Una buena alimentación se construye desde la base

Llevar un estilo de vida saludable, hacer ejercicio y acompañarlo de una dieta sana y equilibrada es una meta que ocupa cada vez más el día a día de mucha gente. Y es que modificando pequeños hábitos cotidianos se puede llegar a conseguir un gran cambio que mejore nuestra calidad de vida.

Son muchos los factores que se suman para conseguir este objetivo, pero uno de los más básicos y fundamentales es la alimentación. La industrialización y el ritmo frenético cotidiano parece que nos obligan a comer mal y rápido, pero estos malos hábitos tienen solución gracias al enorme volumen de información nutricional que es fácilmente accesible a día de hoy.

No hace falta lanzarse de lleno a seguir dietas estrictas que no llevan a nada o vaciar toda la despensa y dedicarse a comprar alimentos milagrosos (y carísimos) que pocos cambios van a aportarnos en realidad. Lo más importante es saber qué hacemos y qué comemos, por qué y ser capaces de cambiar pequeños ‘vicios’ poco saludables. Y el primer paso en todo este proceso es empezar por la base: ¿cuáles son los macronutrientes que forman cualquier dieta?

Sí, los temidos carbohidratos. Realmente, tienen una mala fama que no les corresponde ya que nuestro cuerpo funciona, mayormente, gracias a ellos. Si sabemos cómo obtenerlos de manera adecuada, son una fuente de energía que se libera lentamente para alimentar nuestro cuerpo.

Según los informes de la FAO, se dividen en monosacáridos, disacáridos (conocidos como azúcares, su efecto energético es muy intenso pero más breve, por lo que provocan picos de insulina) y polisacáridos, siendo estos últimos los que se obtienen de los cereales o tubérculos y cuya liberación de energía es más lenta y prolongada en el tiempo.

Las famosas proteínas son muy necesarias para la reparación de los tejidos y su crecimiento y constituyen en mayor proporción los músculos y órganos, por eso son tan importantes en las dietas deportivas. Además, según la Organización Mundial de la Salud, este macronutriente es fundamental para el crecimiento y el desarrollo corporal, para la producción de enzimas metabólicas y digestivas y para constituir ciertas hormonas, como la insulina.

Pueden liberar energía, pero este no es su cometido principal. Si llevamos una dieta pobre en grasas y en carbohidratos, el cuerpo comenzará a quemar proteína para poder funcionar por lo que la regeneración celular será más deficiente.

Más temidas que comprendidas, las grasas son un macronutriente con importantes funciones dentro del metabolismo corporal. Los lípidos almacenados son una reserva de energía (para cuando falten carbohidratos)y los estructurales forman parte, como su nombre indica, de la estructura de las células. La OMS señala que las grasas no saturadas, así como los triglicéridos y el colesterol, en su justa medida, contribuyen al correcto funcionamiento de algunas hormonas, mientras que su exceso puede provocar enfermedades cardiovasculares.

Un dato importante: si consumimos más carbohidratos de los que quemamos, el exceso puede convertirse en grasa y acumularse como reserva de energía en el cuerpo, provocando un exceso de peso perjudicial para la salud.

Teniendo todos estos conocimientos asentados, ya podemos poco a poco comenzar a construir una dieta adecuada a nuestro gasto calórico y a nuestros objetivos que nos permita sentirnos más activos y más saludables.