Todo lo que desconocemos del coronavirus, seis meses después

Hace casi seis meses desde que el pasado diciembre de 2019 llegaban desde Wuhan (China) las primeras informaciones sobre una neumonía de origen desconocido entre sus habitantes. La enfermedad, que posteriormente pasaría a denominarse oficialmente Covid-19, comenzó a propagarse por toda China y de ahí llegó a Europa. Fue en marzo cuando se detectaron múltiples casos en Italia y, posteriormente, en España, si bien después se supo que el virus llevaba ya semanas circulando por el Viejo Continente.

Después de varios meses con drásticas medidas de confinamiento entre la población para mantener a raya la propagación del coronavirus, todavía se desconocen muchos aspectos sobre el Sars-CoV-2, mientras que otras dudas se han ido despejando poco a poco.

Una de las afirmaciones más extendidas entre los científicos y las autoridades sanitarias es que tendremos que aprender a convivir con el virus durante un tiempo, al menos hasta que se logre una vacuna. En ese sentido hay más de 100 proyectos en marcha en todo el mundo para tratar de obtener, en el menor plazo posible, una vacuna efectiva y segura para la población. No obstante, según recoge en un artículo el diario italiano Corriere della Sera, será difícil ver una vacuna antes de un año y medio porque hay una serie de fases que respetar para que cumpla con todas las garantías.

Algunos expertos aseguran que debido a que la Covid-19 es altamente contagiosa, nunca llegará a desaparecer del todo y habrá que lidiar con ella al igual que se hace con la gripe u otros resfriados. En lo que sí ha incidido la OMS —y en España el Ministerio de Sanidad— es que la mascarilla y el distanciamiento social siguen siendo, junto a un lavado frecuente de manos, la mejor arma de defensa.

Este mismo viernes, la OMS recomendaba el uso de las mascarillas de tela, especialmente cuando no se puede garantizar el distanciamiento físico, como en el transporte público. El organismo de Naciones Unidas ha publicado una nueva guía sobre el uso de mascarillas para controlar la pandemia en la que se generaliza su utilización y no solo se recomienda a los pacientes de Covid-19, cuidadores o profesionales sanitarios.

Eso sí, el director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, ha remarcado que «las mascarillas no reemplazan al distanciamiento físico, la higiene de manos y a otras medidas de salud pública. Solo son beneficiosas como parte de un enfoque integral en la lucha contra la Covid-19″.

Un estudio publicado en Nature el pasado abril demostraba que las mascarillas bloqueaban cerca del 100% de las partículas de personas infectadas con gripe, rinovirus u otros coronavirus leves. Otros estudios han asegurado que las mascarillas del tipo quirúrgicas impiden el paso de un 50% a un 80% de las partículas, mientras que las de tela bloquean del 10 al 30%. Estudios aparte, lo que parece evidente es que su uso es mejor que nada, y además evita el contacto de las manos con la cara.

La segunda ola del estudio de seroprevalencia, dada a conocer el pasado jueves, ha puesto en evidencia lo que ya vaticinaba la primera ola: España sigue lejos de tener inmunidad de grupo —también denominada inmunidad de rebaño—, ya que solo un 5,2% de los españoles han tenido contacto con el coronavirus.

A falta de un alto porcentaje de población inmune —se desconoce por cuánto tiempo—, todas las esperanzas están puestas en la vacuna, aunque tampoco se sabe si esta será del todo eficaz o podría ser similar a las que ya existen contra la gripe: podría reducir la incidencia de la enfermedad y hacerla menos grave, pero no hará que la Covid-19 desaparezca. Además, podría ser necesario repetir la vacuna con el tiempo para «actualizar» los anticuerpos, sostienen desde Corriere.

¿Qué habría pasado si se hubiese optado por favorecer la inmunidad de rebaño? La respuesta la dio el pasado mes de abril el epidemiólogo Giovanni Rezza, jefe de enfermedades infecciosas del Instituto Superior de Sanidad de Italia: «Sin medidas en seis meses habríamos tenido la inmunidad colectiva, pero con un gran número de muertes y de afectados«.

Lo que en principio parecía una enfermedad respiratoria que causa neumonía terminó siendo muy distinta: «Difiere de paciente a paciente como ninguna otra», aseguraba en declaraciones a la BBC Ron Daniels, médico en una UCI en Birmingham.

Seis meses después, los médicos saben que esta enfermedad no solo ataca a los pulmones, sino que también puede afectar al corazón, al cerebro, a los riñones y al hígado: se trata de una enfermedad multisistémica.

Los primeros síntomas que se identificaron de la Covid son tos seca, dificultad respiratoria y fiebre, pero también se observaron casos con dolores de garganta, escalofríos, dolor muscular, diarrea y náuseas. Posteriormente se identificaron otros signos de la infección, como la pérdida del gusto y el olfato, y hay otros casos en los que la enfermedad se pasa de manera asintomática, sin que exista una respuesta todavía para ello.

El debate de la transmisión de la Covid a través de las superficies lo abrió un estudio que publicaba en marzo la revista New England Journal of Medicine, y que indicaba que el virus, en condiciones de laboratorio, podía sobrevivir hasta tres días en superficies como el plástico o el acero y unas 24 horas en el cartón.

Este estudio no fue suficiente para la OMS, que ha insistido en la falta de evidencia científica ante la posibilidad de contagio por contacto con superficies contaminadas.

En este sentido, el director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias (CCAES), Fernando Simón, se mostraba cauto el pasado mes de mayo: «La ausencia de evidencia de un efecto no significa que no exista. Es un factor de riesgo menor, pero el efecto se ha demostrado en otras patologías similares y probablemente existe, por lo que, hasta que no se demuestre lo contrario, debemos continuar con prudencia y seguir investigando».

Arnaldo Caruso, presidente de la Sociedad Italiana de Virología (Siv-Isv), apuntaba hace apenas una semana a los rayos ultravioleta como uno de los posibles factores por los que la Covid-19 «está perdiendo fuerza». No obstante, el clima cálido del verano no detendrá la pandemia.

Caruso aludía también al distanciamiento social de estos meses y al uso de mascarillas como otros elementos que contienen su expansión. Lo único demostrado es que los rayos ultravioleta destruyen el virus en superficie, que en el agua del mar no sobrevive, y que el riesgo de transmisión por el aire es menor en el exterior que en espacios cerrados.

A pesar de que cada vez se realizan en España (y el resto del mundo) más test de detección de la Covid, se desconoce el número exacto de personas que tienen o han tenido la enfermedad. Hasta este viernes, los datos oficiales de Sanidad indicaban un total de 240.978 positivos confirmados con prueba PCR o test de anticuerpos.

No obstante, los datos preliminares del estudio de seroprevalencia apuntan a que ha habido más casos de los detectados en España. En este sentido, Simón consideraba el pasado jueves que el inicio de la epidemia pudo deberse a una entrada «incluso mayor a la que los casos detectados por el sistema nos podía dar a entender».

Tampoco se conoce la cifra exacta de fallecidos a causa de la pandemia, un extremo que Simón trató de aclarar este viernes. «No se preocupen, que los datos de fallecidos en España serán los más claros posibles». Simón volvió a explicar que «se está trabajando muy intensamente para que todos estos datos estén incluidos de la mejor manera posible. Algunas comunidades van a aumentar el número de casos, otras lo van a reducir; en otros casos ha habido errores en transcripción de casos, esto puede pasar», reconoció.

También llamó la atención sobre la sobremortalidad que desvelan sistemas como el Sistema de Monitorización de la Mortalidad diaria (MoMo) que elabora el Instituto de Salud Carlos III, y que habla de 43.000 fallecimientos más de los esperados entre marzo y mayo, si bien no pueden atribuirse todos ellos al coronavirus. «Tenemos que ser responsables y tratar de hacer honor a la verdad. Cuando hay dudas, no hay certeza, hay gran incertidumbre: hay que ponerlas sobre la mesa y no dar por sentado cosas que no podemos comprobar ni dar como información sólida», zanjó Simón este viernes.

Por otro lado, tampoco se conoce con certeza cuántas partículas de este virus son suficientes para contraer la Covid.

Mientras algunos expertos estiman que unas 1.000 partículas de Sars-CoV-2 son más que suficientes, no existe todavía una evidencia científica que lo demuestre. Lo que sí está constatado es que la exposición a un mayor número de partículas virales aumenta las probabilidades de infectarse y también de tener síntomas más graves. De ahí la importancia de evitar espacios cerrados abarrotados, utilizar mascarillas y lavarse frecuentemente las manos.

Los investigadores todavía no han hallado una respuesta para explicar por qué algunas personas contagiadas de Covid desarrollan síntomas leves, mientras que otras contraen la enfermedad de manera grave y permanecen infectadas durante semanas. Algunos expertos apuntan a la respuesta inmune de cada paciente como la clave para determinar la gravedad de la infección. Esta función inmune disminuye con la edad, por lo que las personas que se encuentran entre los 70-79 años son los más vulnerables a infecciones graves y letales, así como aquellas personas que padecen enfermedades crónicas como hipertensión, diabetes o enfermedades cardiovasculares. A través de varios estudios se ha sabido también que los hombres tienen más probabilidades que las mujeres de enfermarse gravemente y morir.

Otra de las incógnitas que seis meses después todavía no han logrado una explicación sólida es el papel que juegan los niños en la transmisión del coronavirus.

Lo único que está claro es que enferman menos que los adultos, pero los científicos difieren en los motivos: mientras unos aseguran que su incidencia es menor porque no han estado tan expuestos al virus al cerrarse las escuelas, otros sostienen que no se han realizado suficientes pruebas en ellos al presentar síntomas muy leves. También continúa estudiándose la relación entre el coronavirus y la enfermedad de Kawasaki en niños, puesto que existe «una base sólida», según el doctor Simón.

A día de hoy, se desconoce el tiempo que una persona que ha superado la Covid puede permanecer inmune ante futuras infecciones y cuántos anticuerpos debe desarrollar un paciente para tener esa inmunidad. Habrá que esperar a conocer los resultados de los numerosos estudios epidemiológicos que se han puesto en marcha en todo el mundo.

Todos los expertos creen que sí. «Una patología como Sars-CoV-2 puede estar más extendida y confundirse con otros síntomas respiratorios en otoño y la famosa hipótesis de la segunda ola está relacionada con esto, lo que desde un punto de vista técnico-científico es un hecho objetivo. Por lo tanto, con la llegada del otoño hay una posibilidad probable de una mayor propagación del coronavirus», ha señalado en este sentido Silvio Brusaferro, presidente del Instituto Superior de Sanidad.