Los patógenos que colonizarán el planeta

Mapa que muestra la distribución actual de las mayores concentraciones de patógenos. Los colores más rojizos muestran las zonas con más abundancia de estos.
Mapa que muestra la distribución actual de las mayores concentraciones de patógenos. Los colores más rojizos muestran las zonas con más abundancia de estos.Manuel Delgado Baquerizo

Un puñado de tierra contiene millones de microbios. Gran parte de ellos ayudan a fertilizar los suelos y al crecimiento de las plantas de las que nos alimentamos. Pero otros son capaces de arruinar cosechas enteras. Una nueva investigación ha dibujado el atlas de estos últimos, identificando los más perjudiciales, principalmente hongos, y los lugares del planeta donde son más abundantes. Grandes extensiones de Asia, África, Australia y América contienen una gran proporción de estos. Y no se van a quedar ahí. El calentamiento, en mayor medida, y la globalización amenazan con extender la abundancia de estos patógenos, causantes de importantes plagas, a áreas donde aún no son predominantes.

“El suelo es un gran reservorio de patógenos. Hemos detectado que, a mayor temperatura, mayor proporción de estos, por lo que el calentamiento global los expandirá. En un experimento que hemos realizado durante 10 años, hemos detectado que el aumento de entre uno o dos grados de temperatura es suficiente para aumentar la proporción de importantes patógenos que viven en nuestros suelos”, explica Manuel Delgado Baquerizo, autor principal del estudio, publicado en Nature Climate Change y responsable del laboratorio de Biodiversidad y Funcionamiento Ecosistémico de la Universidad Pablo de Olavide.

Estos patógenos, según explica Delgado Baquerizo, viven en el suelo y son oportunistas: se alimentan de las plantas y de las frutas. El transporte de estas en un mercado global y el movimiento de personas (“En Nueva Zelanda controlan la entrada de personas con zapatos manchados con tierra”, pone como ejemplo el investigador) causan la dispersión de las comunidades de microbios. El calentamiento global convierte esta transferencia en una plaga al generarse el entorno más favorable para su expansión.

Los patógenos más dominantes, según el atlas desarrollado por el doctor en Ciencias Ambientales, son los del género Alternaria, que ataca a la fruta y a las hojas; los Fusiarium, capaces de destruir plantaciones de bananos y trigales; Venturia, género con 58 especies (una de ellas es la causante de la sarna del manzano); y Phoma, que también ataca a las raíces.

“Es muy difícil luchar contra ellos”, advierte el investigador, quien comenta que, además de la utilización de componentes químicos, ya se están desarrollando comunidades microbianas con las que poder combatirlos.

Amenaza mundial

Las condiciones climáticas causadas por el calentamiento no favorecen su control y amenazan los sistemas de cultivo mundiales. “Tenemos que estar preparados para enfrentarnos a futuras crisis asociadas con el incremento de los patógenos de plantas, ya que esto podría limitar nuestra capacidad de producir comida bajo condiciones de cambio global”, advierte Delgado Baquerizo.

La investigación muestra que los impactos del calentamiento son particularmente evidentes en los suelos del hemisferio norte, hacia el ártico, así como en Sudáfrica. “Nuestros resultados indican que la proporción de patógenos que viven en nuestros suelos y afectan a nuestras plantas aumentará en la mayoría de las regiones del mundo, independientemente de los escenarios climáticos y de uso de la tierra considerados”, concluye el estudio, que analiza diferentes comportamientos del calentamiento global.

El atlas permite predecir mejor las regiones de la tierra que son y serán más vulnerables a plagas microbiológicas en un futuro cercano. “Es fundamental conocer cómo los microbios del suelo que controlan nuestra capacidad de producir alimentos responderán al cambio climático, sobre todo si queremos alimentar a la creciente población mundial”, insiste el investigador.

El estudio se ha fundamentado en la secuenciación de ADN de microorganismos obtenidos en un muestreo global de 235 localizaciones de la tierra de seis continentes y 18 países, desde zonas desérticas a bosques tropicales.

El propio estudio también advierte de las limitaciones actuales por la falta de estudios centrados en la medición de la infección o de la enfermedad de las plantas hospedadoras a escala global y de la influencia de factores microclimáticos. “La importancia de los impactos de los patógenos sobre las plantas hospedadoras puede diferir en los ecosistemas cálidos frente a los fríos, lo que podría limitar las implicaciones de nuestros resultados en los ecosistemas boreales y árticos”, añade también el estudio.

No obstante, estas limitaciones no reducen la capacidad del atlas para comprender la distribución y sensibilidad al cambio climático y de uso de la tierra de posibles patógenos de plantas fúngicas en un mundo más cálido y dominado por el hombre. También es importante el mapa para hacer mejores predicciones sobre cómo el cambio ambiental global en curso afectará su distribución e impacto en la producción de alimentos y los medios de vida humanos en todo el mundo.

En este sentido, un equipo del Instituto de Recursos Naturales y Agrobiología de Sevilla (IRNAS), centro del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), ha demostrado en un estudio de campo en el Parque Natural de Los Alcornocales, en Cádiz, que los patógenos exóticos que han invadido los suelos de espacios naturales, particularmente el oomiceto Phytophthora cinnamomi, son un relevante factor limitante de la regeneración del bosque mediterráneo. La investigación ha aparecido en la revista New Phytologist, según informa el CSIC en una nota.

Este patógeno de origen asiático destruye las raíces finas del árbol, impidiendo la absorción de agua y nutrientes, y causando su muerte. Los oomicetos son microorganismos con forma de crecimiento similar a los hongos, pero que constituyen un grupo aparte y no solo están involucrados en la mortalidad de árboles adultos, sino que reducen considerablemente la probabilidad de establecimiento natural de nuevas plántulas.

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