Higiene dental en niños: qué pasta utilizar, cuándo empezar a usar el hilo…

Desde que aparece el primero, aunque sea de leche y todavía no coman sólido, es necesario cuidar los dientes de los niños. Las bacterias responsables de las caries, principalmente la Streptococcus mutans, están presentes en la boca desde siempre, por lo que pueden provocarla si no tomamos las precauciones adecuadas. A grandes rasgos, la caries se previene evitando lo máximo posible el contacto de azúcares con los dientes y con una buena higiene adaptada a la edad del niño.

Los dentistas recomiendan cuidar los dientes del bebé incluso desde antes de que le salgan cuidando la salud dental propia. Y es que, las caries no sólo se crean en la boca de cada uno, sino que se pueden contagiar, y hay estudios que indican que los niños se colonizan por S. mutans sobre todo a través de sus madres. Por tanto, con una madre con una buena salud dental, habrá menos riesgo de caries en los niños. Además, para prevenir durante los primeros años se debe:

•Disminuir el consumo de alimentos azucarados, sobre todo de textura blanda.

•Evitar que el niño se quede dormido succionando el biberón.

•No mojar nunca el chupete en alimentos dulces, como azúcar, miel…

•No compartir utensilios con el niño como vasos o cucharas.

•Lavar los dientes dos veces al día (una de ellas por la noche) desde que nace el primero, cuando aún es un bebé, con una gasa, dedil de silicona o, según vaya creciendo, con un cepillo de dientes adaptado a la edad del niño. La cantidad de pasta de dientes no deberá ser superior a un grano de arroz y esta deberá ser con 1000 ppm de ión flúor, que ayuda a proteger los dientes contra las caries.

•Hay que empezar a usar el hilo dental. Desde que salen las muelas de leche o que los dientes se conectan entre sí (más o menos a partir de los dos años), se recomienda la higiene con hilo dental una vez al día. Si el uso del hilo es difícil, se pude recurrir a otros utensilios que hacen la misma función, como cepillos especiales, varillas…

•Visitar al dentista con regularidad. Hacer revisiones periódicas desde que salen los primeros dientes sin esperar a que aparezca algún problema es la mejor forma de prevenir y atajarlos pronto si aparecen.

Siempre dependiendo del nivel de desarrollo y las capacidades del niño, a partir de los tres años, los niños ya pueden empezar a cepillarse solos, aunque bajo la supervisión y ayuda de sus padres, sobre todo porque suelen tener dificultades para realizar movimientos verticales con el cepillo. La cantidad adecuada de pasta de dientes a esta edad se será similar a la de un guisante y con una pasta con 1000-1450 ppm de flúor. Se debe evitar que ingieran la pasta de dientes. Una buena forma de hacerlo es evitar que beban agua después de cepillarse. Los niños a esta edad no deben usar enjuague bucal, ni siquiera el recomendado para niños, pues suelen tener dificultades para evitar no tragarlo. Menos aún si contiene flúor, pues puede ocasionarles fluorosis que les provoquen manchas en los dientes.

Siempre bajo supervisión -sobre todo para la higiene interdental-, los niños ya deberían poder cepillarse los dientes solos, con una pasta de 1450 o más ppm de ión flúor (las denominadas ‘junior). A partir de esta edad, siempre y cuando la pasta tenga las cantidades de flúor adecuadas, ya podrían usar una pasta de dientes para mayores. Aunque no son necesarios, también pueden empezar a usar enjuague bucal, siempre bajo a supervisión de un adulto para evitar que se lo traguen y especial para niños, pues los colutorios suelen llevar una gran cantidad de alcohol. Es importante también que, aunque usen todavía pastas de dientes infantiles, aprendan a escupirla y a no enjuagarse con agua después para conseguir un mayor efecto del flúor sobre el diente.

Los suplementos de flúor -tanto tópico como tomado- no son necesarios a no ser que el niño tenga un especial riesgo de padecer caries, y siempre deberán ser prescritos por un dentista. Estos casos son, entre otros, niños con ortodoncia fija, que tengan ya caries, alguna malformación, determinadas enfermedades o niños con alguna discapacidad que dificulte su higiene diaria.

A cualquier edad, el cepillo -ya sea eléctrico o manual- deberá adaptarse en cuanto a tamaño, dureza… y debe, como en le caso de los adultos, cambiarse cada 2 o 3 meses.