¿Tiene beneficios para la salud el azúcar de remolacha?

La remolacha pertenece a la familia de las Quenopodiáceas y es un alimento caracterizado por tener un sabor dulce al acumular en la raíz una gran cantidad de azúcares (sacarosa). Entre sus múltiples propiedades, la remolacha contiene agua en mayor proporción, «siendo un alimento de bajo contenido calórico, rico en azúcares complejos y fibra», tal y como señalan en el portal de nutrición Alimmenta formado por dietistas-nutricionistas.

Por otra parte, este alimento también contiene minerales como el potasio y en menor medida folatos, sodio y yodo. Además, es fuente de vitamina C y B3. Su color rosa característico se produce por «los pigmentos naturales denominados antocianidinas» que otorgan a la remolacha poder antioxidante.

Uno de los usos de la remolacha, al contener una gran cantidad de sacarosa, es la obtención de azúcar refinada. De hecho, esta sustancia proviene principalmente de la caña de azúcar y de la remolacha azucarera.

El azúcar de remolacha se extrae de la planta de remolacha azucarera, una variedad que, al igual que la caña de azúcar, es la más utilizada para producir azúcar en todo el mundo. «Es una planta de ciclo bianual. En el año de siembra forma un abundante aparato foliar y acumula sacarosa en la raíz principal, mientras que en el segundo año, tras la vernalización, emite las flores y fructifica», destaca el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación sobre este tipo de cultivo.

Seguramente consumes este tipo de azúcar de forma habitual, ya que es uno de los cultivos más extendidos en España para la producción de azúcar. Sus propiedades nutricionales son similares a las del azúcar de caña y no presentan grandes diferencias.

Por ello, se debe moderar el consumo de azúcar (tanto si proviene de la remolacha como de la caña de azúcar) para evitar problemas relacionados con la salud como el sobrepeso, diabetes, caries o enfermedades cardiovasculares.

De hecho, la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda reducir la ingesta diaria de azúcares libres, tanto añadidos como presentes de forma natural en los alimentos. La OMS señala en la guía de directrices sobre la ingesta de azúcares del año 2015 que este consumo se debe reducir en adultos y niños a menos del 10% diario para evitar efectos negativos en la salud. En el año 2020 está previsto actualizar esta guía.