Rafael San Román, psicólogo: «Estar confinados en pareja no es una condena a convertirnos en siameses»

Algunos ya vivían juntos y otros habrán decidido confinarse en amor y compañía tras el decreto del estado de alarma. De una forma u otra, las parejas han sufrido estas semanas un cambio radical y no buscado sino forzado en sus rutinas, que podría afectar a la relación (ojo, no siempre para mal).

Rafael San Román, psicólogo de ifeel – app que ha abiertos estos días de cuarentena su plataforma de forma gratuita a cualquier usuario que demande atención psicológica- nos aporta algunas claves para hacer el confinamiento en pareja lo más llevadero posible, sin caer en dramatismos innecesarios.

¿Hay que hacer algo especial para que esta situación no haga mella en la pareja?

Depende del tipo de relación que se tenga y de las necesidades de cada uno de sus miembros, ya que no tiene por qué coincidir que los dos vayan al mismo ritmo. Lo que deberíamos tener claro es que uno no entra en una situación de confinamiento de repente, sino que cada persona se va adaptando poco a poco y encontrando su manera de vivirlo. Requiere un tiempo el que se vayan revelando las necesidades de cada uno, ya que éstas no van a emerger el primer día que estamos juntos. También hay que permitirse ver la parte positiva de todo esto, dentro de que no es la situación deseada por ninguno también podemos abrirnos a descubrir nuevos matices en la comunicación y vínculos con la pareja. No hay que dar por hecho que esta es una situación difícil. Puede ser, sobre todo, una situación peculiar o diferente pero no hay que dejarse contagiar por el discurso oficial de que todo tiene que ser muy duro ni que el confinamiento con tu pareja puede ser horrible. Y además, debemos entender que la situación no va a progresar linealmente sino que tendrá idas y venidas, como ya ocurría antes de la cuarentena.

¿Cómo debemos plantear a la pareja que necesitamos espacio para la intimidad y para socializar con otras personas?

Esto es algo que ya había que hacer antes del confinamiento. Tener un espacio propio, tanto si vivíamos juntos como si no. Lo que ha variado es la intensidad con que tenemos que cuidar eso y esto pasa por un nivel de comunicación lo suficientemente eficaz en la pareja. Hay más desafíos para conseguir esa eficacia pero no es imposible porque normalmente para las parejas, si se llevan bien y tienen un grado de madurez, esto de forma intuitiva se va resolviendo. Eso mismo que hacíamos antes hay que seguir haciéndolo ahora pero con más mimo. Y eso pasa por decirlo abiertamente y por no ser agresivos ni suspicaces con el otro. Debemos entender que tenemos que pasar tiempo de calidad, tanto si estamos juntos como separados, y que estar confinados juntos no es una condena a convertirnos en siameses ya seamos pareja, padre e hijo o compañeros de piso. Es importante decir claramente qué necesita cada uno, saber escuchar al otro y anticiparse. Vale más pecar un poco de exagerado en cuidar el espacio del otro que dar por hecho que nuestra pareja nos tiene que hacer partícipe de todas sus videoconferencias con amigos.

¿Es posible llegar a aburrirse de la pareja pasando tantas horas juntos?

Te tienes que aburrir, te tienes que cansar de tu pareja e, incluso, de ti mismo en la situación actual. No hay que pretender que el confinamiento sea una cosa que no puede ser a pesar del bombardeo de las redes sociales y de la televisión para que esto sea un ‘festival histérico de la creatividad’. Este mensaje puede ser muy bonito pero es mentira porque es irrealizable como tal, lo cual no quiere decir que nos abandonemos al ‘chandal’ interior y exterior. Antes también nos aburríamos, nos cansábamos de nuestra pareja, le veíamos defectos y viceversa. El confinamiento es muy largo y da para todo, sea bueno o malo.

Si trabajamos puede ser una buena idea mantener un horario de trabajo lo suficientemente ordenado para que luego podamos dedicarle a nuestra pareja un tiempo de calidad. Y nunca pretender ser confinados las personas que no somos, es decir, si te han despedido, has estado en enfermo o se ha muerto alguna persona conocida o familiar tu pareja va a ver caras de ti que no le van a gustar y no pasa nada.

¿Cómo seguir sorprendiendo a la pareja cuando no se pueden hacer planes fuera de casa?

Aquí hay que combinar el no pretender imposibles con mantener lo mismo que hacíamos antes pero adaptado al confinamiento. Pensemos que antes tampoco nos íbamos de cena romántica cada día o de aperitivo. Vamos a reservar lo especial para días concretos, como los fines de semana. Si llenamos de momentos especiales cada minuto vamos a quemar el recurso enseguida. No hacer que una situación peculiar como el confinamiento se convierta en ortopédica. Si hemos decidido pasar este tiempo juntos, aunque antes viviéramos en casas separadas, ahora hay que apechugar, ser consecuentes y aprovechar este espacio para conocer a la otra persona, hablar mucho… es una oportunidad para descubrir al otro.

Si antes se reprochaba al otro que pasábamos poco tiempo juntos y ahora nos parece excesivo…

Pues no pasa nada: podemos cambiar de opinión, sentirnos decepcionados con nuestros deseos cuando se cumplen, descubrir que no era lo que imaginábamos o, al contrario, podíamos estar horrorizados con la posibilidad de estar confinados con la pareja y resulta que está siendo mucho más fácil de lo que creíamos. Pensemos que no es lo mismo ver un documental de dos horas de un viaje que hacer ese viaje durante seis días. El documental está editado y el viaje no. Pasa lo mismo en el confinamiento, tenemos que ver el metraje completo.

¿Este puede ser un buen momento para afrontar temas pendientes?

Desde luego no es un buen momento para mudarse o romper pero sí para que cada uno reflexione desde la calma y desde lo imperativo de no tener que decidir nada mañana mismo porque no se va a poder llevar a la práctica. Respecto a dar el paso a hablarlo, los temas peliagudos se caracterizan en que son peliagudos, precisamente, porque nunca es el momento para hablarlos. Antes de la cuarentena no sería el momento porque estábamos muy ocupados, ahora tampoco porque las cosas están como están y luego porque habrá que readaptarse… Al final todo son excusas. A no ser que afrontar abiertamente un tema ponga en riesgo una sana convivencia y genere una crisis que rompa, si la pareja es madura puede ser un buen momento para tratar ciertos temas.

Si uno de los miembros de la pareja se ha quedado sin trabajo, ¿cómo se le puede ayudar?

No hay que entrar en modo tragedia con frases como ‘qué mal’, ‘qué desgracia’, ‘en el peor momento’… sino dar un lugar a la esperanza y dejar una puerta abierta pero también ser empáticos, no taponar el malestar de la persona y dejarle espacio para que se lamente, se queje e incluso se victimice un poco. Permitir a la pareja que exprese su malestar y no deslegitimarlo ni quitarle importancia a la situación porque es muy grave quedarse sin trabajo. Es normal que esa persona se sienta frustrada, tenga miedo, esté preocupada, no sepa qué hacer… Hay que permitírselo sin aumentar el drama y luego, poco a poco, ir introduciendo de manera dosificada un lugar para un optimismo realista: sin dulcificar el futuro y ser conscientes de que cuando hay un momento así el ritmo económico de la pareja tendrá que cambiar.

¿Algún consejo para evitar las discusiones subidas de tono?

Habrá parejas que no sean de tener mucha bronca y que quizás en esta situación puedan tener un mal día y otras que de por sí tengan un estilo comunicativo algo tóxico y que ahora mantengan la misma dinámica. Esto no va a ser fácil de corregir, si ya les ocurría antes ahora va a ser peor, porque el nivel de estrés por la situación es más alto. Si la situación no es tóxica hay que tirar de buenas cualidades interpersonales como son observar al otro, ser capaz de detectar cuando el otro se está ‘calentando’… Vamos, pura inteligencia emocional. También saber cuándo hay que dejar de pincharle y mordernos la lengua. Hay que sacar a flote la bonita cualidad de la humildad para detectar cuándo algo se nos está yendo de las manos, reconocer que le hemos hablado mal al otro y pedir perdón. En definitiva, saber interrumpir a tiempo la discusión y si no ha sido posible, saber reconciliarse.