Cómo deben afrontar el desconfinamiento los niños, paso a paso

El confinamiento ha alterado en gran medida la vida diaria de los menores y es normal que en algunos casos manifiesten reacciones emocionales como el miedo o la desconfianza. Por eso, una de las herramientas más importantes estas semanas ha sido establecer rutinas en casa para manejar y controlar esta situación.

«Se interrumpió su vida cotidiana al dejar de ir al colegio, en muchos casos sus padres han dejado de salir a trabajar, se han visto en la imposibilidad de ir a jugar al parque, posiblemente hayan escuchado comentarios o visto por la televisión noticias e incluso algunos hayan perdido algún familiar por causa del virus», destaca la guía elaborada por el Grupo de Urgencias, Emergencias y Catástrofes del Colegio Oficial de la Psicología de Madrid para abordar psicológicamente el desconfinamiento.

Las reacciones y la forma de manifestarlas pueden variar entre unos y otros, «pues el desarrollo evolutivo influye en cómo se experimentan las situaciones y en cómo ellos expresan sus emociones», indica la guía.

– El miedo: esta reacción emocional suele ser la mas frecuente al asimilar que el coronavirus es «como un monstruo». Para tratar de reducir esta sensación, una de las recomendaciones es desarrollar relatos o cuentos con ellos, «apoyados en la realidad en los que ese monstruo se acabe esfumando por el trabajo de nuestros profesionales y el apoyo y colaboración de los niños», explica la guía.

– La tristeza: estar lejos de sus familiares, profesores o amigos de la escuela puede generar esta sensación en los más pequeños. Por ello es aconsejable «explicarles que la tristeza aparece al añorar algo y si lloramos, no pasa nada, nos ayuda a sentirnos mejor, al mismo tiempo que recordar historias felices juntos, ayuda a sentirse mejor».

– El enfado: la sensación de injusticia por causas como las descritas anteriormente puede motivar el enfado en niños y niñas.

Una de las pautas que recoge la guía es normalizar la manifestación de estas emociones y ser flexibles, además de «enseñarles a gestionarlas adecuadamente». Si el menor muestra rechazo y no quiere salir a la calle es esencial «escucharle, ver qué teme y anticipar qué es lo que hará y verá durante la salida». Algunos consejos serían los siguientes:

Por otra parte, la comunicación es muy importante para la adaptación a esta nueva situación. «La vuelta de estas salidas puede ser un buen momento para comentar cómo se ha sentido, que nos pregunte dudas, que nos indique si ha experimentado algún malestar; y en ese caso, cómo puede manejarlo la próxima vez que ocurra».

Los padres deben ser capaces también de aportar calma y comprensión con su actitud a la hora de hablar sobre los temores e inquietudes de los menores. Además, «necesitan tener límites y rutinas que les confieran sensación de orden y control». Por último, es importante reforzar su autonomía en la práctica de tareas diarias y «es conveniente asignarles pequeñas responsabilidades acordes a su edad que serán ampliamente reforzadas y cuyo cumplimiento redundará en su autoconcepto y autoestima».