Algunas poblaciones de insectos aumentan en las aguas dulces debido al cambio climático

Dos zapateros copulan en un remanso de un río en Picos de Europa. Estos insectos acuáticos de la familia ''Gerridae se encuentran con facilidad en los ríos y áreas húmedas.
Dos zapateros copulan en un remanso de un río en Picos de Europa. Estos insectos acuáticos de la familia »Gerridae se encuentran con facilidad en los ríos y áreas húmedas.Andoni Canela

El cambio global también causa el incremento de algunas poblaciones de especies. Un nuevo estudio, publicado este jueves en Science, revela un aumento de un 11% por década de la abundancia de insectos en las aguas dulces, que representan un 2,4% de la superficie total de la Tierra. Es un resultado que el propio autor, Roel van Klink, e investigador en el Centro Alemán de Investigación Integrativa de la Biodiversidad, ni siquiera suponía. “Está claro que el cambio climático causa más daños que ganancias, pero lo más importante es que los efectos dependen mucho de los lugares. Algunos insectos, incluso, salen beneficiados”, comenta.

El problema serio lo tienen las especies terrestres. Este meta-análisis, que recopilar datos de 166 estudios sobre 1.676 lugares del mundo y en particular de Europa y del norte de América, muestra un declive de las poblaciones de 0,92% por año, cifra menor de la esperada, pero no por eso menos inquietante.

Este estudio se añade al rompecabezas de la comunidad científica que intenta dibujar la sexta mayor extinción de la historia. El año pasado, unos investigadores demostraron que hasta un 40% de los insectos se extinguirán en las próximas décadas y otros publicaron en Nature que la biomasa sufriría un declive del 67% en tan solo diez años. Este año, un trabajo concluyó que el uso de la tierra podría matar entre el 25% y el 50% de los depredadores como las arañas y mariquitas. Y hace dos meses, la revista Biological Conversation publicaba en un manifiesto que, al menos, un millón de especies, la mitad de ellas insectos, se enfrentarán a la extinción.

El baile de las cifras

Todos los expertos consultados justifican la disparidad entre los resultados con la falta de recopilación de datos mundiales. Klink, el primero: “El declive masivo del que se hablaba no era real. Nosotros cogimos datos que, hasta ahora, nunca habían sido evaluados, pero hay muchos todavía que quedan ahí fuera y que hace falta analizar”.

Pedro Cardoso, del Laboratorio de Investigación Integrativa de la Biodiversidad de la Universidad de Helsinki y uno de los 20 autores del manifiesto, insiste en que no se puede obtener una cifra exacta. Para él, es necesario hacer más estudios que recopilen todas las causas posibles —calentamiento, transformación de paisajes, cultivos, contaminación—, ya que todavía faltan muchos datos esenciales. “Esta cifra pequeña que han encontrado no significa que sea mejor o peor de lo que ya sabíamos. Lo que pasa es que los otros estudios se basaban en lugares concretos y todo varía», justifica.

Ignasi Bartomeus, del Departamento de Ecología Integrativa en la Estación Biológica de Doñana (EBD-CSIC), insiste también en ello: “La variabilidad es tal que no tenemos ni idea de lo que están experimentado los insectos a escala mundial. Es esencial fijarse en el patrón global porque lo que sí está muy claro es que hay desequilibrios que nunca se han visto antes”.

Este estudio no demuestra una clara relación estadística entre el calentamiento del planeta y las poblaciones de insectos. Francisco Sanchéz-Bayo investigador del Colegio de Ciencias de la Vida y del Medio Ambiente de la Universidad de Sídney y autor de uno de los estudios anteriores, asevera que ese factor no es el único culpable de la desaparición de todas las especies terrestres. “Para saber y confirmar, es esencial hacer más estudios globales y realizar muestreos continuos durante varios años para obtener datos fiables y derivar tendencias a largo plazo”, propone.

Abundancia en agua dulce, ¿buena o mala noticia?

El autor del estudio y François Duchenne, entomólogo del Museo Nacional de Historia Natural de Francia que demostró que los insectos adelantan su vuelo por culpa del calentamiento, no se preocupan demasiado por una posible saturación del sistema acuático y ven el incremento como algo positivo. Klink asegura que además podrá beneficiar a la población de los peces, aunque que solo son especulaciones. Duchenne también toma las cosas con cautela. “En realidad, no sabemos mucho sobre las consecuencias de este aumento en el funcionamiento de los ecosistemas. Pero por una vez que un indicador de biomasa no disminuye, tiendo a verlo del lado bueno”, precisa. Dicho aumento puede deberse a la mejora de la calidad del agua de los ríos a la cual responden los insectos, al calentamiento global y al fomento de la producción de nutrientes, cuenta el estudio.

Sin embargo, la única explicación que puede dar en estos momentos Sánchez-Bayo, es que “unas pocas especies estén dominando el ecosistema acuático a costa de las pérdidas ocasionadas en otras especies. Lo que se sabe hasta ahora es que ha habido un relevo y que ahora hay insectos tolerantes a la contaminación química y a los cambios climáticos».

Además, la abundancia de biomasa no es sinónimo de buen estado. Oscar Soriano, experto en especies acuáticas del Museo Nacional de Ciencias Naturales, asegura que no es porque en las aguas dulces crezcan el número de insectos que es algo positivo, al contrario. «El agua puede sufrir una eutrofización, es decir, un enriquecimiento excesivo de nutrientes que asfixia a los peces por la pérdida de oxígeno. Es lo que pasó con el Mar Menor”, añade. En definitiva, el foco no está tanto en la cantidad, sino en la diversidad que se pierde continuamente.

Una diversidad llena de incógnitas

Hay 1.300.000 insectos clasificados y entre 10 y 30 millones aún pendientes por descubrir, según datos de Xavier Sitach, especialista en historia natural antigua de los insectos y colaborador del Museo de Zoología de Barcelona. Por lo tanto, es imposible prever qué pasará exactamente y cómo reaccionarán frente a los cambios. “En general, los animales logran adaptarse, unos mejores que otros, pero su plasticidad es muy limitada, como es el caso de los insectos”, alerta Klink. El cambio global y la actividad humana sobrepasa esos límites de adaptación y, aunque sean móviles, no todos son capaces de recorrer miles de kilómetros en busca de mejores condiciones cuando ya no puedan prosperar en su hábitat actual.

Duchenne explica que, pese a las migraciones y la extinción de algunas especies, es muy poco probable que zonas del planeta se queden totalmente desprovistas de insectos. “Sin embargo, a la larga, no es imposible. Y como cualquier grupo de especies, los insectos no son una excepción. Morirán algún día, al igual que los primates de los que somos parte”, concluye.

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