Por qué los gatos viven mal los cambios de rutina

Un gato en una calle vacía, en Lima (Perú).
Un gato en una calle vacía, en Lima (Perú).Paolo Aguilar / EFE

Vivir con humanos las 24 horas del día no es lo ideal para un gato, pero vivir sin ellos, tampoco. Un estudio reciente publicado en la revista PLOS ONE ha analizado el comportamiento de 233 gatos mientras están solos mediante la observación minuciosa de los dueños. Los resultados obtenidos sugieren que los felinos sufren una ansiedad por separación. El comportamiento destructor fue el más notable con un 67%, seguido de cerca por un incremento excesivo de maullidos y micciones. Además de eso, algunos demostraron una cierta apatía o depresión, agresividad o ansiedad. Esta variación del comportamiento del gato se asocia también a la cantidad de hembras que viven en la residencia, a la ausencia de juguetes y a la presencia de otros animales. Los investigadores reconocen, sin embargo, que hacen falta demostraciones más contundentes por no haber podido usar cámaras.

Pero, desde el inicio del estado de alarma, estos felinos, confinados con sus humanos, también han sufrido mucho estrés, según constata Susana García Pérez De Ayala, acreditada en medicina felina por la Asociación de Veterinarios Españoles Especialistas en Pequeños Animales (AVEPA) y coordinadora del Hospital Veterinario Moncan en Madrid. Los animales llegaban a su consulta con problemas de cistitis y obstrucciones urinarias. “Ha sido una alteración muy fuerte para ellos. Cualquier cambio de rutina para un gato tiene un efecto negativo. Antes del confinamiento estaban acostumbrados a una rutina y ahora ha habido, en algunos casos, un descenso importante de su territorio, de sus tiempos y zonas de descanso», explica la experta.

Es necesario respetar su naturaleza, su rutina y su espacio

En cualquier caso, el mito de que los gatos son distantes e independientes parece perder sus anclajes. De hecho, García considera que forman grupos sociales. Todo es cuestión de comportamiento: hay tímidos y extrovertidos. En función de su raza, de su personalidad y de su relación con el ser humano, o bien pasarán seis a ocho horas solos y serán los más felices, o bien empezarán a aburrirse, maullar y defecar en lugares inapropiados, entre otras cosas. Son las hipótesis que ofrece Aline Cristina, autora del estudio e investigadora en bienestar animal en el departamento de zoología de la Universidad Federal de Juiz de Fora en Brasil. “Es muy difícil confirmar nada porque el comportamiento del gato es muy complejo y tiene muchas variables”, añade.

García asegura que muy poca gente sabe de comportamiento felino debido a esa complejidad y tampoco está demostrado que vivan mal la separación. Para ella, lo importante es el enriquecimiento ambiental. Si el animal lleva mucho tiempo solo, se aburre y encuentra maneras de entretenerse. Por lo tanto, es necesario que cuando el cuidador vuelva a casa, le dedique un tiempo de juegos y atención. Al cambiar esa dinámica habitual, en un sentido u otro, el gato lo pasa mal: “Ahora con el confinamiento están más entretenidos y también más estresados porque les falta espacio. Pero luego, cuando ya estarán acostumbrados con esta nueva rutina, volveremos a salir y ahí estarán aburridos y por lo tanto, se volverán a estresar debido a la nueva situación”.

Además, el gato necesita marcar su territorio. García, por lo tanto, no descarta que pueda ser por su comportamiento natural que el animal orine dónde no parece conveniente. “Puede que sea un problema de ansiedad, pero también de marcaje. Si en ese sillón se ha sentado el marido de su cuidadora [el gato suele llevarse mejor con las mujeres], con quien mantiene un conflicto, irá a marcar ahí su territorio cuando se vaya”, comenta. Para ella, es importante estudiar la interacción que tiene el gato con todos los miembros de la familia para saber con quién considera el animal que comparte territorio y con quién no y poder sacar más conclusiones sobre la alteración de su comportamiento.

Cómo prevenir el deterioro de la relación

Los gatos adaptan su rutina a la del ser humano, pero siguen teniendo su funcionamiento natural y necesitan dormir en horas diurnas. La científica brasileña insiste en que es necesario respetar su naturaleza. Es importante que el gato tenga su espacio por si quiere aislarse, con o sin confinamiento. “El gato busca un sitio para comer y para descansar. Si hay muchas personas, quizás ocupen el espacio que le corresponde y eso le perjudica y es ahí cuando su comportamiento se altera”, añade García.

En caso de que la relación inicial con el animal ya sea conflictiva, es posible que la omnipresencia del cuidador o de gente la deteriore. Y del mismo modo, si ya es buena, puede ser aún mejor. “Lo que aconsejo ante todo es que la persona mejore su conocimiento, observe mucho a su gato para entender sus necesidades y mejorar sus condiciones. Al domesticarle, ya cambiamos su comportamiento pero hay que dejarle espacio, respetar sus horarios y aceptar su rutina”, concluye Cristina.

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