Pestaña, jefe de Críticos Quirúrgicos del Ramón y Cajal: «Hay cosas del coronavirus que no nos han contado»

El teléfono de David Pestaña, jefe de Anestesia y Cuidados Críticos Quirúrgicos del hospital Ramón y Cajal, no para de sonar: cinco llamadas en media hora. «Bienvenidos a mi vida desde hace 50 días», adelanta entre risas. El coronavirus ha puesto el mundo de todos patas arriba, pero el de los sanitarios bastante más. No hay sábados ni domingos. Desde hace casi dos meses, no conocen el descanso. ¿El objetivo? Ganarle el pulso al virus.

La batalla ya no está en las urgencias, ahora se libra en las UCI. ¿Qué problemas están teniendo?

Uno de los problemas que tenemos ahora es que no solo se trata de sacar adelante a los pacientes, sino que también necesitamos sacar información. Entender por qué van mal los que van mal, qué les diferencia de los que van bien. Tenemos que generar hipótesis y luego dar respuestas, todo esto mientras estamos saturados de trabajo y con cambios constantes, está siendo complicado.

¿Alguna hipótesis hasta ahora?

Empezamos a hacer estudios inmunológicos a los pacientes. Lo que aparentemente marca la diferencia entre la vida y la muerte es la respuesta que tiene del organismo. La falta de inmunidad.

¿La famosa tormenta de citoquinas?

Dicen que la tormenta de citoquinas mata a los pacientes… Bueno, es más complicado que esto. Las citoquinas no es que sean lejía que echas y se muere todo lo que hay alrededor.

¿Qué son exactamente?

Las citoquinas son moléculas que segregan unas células que tenemos en los pulmones y en otras partes del cuerpo y que son la primera línea de defensa cuando hay una señal de alerta porque hay una invasión por un germen. Pero estas sustancias tienen muchas funciones. Una de ellas es pedir ayuda a otras células, los famosos linfocitos, que son los que generan una respuesta inmunitaria secundaria, que se llama adquirida, en la cual ya van con anticuerpos y se van cargando de una forma más selectiva a los virus.

La primera respuesta suele ser ‘yo disparo a todo lo que se mueve’ mientras voy pidiendo ayuda más selectiva. Una disfunción en esta llamada es lo que pensamos que tiene que ver con la mala evolución de los pacientes.

Al final, es una fuerte bajada inmunológica.

Sí. Si hay una buena defensa, el organismo se defiende bien y mata al virus antes de que pase nada. Pero cuando hay una mala respuesta inmunitaria, eso no está pasando. No me atrevería a decir si es una hiperrespuesta, aunque en algunos casos creo que sí.

¿Qué ocurre en esos casos?

Algunos pacientes acaban desarrollando cuadros de fibrosis pulmonar. Es una agresión que genera que el pulmón se convierta en una estructura muy rígida muy difícil de ventilar. Esto es una fase más tardía y es probablemente condición de nuestro propio mecanismo de defensa. Ahí sí que nuestras propias células de defensa generan esa especie de lejía que se carga todo lo que tiene alrededor y puede generar fibrosis.

Pero al principio también hay problemas de falta de inmunidad. Si no nos defendemos bien del virus, el virus sigue atacando, las células siguen llamando por ayuda y cuando no llega la ayuda es cuando llegan las células que destruyen todo, que pueden acabar con el virus, pero también pueden acabar con el paciente.

¿Cuál es la situación actual de las UCI?

La batalla en las UCI ha cambiado. Antes era un tema de cantidad, ahora es un tema de calidad. Hemos llegado a tener 15 ingresos en un día, 12 al día siguiente 12, otro día 10… Imaginad lo que es eso. La cantidad de pacientes que ingresaban todos los días con criterios de insuficiencia respiratoria severa, que había que intubar… El temor era: ¿hasta dónde puede llegar esto? ¿Vamos a poder atenderlos a todos? Hubo que abrir zonas secundarias. En una semana o diez días pasamos de 34 camas de cuidados intensivos a 110.

¿Y ahora?

Ahora tenemos muchos menos pacientes, pero son peores. Son muy pocos los pacientes agudos que van entrando ahora. Los que tenemos son los pacientes que no hemos podido sacar antes, los que están más complejos o los que han salido de la unidad y que al cabo de unos días reingresan por complicaciones. Hay pacientes que no sabemos por qué estando bien y después hasta de cinco días en planta de repente empiezan a tener un cuadro de insuficiencia respiratoria muy rápidamente progresiva y tienen unos cuadros como de fibrosis pulmonar. Es lo que estamos estudiando ahora: por qué. Son muy pocos, pero están. Ahora son pacientes más complejos.

¿Ha habido cribado?

Cribado hay siempre, con Covid y sin Covid. Ahora bien, ¿ha habido que priorizar? En unos hospitales más que en otros. Se ha dicho que si los pacientes de más de 60, 65 años no entran. Es mentira. Aquí hemos sacado a un paciente de 78 años. ¿A lo mejor había pacientes que tenían criterios y no han llegado a bajar? Pues es posible. ¿Por qué? Por criterios de gravedad fundamentalmente, pacientes a los cuales no podíamos ofertarles más de lo que tenían. La UCI está para salvar vidas, no para intentar prolongar agonías de la gente.

Estamos acostumbrados a que esta sociedad es muy rica y esta Sanidad atiende todo, hacemos cosas incluso que a mi modo de entender no son éticas durante la práctica normal. Operamos a gente con unas patologías… Intentamos alargarles la vida, bien. Pero cuando hay una crisis, hay que priorizar. Siempre ha pasado.

¿Hay esperanza?

Has dado con una persona muy mala para preguntarle esto. Yo siempre veo esperanza, soy un optimista patológico, además es que ni esta enfermedad ni otra van a acabar conmigo. Es verdad que la información que nos ha llegado no ha sido la correcta. Yo creo que nos han ocultado datos, los chinos tardaron en decir las cosas, no nos han dicho la verdad respecto a la mortalidad. Hay muchas cosas que no se han contado.

¿Por ejemplo?

Al principio andábamos con una información muy negativa. No me malinterpretes, no es positivo lo que tenemos, es una enfermedad muy grave, pero nos decían que la mitad de los pacientes de la UVI se morían y eso no es cierto. Tampoco lo es que tengan que estar un mes. Hay pacientes que se mueren, hay pacientes que están un mes, pero no es lo habitual.

Afortunadamente, hay muchos pacientes que pueden salir antes de ese periodo. Se estimó que la estancia media en nuestra unidad fue de unos 9 o 10 días. Hay algunos que se van a 28, pero no tenemos esos datos tan negativos como los primeros casos reportados en China.

¿Cómo están los ánimos?

Los ánimos claramente están peor, sobre todo ahora que tenemos los peores pacientes. Cuando empiezas a enfrentarte al coletazo final estás cansado, harto de estar todo el día encerrado en casa y cuando sales de casa es para venir aquí a encerrarte con los pacientes. La gente está ya alterada. Aunque profesionalmente no puedo decir que haya bajado ni un átomo la entrega. Al revés, hay gente que ha mejorado mucho. Tuvimos que contratar enfermería no especializada en cuidados intensivos y esta gente ha aprendido. Desmoralizados no, hartos y cansados evidentemente sí estamos, pero es lo que nos ha tocado.