Así es como afectan las mascarillas a nuestra piel

Afortunadamente existe ya un acuerdo sobre la importancia de utilizar mascarillas para prevenir la expansión del temido coronavirus. Su utilización, tan útil como necesaria, tiene repercusiones en nuestra piel.

Desde siempre, en épocas de epidemia, se ha utilizado todo tipo de barreras físicas para proteger a la población sana de lo que antes del descubrimiento de los microbios se llamaban los vapores mefíticos, que se suponía que trasmitían enfermedades. Consideraban los romanos, de modo más o menos empírico, que el aire y el mal olor, o sea la pestilencia, eran responsables del contagio. Y, más adelante, los médicos llevarían unas enormes narices postizas, confeccionadas de cartón o cuero y rellenas de flores secas, para filtrar el aire y evitar olores desagradables, lo que les confería un extraño aspecto de pájaros que hoy en día podemos ver en grabados de época.

Corría 1940 cuando, todavía, se ponía en el estrado a los jueces ingleses flores frescas para protegerlos de lo que se llamaba la peste de las cárceles, es decir el tifus.

Hoy en día disponemos de eficaces mascarillas que tienen una doble función. Por un lado evitamos que al estornudar o toser, las gotitas de saliva que transportan los virus, y en la pandemia que estamos viviendo, el temido Covid19, se esparzan, cayendo sobre las personas, las superficies o manteniéndose en suspensión en el aire, donde resultan más contagiosas. Por otro, evitamos parcialmente, y esto en las mascarillas con filtro, introducir en nuestra boca o nuestra nariz las gotículas al aspirar. Se trata de una barrera física asequible en uso y en precio, y que supone una ayuda importante para la protección.

Sin embargo, y como todo, tiene también sus inconvenientes. Psicológicamente producen cierto agobio y dificultan la respiración, un aspecto importante en personas con insuficiencias cardíacas o pulmonares. Y son bastante nocivas para la piel. En primer lugar, están hechas de materiales sintéticos y tienen un acabado rugoso, más o menos áspero, que cuando está en contacto largo tiempo con la piel puede llegar a irritarla. Estos materiales sintéticos de las mascarillas, con el calor de la epidermis, pueden liberar formaldehído o dihidrocianobutano, que producen sensibilidad y tendencia a la irritación. Estos componentes, en contacto con la piel acalorada y húmeda, llegan a producir dermatitis. Una inflamación más o menos importante y duradera que produce molestias estéticas y picor. Pero si el contacto es reiterado, y muy permanente, puede llegar a complicarse con otras patologías dermatológicas.

La piel, bajo una constante humedad y calor, tiene tendencia a pequeñas infecciones de hongos y bacterias como la folliculitis.

Estos casos son un poco extremos y se dan con más frecuencia entre el personal sanitario, que pasa muchas horas sin posibilidad de cambiarlas, moviéndose en el trabajo y recalentando más la piel. Muchas veces las mascarillas con filtro, al llevar una armadura más elaborada y tener en su composición mayor numero de productos químicos, pueden magnificar el problema, aunque la presencia del filtro deje circular mejor el aire en su interior.

Como pequeño pero importante consejo, hay que tener en cuenta que las mascarillas quirúrgicas, las más baratas y de uso más extendido, son útiles sobre todo para no contagiar a los demás. Al constituir una barrera física que impide la dispersión de las gotas de fluido cuando tosemos o estornudamos.

En cambio, las mascarillas que llevan filtro, tienen una capacidad mucho más elevada de autoprotección al filtrar el aire contaminado, el polvo o las partículas en una proporción entre el 78 al 98%, dependiendo de que sean MP1, MP2 ó MP3. Pero hay que tener cuidado porque el filtro evita mucho menos que las gotículas salgan disparadas y lleguen a los demás si quien la lleva es una persona enferma. Podríamos llamarlas mascarillas egoístas. Son buenas para no contagiarnos, pero al mismo tiempo es más fácil que nosotros contagiemos a los demás que llevando una simple mascarilla quirúrgica. Por ejemplo, en una familia con un miembro sospechoso de contagio, lo mejor es que la persona aislada lleve mascarilla quirúrgica y los demás mascarillas de filtro, si pueden tener acceso a ellas, porque son más protectoras.

Hay pues una distinción importante. Si tenemos el virus, debemos usar mascarilla quirúrgica para evitar contagiar, mientras que los demás deberían usar mascarillas FP para prevenir el contagio.

En cualquier caso, tenemos que proteger la piel de esa hostil combinación que supone primavera, estrés, contacto con materiales químicos potencialmente irritantes, y una sobre carga de calor y humedad.

Como tenemos que luchar contra la agresión química, nada mejor que buscar entre las plantas la ayuda para prevenir estos problemas. Son especialmente útiles los vegetales ricos en una substancia que se llaman mucílagos. Este tipo de moléculas naturales crean una capa de protección en la piel, haciendo lo que se llama un efecto de guante invisible. Plantas como la avena, la malva o la caléndula tienen esa propiedad al aplicarse sobre la piel, evitando la agresión de la mascarilla.

Los cosméticos que, además de incorporarlas, llevan aceites como la rosa mosqueta o el argan, ayudan más rápidamente a la recuperación de la piel.

Jerónimo Ors, Farmacéutico y Director de Laboratorios Paquita Ors.