La primera línea de batalla contra el coronavirus: «Viví el 11-M y esto es similar… enfermería de guerra»

Aunque la mayor parte del tiempo lleven puesta una coraza para proteger a los demás, los héroes también lloran. A Sergio Viñas se le entrecorta la voz al otro lado del teléfono. ‘El bicho’ le ha dado un respiro: su padre acaba de recibir el alta tras estar siete días ingresado por coronavirus en el Hospital del Tajo. Ese centro de Aranjuez es el mismo en el que él trabaja sin descanso como enfermero voluntario y donde su madre tuvo que estar dos días en observación.

“A mis padres les traje al hospital y les hice la primera atención yo. Luego preferí que fuesen otros compañeros los que llevasen sus casos, porque hay veces que el componente familiar te hace ver las cosas de distinta forma, y no es lo mismo ver a tu madre o a tu padre en una cama que a una persona a la que no conoces”.

Sergio tiene 43 años y lleva trabajando como enfermero prácticamente la mitad de su vida. Los tres últimos los ha pasado liberado por el sindicato CSIT Unión Profesional. En cuanto estalló la pandemia, pidió volver a primera línea de batalla: está en la Unidad de Urgencias del hospital ribereño.

La situación con la que se ha encontrado le ha hecho revivir uno de los momentos más complicados de su carrera: “Por desgracia viví el atentado del 11-M trabajando en la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital 12 de Octubre y al principio ha sido una sensación muy similar: de enfermería de batalla, como si estuviéramos en una guerra. Aquello fue muy duro, pero muy limitado en el tiempo. Con esto llevamos ya un mes y pico y lo que nos queda”.

Una de las cosas más duras para los sanitarios está siendo ver cómo los pacientes no pueden pasar estos momentos con sus familiares, sin su cariño, sin su contacto físico. A Sergio se le hace un nudo en la garganta: “Estamos acostumbrados a ver la vida y la muerte, pero no a ver cómo la gente fallece y no se puede hacer nada por ellos. Es difícil. Es difícil, la verdad”.

En el Hospital del Tajo se han marcado como objetivo luchar contra la deshumanización que el Covid-19 ha traído consigo. Han conseguido que la dirección del hospital dé algunas tablets a los pacientes para que puedan hacer videollamadas y así ver a sus familiares. Esta iniciativa está sirviendo sobre todo para ayudar a los más ancianos, que son los que peor se llevan con la tecnología.

“La idea fue de una compañera enfermera y de la supervisora de la Unidad de Urgencias. Habíamos visto que en otros centros ya se estaba haciendo y la supervisora fue quien lo gestionó con la dirección”, explica el enfermero. Sergio recuerda que una vez el paciente acude a Urgencias, se acabaron las visitas.

Con esta “humanización de los cuidados” están consiguiendo pequeños milagros. “En los casos en los que hemos hecho las videollamadas hemos visto que hay cierta mejoría en los pacientes”. El contacto virtual con ellos reduce sus niveles de estrés y ansiedad. “No les cura, pero sí hace que ellos también se relajen, que estén más tranquilos”, añade Sergio. “Con esto se emocionan ellos, pero también nos emocionamos nosotros”.

Las videollamadas no son lo único que han puesto en marcha para que los enfermos se sientan menos solos. Todos los días, a las 12.00 de la mañana y a las 20.00 de la tarde, mandan mensajes de apoyo a las habitaciones a través de los interfonos con el himno de esta lucha puesto de fondo: Resistiré. Mientras suena la canción, los trabajadores interpretan un baile para subirles el ánimo. “Muchos de los pacientes nos dan palmas aunque estén malitos. Incluso algunos intentan bailar”.

Las triquiñuelas que han ideado para animarse unos a otros no tienen límites. Ahora que están trasladando a algunos de sus pacientes al hospital de campaña de Ifema, han aprovechado para meter notas de ánimo dirigidas a sus colegas sanitarios del recinto ferial junto a la medicación de los enfermos. “No sabemos quiénes son, pero les pusimos: ‘Mucho ánimo. Os damos pastillas que curan el alma. Un abrazo muy fuerte desde el Tajo”.

También han inventado un ritual. Todas las mañanas, en el pijama de papel que utilizan en el hospital, se escriben su nombre en el dorso y en la espalda su apellido. También un ‘1’ para recordarse que son los “number oney que pueden con todo esto. Y no solo el equipo de Urgencias, sino todos los sanitarios, especialmente “los de las Unidades de Cuidados Intensivos, que están trabajando como bestias, y las Unidades de Hospitalización, sin olvidar las residencias de nuestros mayores”.

Pese a todas estas estrategias para mantenerse fuertes, la realidad les vuelve a golpear duro todos los días. La saturación de los hospitales, la escasez de material, las jornadas interminables de trabajo… “Necesitamos que se nos den Equipos de Protección Individual (EPI) en condiciones, que tengamos las medidas de protección para nosotros, para nuestros pacientes y para nuestras familias. Y que lleguen de una vez por todas a los hospitales”.

Más a largo plazo, para cuando la emergencia sanitaria se diluya, su petición es otra: “Que las administraciones dejen de maltratar a la sanidad pública”, porque hay “cosas en las que no se puede escatimar”. “Creo que esto va a ser un antes y un después”.