en los últimos días, como también lo está Donald Trump. La ciencia ha obligado a estos dirigentes a adoptar unas medidas tímidas de aislamiento que podrían recortar la mortalidad a la mitad, y también ha dejado claro que son insuficientes. El mundo entero se mueve hacia el tipo de restricciones que hemos adoptado en Italia y España. Los PIGS tenemos razón por una vez.

No sabemos cuánto tiempo vamos a estar enclaustrados, pero desde luego no van a ser dos semanas, ni seguramente dos meses. Esto va para largo, y de momento no hay razones para el optimismo.

* LA CIENCIA DE LA SEMANA es un espacio en el que Javier Sampedro analiza la actualidad científica. Suscríbete a la newsletter de Materia y lo recibirás cada sábado en tu correo, junto con una selección de nuestras mejores noticias de la semana.