La Covid-19 acelera la telemedicina: «Va a ser tendencia, ahora que cada brote puede convertirse en pandemia»

Una vez superado el riesgo de colapso sanitario y aplanada la curva de muertes y contagios -confirmados-, el nuevo coronavirus SARS-CoV-2, causante de la Covid-19, obliga a la humanidad a seguir viviendo en un mundo que ha cambiado. Mientras los expertos no cesan de advertir de que el riesgo de rebrotes es real, los ciudadanos se adentran en la ‘nueva normalidad’ con la máxima precaución para evitar las nuevas olas de contagios auguradas para otoño. Además de las medidas de higiene y de protección recomendadas por las autoridades, las aplicaciones móviles y los gadgets de salud se convierten en una herramienta más de monitorización y control de la pandemia.

La saturación del Sistema de Salud Pública ha obligado a monitorizar a muchos pacientes (Covid-19 y de otras patologías) a distancia. «La pandemia ha acelerado la adopción de soluciones de telemedicina, especialmente en el seguimiento«, afirma el influyente doctor Julio Mayol, director de Innovación del Hospital Clínico San Carlos de Madrid.

Del mismo modo opina la doctora Ester Márquez, del Hospital de Vall’Hebron, donde han adaptado una aplicación móvil empleada en la unidad de ictus para realizar seguimiento a pacientes Covid-19 que reciben el alta: «Hemos tenido que ingeniárnoslas para controlar a los pacientes a distancia. Gracias a la app ‘farmalarm’ hemos visto que los pacientes están tranquilos después de recibir el alta al saber que mantienen un contacto continuo con el personal médico». El objetivo, describe esta residente de quinto año del Servicio de Enfermedades Infecciosas (a la que ya le ha salido trabajo cuando acabe el MIR), es «disminuir el número de consultas a la atención primaria o a urgencias y detectar de forma precoz aquellos pacientes que presenten un empeoramiento«.

«Todo lo que sea seguimiento telemático de pacientes va a ser tendencia de cara al futuro, especialmente ahora que cualquier brote se puede convertir en pandemia por la movilidad de la gente«, apunta Márquez, convencida de que la tecnología móvil «es un recurso que no estábamos explotando como deberíamos y de esto nos hemos dado cuenta con la pandemia».

En este sentido, el doctor Mayol destaca que la telemedicina ya está presente en España desde hace tiempo y cita algunos ejemplos del hospital público donde trabaja. En la sección de reumatología se emplea para el control de pacientes inmunodeprimidos: «Permite la monitorización y evita desplazamientos a consultas de recepción de resultados«. También en farmacia o en cardiología, donde permite controlar los dispositivos que llevan implantados los pacientes de forma «más minuciosa y exacta».

En España han surgido diversas aplicaciones móviles durante los dos últimos meses, tanto a nivel estatal como autonómico, cuyas principales utilidades son, según explica la directora del máster en Salud Digital de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), Carme Carrion, ayudar en la vigilancia y la atención temprana con un «autodiagnóstico a partir de los síntomas (del principio, porque han ido ampliando)» y, en caso necesario, «desde algún departamento de Salud te contactan», lo cual se descarga el sistema. Además, sirven para elaborar mapas de calor: «el usuario puede ver la incidencia de la epidemia en su zona», lo cual, añade, «ayuda a incrementar la percepción de riesgo a nivel individual«.

Sin embargo, estas applicaciones requieren adherencia por parte de los usuarios: que las tengan descargadas en sus móviles, que las quieran utilizar y que hagan un uso correcto de las mismas. Al final, «el porcentaje de población que quiere usarlas y lo hace bien es pequeño«, advierte Carrion.

Estas aplicaciones presentan un «conflicto entre salud, seguridad y privacidad. Es difícil pensar que esto va a persistir una vez pase el estado de alarma. Los ciudadanos tienen miedo y no desean ser controlados», agrega Mayol.

¿Se imagina una ciudad inteligente en la que las cámaras de seguridad midan también la temperatura de sus viandantes o que su móvil se convierta en un salvoconducto que le permita coger un tren, comprar en una tienda o ver una película en el cine? Esta tecnología se emplea ya en Wuhan, ciudad china origen de esta pandemia, en su ‘nueva normalidad’ post Covid. Pero ‘Spain is different’. «Eso no se va a implantar en España», asegura Carrion, que cuestiona también la fiabilidad de las cámaras térmicas.

«China es comunista y la gente obedece. Allí la privacidad no es un problema. ¿Cómo se adapta eso a una cultura en la que la libertad individual está por encima de los controles? Es difícil de asimilar», coincide Mayol.

¿Se imagina que su médico le ‘receta’ llevar una pulsera que le avise si tiene fiebre o de alteraciones patológicas en su saturación de oxígeno y frecuencia cardíaca? Esta tecnología ya existe y es obra de una startup española que en 2019 recibió el premio al mejor producto del mundo en la categoría de seguridad infantil en la feria alemana Kind Und Jugend. Se trata de la pulsera Liip Smart Monitor, creada inicialmente para monitorizar en tiempo real las constantes vitales de los bebés, pero que «en tres meses» estará adaptada para adultos, asegura el bioquímico y cofundador de la empresa, David Güémez.

El médico de Atención Primaria en Madrid Javier Padilla, autor del libro ¿A quién vamos a dejar morir? (Capitán Swing), considera que este tipo de wearables tienen más potencial como herramienta de monitorización que de detección precoz, capacidad esta última que ve limitada en el campo de la Covid-19 «porque no tenemos claro los signos precoces de la enfermedad» y porque el dato que arroja la tecnología sigue requiriendo el criterio profesional para discernir entre lo que es clínicamentre relevante o no.

En cambio, opina que para realizar seguimiento a los pacientes «tienen sin duda potencialidad».

En cambio, en cuanto a la detección precoz y el rastreo de contactos, tanto Padilla como Carrion apuestan por tecnología bluetooth, con geolocalización voluntaria y, añade Padilla, de titularidad pública «para evitar la mercantilización de los datos, dado que los datos de salud son un bien mercantil de primera orden actualmente».