Pangolín o conspiración

Un hombre sostiene un pangolín a las afueras de Hanoi.
Un hombre sostiene un pangolín a las afueras de Hanoi.Nguyen Huy Kham / Reuters

Malos tiempos para ser un pangolín. Es cierto que estos extravagantes mamíferos escamosos se pasan todo el día durmiendo enroscados como un caracol, lo que habría merecido la reprobación de Stajánov, el líder minero soviético que iba a trabajar incluso con cuarenta de fiebre. Hoy le habría detenido la policía. El pangolín, justo es reconocerlo, se despierta por la noche para zampar hormigas con su lengua pegajosa, pero el caso es que es más feo que Picio, escamoso e impertinente, y con esas credenciales no resulta fácil empatizar con él. En un sentido estético, el pangolín es un fracaso de la biología. Y sin embargo es la mejor alternativa que tenemos a las teorías conspiranoicas sobre el origen del coronavirus.

Esas teorías son ineludibles cada vez que surge una pandemia. Las pestes se atribuían antiguamente a los dioses o los demonios, que no eran tan fáciles de distinguir. Hace ya cuarenta años que los conspiranoicos dictaminaron que el virus del sida era un diseño de laboratorio, y la misma idea cargante ha resurgido como el Fénix cada vez que hemos conocido un nuevo virus. La teoría se ha revelado desacertada todas y cada una de las veces que se ha propuesto. La manipulación genética deja unas huellas manifiestas para cualquier genetista. Si alguien lograra ocultarlas merecería un premio Nobel. Pero eso no quiere decir que el riesgo de que se escape un virus no exista. Existe, y se han dado casos.

El SARS de 2002, que mató a 800 personas en el mundo, se escapó dos años después de un laboratorio de Pekín, sin consecuencias graves. Lo mismo ocurrió con la fiebre aftosa del ganado en 2007, y los laboratorios norteamericanos de alta seguridad enviaron muestras de ántrax, gripe aviar y ébola a otras instalaciones desautorizadas para manejar esas pestes. En el mundo solo hay 70 laboratorios de alta seguridad biológica en 30 países, incluida España. Para delicia de los conspiranoicos, uno de los dos que tiene China está en Wuhan, el foco de la pandemia de covid-19. Pero el genoma del virus es un libro abierto, y no tiene una sola página que apunte a un origen biotecnológico. Todo el libro apunta al pangolín.

En algunos mercados chinos se pueden ver pangolines vivos, cuya coexistencia con los clientes conforma un viaducto verosímil de contagio, por no hablar de los miles de médicos del país que recetan sus escamas

Los pangolines (folidotos, o “cubiertos de escamas”, en la jerga) comprenden ocho especies que viven en las latitudes tropicales de África y Asia, todas igual de feas, ya les advierto. Su carne es muy apreciada en algunos lugares de China, aunque se sirve de forma ilegal, y sus escamas son un remedio popular de la medicina china tradicional para mejorar la circulación, por lo que el pangolín es el mamífero silvestre con el que más se trafica en el mundo, sobre todo de África a China. En algunos mercados chinos se pueden ver pangolines vivos, cuya coexistencia con los clientes conforma un viaducto verosímil de contagio, por no hablar de los miles de médicos del país que recetan sus escamas. Ya se lo dije: pangolín o conspiración.

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