Un Ramadán sin precedentes

Madrid, 22 abr (EFE). (Imágenes: Juan Yagüe).- Nada impedirá cumplir con el ayuno y la oración. Pero con las mezquitas cerradas y las salidas limitadas por la pandemia del coronavirus, los dos millones de musulmanes en España se preparan para celebrar un Ramadán atípico y sin precedentes, que sí altera su esencia: la vida en comunidad.
 
Si hace unos días era la Semana Santa, ahora será otra gran celebración religiosa la que se verá afectada, aunque no suspendida, porque las restricciones impuestas por el estado de alarma no alterarán sustancialmente las prescripciones religiosas del mes de Ramadán, que está previsto que arranque este viernes.
 
Con todo, algo será diferente. Porque si algo caracteriza a este mes es la intensa vida social de los musulmanes, especialmente cuando se pone el sol y se rompe el ayuno. Las mezquitas se abarrotan por las noches y los fieles pasan los días con familia y amigos compartiendo suculentos banquetes, tras horas sin comer, beber, fumar ni tener relaciones sexuales. Desde el alba al ocaso.
 
«Piensa como si fuera un 24 de diciembre, ahora imagínate los cambios y aplícalos no a un día, sino a un mes», esa es la fotografía que dibuja a Efe Mohamed Ajana, secretario de la Comisión Islámica de España, que vivirá un Ramadán atípico, el primero de su historia sin su líder, Riay Tatary, fallecido por coronavirus.
 
Dicen los expertos que será «un Ramadán excepcional», sin precedentes en la historia del Islam porque si bien es cierto que a lo largo de los siglos ha habido pandemias, nadie podría imaginarse una situación así a nivel mundial. «No ha sucedido antes», cuentan. Porque en Ramadán se juntan aspectos religiosos individuales con otros colectivos, que serán los modificados por el COVID-19.
 
«Son ritos y hábitos que acompañan al ayuno, como estar con los amigos y hermanos, hacer el ‘iftar’, la oración del ‘tarawih’, frecuentar las mezquitas, son asuntos de carácter social», dice a Efe Sami el Mushtawi, jefe del departamento cultural del Centro Cultural Islámico de Madrid, popularmente Mezquita de la M30.
 
SIN ACTIVIDADES EN LAS MEZQUITAS
 
Cerradas desde hace semanas, algo inédito en la historia. Epicentros de la actividad religiosa comunitaria en Ramadán, especialmente para aquellos que están solos y buscan crear y fomentar lazos. «A ellos sí les va a afectar, el ayuno se alivia cuando estás al lado de los demás», añade.
 
Las mezquitas canalizan la ayuda para la comunidad, pero ahora toca reinventarse. «Se han cerrado mezquitas pero también se han abierto mezquitas en cada una de nuestras casas», asegura Amanda Figueras, del Foro Abraham para el Diálogo Interreligioso.
 
¿Qué cambia?. No habrá iftar, es decir, no se celebrará allí la comida colectiva que rompe el ayuno. Solo entre las dos grandes mezquitas de Madrid suelen repartir 1.000 raciones diarias.
 
Sin embargo, desde la Comisión Islámica barajan pedir permiso al Gobierno para que las mezquitas que ofrezcan este servicio abran dos horas para que los musulmanes puedan recoger los alimentos, como si fuera una salida a un supermercado, con medidas de protección.
 
Algo que descarta el Centro Cultural Islámico de Madrid, el más grande del país, que tiene sus almacenes repletos de dátiles -el fruto con el que se rompe simbólicamente el ayuno cada día- que llegaron antes de que estallara la pandemia para repartirlos por todo el país. «No queremos que la gente corra riesgo de contagiarse por ir a buscar una bolsa de comida» cuenta El Mushtawi.
 
VER EL CONFINAMIENTO COMO UN RETIRO ESPIRITUAL
 
En un plano más espiritual, tampoco se podrán celebrar allí el «tarawih», un rezo nocturno que incluye extensas recitaciones del Corán ni el «etekaf», jornadas intensivas de fe y contemplación que se celebran en los últimos diez días, precisamente confinados.
 
Pero ya de por sí recluidos en las casas, el contexto invita a profundizar espiritualmente. «Ramadán se vive en comunidad, pero no depende de la comunidad», afirma Hisham Muhammad, investigador y uno de los referentes de la comunidad musulmana en España.
 
Apunta a las ventajas de esta situación. «El ayuno es algo muy personal, un periodo de introspección, de reflexión, de conocerse a uno mejor y una situación de aislamiento puede ayudar, porque es como un ambiente de retiro», dice. Y si, además, no hay que desplazarse a trabajar, el ayuno se vivirá más tranquilo y sosegado.
 
Luego está la familia, que vertebra las celebraciones este mes. Si ya de por sí Ramadán las une, «la situación actual proporciona más tiempo para pasar juntos, para comunicarse de forma más cercana y aprender en conjunto» asegura.
 
RAMADÁN SALTA A LAS REDES SOCIALES
 
Ninguno vacila. «Lo importante es la salud y bienestar de todos los ciudadanos», explica Figueras y «como el resto de comunidades religiosas se hacen las adaptaciones que sean necesarias».
 
Y ahí entra la tecnología. La Comisión islámica pide a las mezquitas e imames imaginación para comunicarse por las redes sociales con los feligreses. La M30 o el propio Muhammad responden ya a las dudas habituales de los creyentes, que este año los expertos antojan que serán a granel. Las conferencias clásicas de Ramadán se harán online. Toca «virtualizarse», dicen.
 
El mensaje tiene que llegar. La solidaridad y la empatía son el eje del Ramadán, pero este año es crucial. Ramadan sirve de purificación espiritual y corporal. Se busca experimentar el hambre de otros, las penurias de los demás. «Con esta pandemia es aun más inevitable pensar en los que están mal», cuenta Muhammad.
 
La Comisión Islámica envió ya un escrito a la comunidad: «No olvide a las víctimas de esa enfermedad ni a sus familiares. Hay que reconfortarles, hay que aliviarles, hay que ayudarles». EFE
 
IMÁGENES: EXTERIORES DEL CENTRO CULTURAL ISLÁMICO DE MADRID, POPULARMENTE MEZQUITA DE LA M30 Y DE UNA TIENDA PRÓXIMA.
TOTALES DE AMANDA FIGUERAS, DEL FORO ABRAHAM PARA EL DIÁLOGO INTERRELIGIOSO, FACILITADAS POR ELLA.