El masaje infantil, una práctica con multitud de beneficios físicos y emocionales

Son de sobra conocidos los numerosos efectos positivos que un buen masaje reporta al cuerpo: relajación de los músculos, alivio del dolor, mejora del sistema linfático, favorecimiento de la circulación, reducción de las migrañas… Sin embargo, a menudo no se repara en los notables beneficios que esta práctica genera también a nivel mental.

En este sentido, se encuentran la reducción del estrés, al liberarse los puntos de presión de todo el cuerpo; o la mejora del estado de ánimo, al estimularse la serotonina y la dopamina. Pero además, destacan la generación y el fortalecimiento de vínculos afectivos y emocionales de la familia y, en el caso de los más pequeños, el refuerzo de la interacción entre el bebé o niño y el adulto, la reducción del llanto y su gran influencia en que este se relaje y duerma mejor.

En el caso de los pequeños, uno de los primeros aspectos que hay que tener en cuenta antes de comenzar es el ambiente, que debe ser conocido para él, y en el que se ha de cuidar la temperatura y la luz. Utilizar aromas como la lavanda o cremas relajantes también puede ser de mucha utilidad.

Otro punto clave es el control de la fuerza de las manos. La suavidad y la delicadeza es fundamental, así como tenerlas calientes, limpias y secas, y evitar llevar anillos, pulseras o relojes. Igualmente conveniente es tomárselo con calma.

Es una oportunidad ideal para disfrutar de un momento de confianza y complicidad con el pequeño durante el tiempo que sea necesario, aunque con 20 minutos por sesión es suficiente.

En el caso de los bebés, a la hora de empezar el masaje se ha de dar de dentro hacia fuera con presión firme y constante, moderándola según las zonas, y a un ritmo lento. Se puede empezar por el pecho y pasar después a brazos y manos masajeando con cuidado cada dedo. Luego se bajaría al estómago, donde es recomendable llevar a cabo un masaje circular en el sentido de las agujas del reloj, algo muy beneficioso para aliviar los cólicos.

Por último, se masajearían las piernas de arriba abajo, hasta llegar a los pies. Si el bebé es más mayor se le puede dar la vuelta y tratarle también la espalda, así como la cara de manera leve, siempre que no le moleste.

En cuanto a los niños, se puede comenzar por la espalda, deslizando las manos de forma rítmica y lenta por esa zona y utilizando las yemas de los dedos para dibujar círculos sobre la piel, consiguiendo así un efecto más relajante, pero con sensaciones más dirigidas. Posteriormente, es recomendable emplear el dorso para golpear suavemente la espalda, comenzando por arriba y descendiendo poco a poco.

Los nudillos también pueden entrar en juego en esta práctica. Así, se pueden usar para favorecer la elasticidad de la piel y la relajación de la musculatura. Coloca tus puños en la zona media, a ambos lados de la columna vertebral, y cuando subas uno, haz bajar el otro de forma alterna.

Por último, cabe destacar que las ondas con las manos conllevan un efecto analgésico y mejoran la circulación sanguínea y linfática. Para realizarlas, las debes colocar desde la muñeca hacia los dedos, haciendo olas, desde la parte baja de la espalda hacia arriba.

Una técnica, en suma, muy útil y beneficiosa para mejorar el estado físico y anímico durante estos días, así como para fortalecer los lazos entre padres e hijos.

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