En busca de métodos para identificar el riesgo de los pacientes más allá de la edad

Uno de las preguntas fundamentales que se hacen los médicos cuando comienzan a tratar a un paciente con coronavirus es si pertenecerá a ese grupo que alrededor de una semana después de su ingreso en el hospital empeora y acaba en la UCI. Por un lado, tener esa información, permitiría organizar mejor los recursos y saber con antelación cuántos enfermos van a necesitar respiradores, por ejemplo. En segundo lugar, aunque aún no se cuenta con información fiable sobre qué fármacos funcionan, cuando se tengan esos datos, se podría dar tratamientos preventivos para evitar el empeoramiento de los pacientes de riesgo. Por último, identificar marcadores biológicos que predicen un pronóstico grave, puede será útil también para diseñar fármacos que ataquen a la causa de esos marcadores anómalos y eviten la progresión de la enfermedad.

En todo el mundo, médicos e investigadores buscan estos marcadores moleculares para ir más allá de factores como la edad o el diagnóstico de enfermedades previas como las cardiovasculares, que empeoran el pronóstico. En Madrid, en el Hospital Universitario San Carlos, trabajan para elaborar un sistema a partir de biomarcadores para clasificar a los pacientes según su pronóstico. El responsable de la Unidad de Enfermedades Infecciosas y de Medicina Interna, Vicente Estrada, explica que uno de los factores que se quieren controlar es la respuesta exagerada del sistema inmune de algunos pacientes, que trata de protegerlos, pero puede acabar provocándoles la muerte. En tiempos sin coronavirus, las muertes por esta respuesta descontrolada de las defensas del organismo, que se conoce como sepsis, se estiman, solo en España, en unas 17.000 al año.

Los biomarcadores pueden identificar pacientes para los que un tratamiento útil para algunos puede agravar su enfermedad

Uno de los marcadores que indican que un enfermo puede pasarlo mal es el dímero D. “Algunos estudios en China han mostrado que este marcador de exceso de coagulación sugiere un pronóstico peor que en los pacientes que lo tienen normal”, afirma Estrada. Este marcador se suele utilizar para descubrir coágulos en el organismo que no deberían existir o que no se disuelven bien y se ve elevado, por ejemplo, con las neumonías. “Otros biomarcadores —continúa— que predicen un mal pronóstico son la proteína C reactiva, la ferritina o la LHD, que también se pueden elevar con una meningitis”. Toda esta información, que se puede obtener a partir de simples análisis de sangre, sirve para ir más allá de la edad o algunas patologías cuando se evalúa el riesgo de un paciente recién ingresado.

Adolfo García-Sastre, director del Instituto de Salud Global y Patógenos Emergentes vinculado al Hospital Monte Sinaí de Nueva York (EE UU), afirma que lo más interesante es “buscar factores de riesgo en grupos que en principio no se consideran de riesgo”. Después, el esfuerzo también se dirige a relacionar esos marcadores con los tratamientos. “Un marcador te puede decir qué paciente puede tener peor pronóstico, pero no te dice de momento qué tratamiento específico te va a ayudar a resolver ese problema que te sugiere el marcador”, indica. “Buscar dianas para terapias va a ser más difícil, pero es factible, buscando factores que determinan que la enfermedad va a ser más grave, podemos tratar de inhibir esos factores [en el paciente] sin dar lugar a efectos secundarios”, explica.

La información que generan los biomarcadores se está utilizando ya en la búsqueda de fármacos para paliar los efectos de la covid-19. Uno de los ejemplos más claros son los que ayudan a predecir el exceso en la respuesta inmune del organismo tan peligroso para algunos infectados con el nuevo coronavirus. Un exceso de producción de interleuquina-6, una citoquina que en condiciones normales ayuda a combatir las infecciones, puede provocar la muerte, y ya se están utilizando fármacos como el tocilizumab, que se emplea para controlar la inflamación de la artritis reumatoide regulando la interleuquina-6, para inhibir esta respuesta exagerada del sistema inmune.

En general, se trataría de identificar biomarcadores tempranos para predecir qué tipo de complicaciones se van a producir en los días posteriores y buscar dianas terapéuticas para detener ese proceso antes de que se agrave. Por ahora, uno de los problemas principales en la lucha contra la covid-19 es que no hay una gran cantidad de información científica sobre qué tratamientos de los que se están dando a los enfermos tiene mejores efectos que no darles ningún fármaco o incluso si, como se ha observado con la cloroquina y los problemas cardiacos que genera, puede causar complicaciones para algunos pacientes. En estos casos, los biomarcadores para clasificar mejor a los enfermos también ayudaría a identificar qué fármacos que pueden ser útiles para algunos se convertirían en un peligro para otros.

En un entorno de tanta incertidumbre, los enfoques para buscar soluciones son múltiples. Uno de los estudios más recientes para buscar la información que se busca para clasificar a los enfermos es INMUGEN, coordinado por la investigadora del CSIC Anna Planas, del Instituto de Investigaciones Biomédicas de Barcelona. Este proyecto quiere observar los genes de inmunidad innata de pacientes que sufren una enfermedad grave y otros que la tienen leve en busca de diferencias que ayude a clasificarlos. Como en los casos anteriores, además de identificar a quienes van a pasarlo peor, puede dar información sobre dianas moleculares para desarrollar nuevos fármacos que, no obstante, es difícil que se desarrollen para esta primera fase de la pandemia.

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