“Con las evidencias que tenemos sobre el coronavirus, el niño no actúa como superdiseminador”

Medio año después de que el coronavirus llegase para monopolizar nuestras vidas, aquel microorganismo que saltó a los humanos y a la fama mundial desde un mercado de Wuhan (China) ha recibido una atención científica sin precedentes. Se sabe muchísimo más que hace unos meses, pero los científicos, acostumbrados a los giros de guion en esta historia, siguen hablando del SARS-CoV-2 con cautela.

Federico Martinón-Torres (1971, Ourense) es jefe del Servicio de Pediatría del Hospital Clínico Universitario de Santiago y miembro del comité asesor de vacunas de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en Europa, y además coordina el centro colaborador de la OMS en Seguridad Vacunal de Santiago de Compostela. En esa organización, junto a científicos de todo el mundo, aconseja en la orientación del desarrollo de vacunas contra el coronavirus, analizando los candidatos con más potencial, creando ensayos clínicos que aceleren el progreso sin comprometer la seguridad y trabajando ya para que cuando llegue esa herramienta contra la pandemia el acceso sea equitativo.

“Estamos retransmitiendo en directo el desarrollo clínico de vacunas, algo que nunca había acontecido”, dice, y cree que eso está haciendo que se interpreten resultados sin tener los criterios necesarios para hacerlo correctamente. Además, pide confianza en una colaboración científica sin precedentes, pero también paciencia porque los resultados pueden no llegar tan pronto como se ha dicho en algún momento, y advierte de que como efecto secundario de la actual pandemia pueden regresar patógenos que ya creíamos controlados.

Pregunta. Desde hace años, se hablaba de la posibilidad de una gran pandemia, pero visto el desarrollo de la respuesta internacional parece que pocos países creían del todo que fuese una amenaza real.

Respuesta. La posibilidad de una pandemia desde el punto de vista de la epidemiología y la infectología siempre ha estado presente. Había algunas más predecibles, como habría sido la propia gripe, pero también hubo advertencias anteriores con coronavirus, con el SARS y el MERS. En la anterior pandemia que tuvimos, la de gripe H1N1, la mortalidad no fue comparable.

La OMS lleva mucho tiempo hablando de la pandemia por enfermedad X, una pandemia por cualquier patógeno aún no identificado. Hay grupos de investigación que sí han estado preparados con esa filosofía, para que cuando llegase esa pandemia X ya existiese la maquinaria necesaria para empezar a preparar la vacuna o los tratamientos y los recursos de investigación. Por ejemplo, el grupo de Oxford que está desarrollando una vacuna ya tenía una estrategia y una maquinaria para empezar a hacer investigación y desarrollo de vacunas. Nuestro grupo, mucho más modestamente, también tenía previsto aplicar el conocimiento adquirido con otros patógenos para intentar triturar el problema con la misma filosofía.

Pero no es lo mismo que unos pocos grupos o unas cuantas redes o unos cuantos agentes estén preparados que todo el sistema lo esté. El abordaje de una pandemia requiere el abordaje sincronizado de muchos agentes a muchos niveles, no solo científico y sanitario, sino también político y social. En ese sentido nadie estaba lo bastante preparado y estamos viendo que hasta en los países más preparados el impacto está siendo elevado.

P. ¿Cuál ha sido el trabajo de la OMS en el ámbito de las vacunas?

R. Hay una apuesta por guiar el desarrollo ágil de vacunas. A muchos niveles. Se quiere garantizar el suministro de todas las vacunas cuando las haya, pero también garantizar la vacunación con las que ya existen, que no se vea interrumpida. Es algo que nos preocupa, porque se está produciendo un descenso de la vacunación rutinaria como consecuencia de la covid, no por antivacunas ni cosas parecidas, sino porque lógicamente se han interrumpido muchos de los servicios o en algunos casos se ha comprometido la cadena de suministro de vacunas.

También se trata de guiar el desarrollo de las nuevas vacunas. Primero a través de grupos de expertos que han definido las características que debería tener una vacuna ideal frente al covid, en un escenario perfecto y en un escenario de mínimos. Qué es lo mínimo que le debemos pedir a la vacuna del covid para que la OMS le dé su visto bueno.

Después, se han impulsado grupos de trabajo coordinados por expertos mundiales de las diferentes áreas necesarias para desarrollar una vacuna, porque no solo se necesita la idea sino también las herramientas con las que la vas a licitar. Yo genero una nueva vacuna, pero cómo mido si esa vacuna funciona bien o mal, cuál es el modelo animal ideal para probar esa vacuna, cuales son los marcadores de protección, por ejemplo.

Después se ha creado un ensayo clínico con un diseño adaptativo (Solidarity trial) para que las vacunas que lleguen a una fase avanzada de ensayo clínico se puedan probar en una red de centros global de todo el mundo para que se puedan comprobar su eficacia en un ensayo clínico global sin precedentes que podría agilizar el desarrollo de nuevas vacunas, permitiendo incluso la comparación directa de candidatos vacunales.

P. Ha hablado del riesgo de que vuelvan enfermedades por una interrupción en las vacunaciones rutinarias.

R. El punto de partida antes de que empezase la covid ya era delicado para ciertas enfermedades en todo el mundo y también en Europa. Aquí, antes del coronavirus, uno de los temas de preocupación era el descenso de coberturas vacunales frente a enfermedades prevenibles mediante vacunación y, en particular, frente al sarampión. Se estaba dando un resurgir global de sarampión y también en Europa, en países como Francia, Italia, Reino Unido, países vecinos nuestros, similares a España, aunque aquí aún no ha sucedido.

Si dejamos de vacunarnos nos pondremos en una situación similar a la de nuestros vecinos. En este caso no es porque la gente no se quiera vacunar. Puede ser en parte por el miedo, en parte porque al principio se pensó que quizá el confinamiento no sería tan prolongado, porque la gente tenía miedo de acudir a las citas de vacunación o los propios profesionales han limitado el esfuerzo de vacunación a los grupos prioritarios. Es una combinación de factores que ha dado lugar a descensos objetivos en la vacunación frente a enfermedades rutinarias.

P. ¿Qué grado de protección se consideraría suficiente para empezar a aplicar la vacuna contra el coronavirus?

R. La OMS ha establecido una eficacia mínima deseable del 50%. El hecho, por ejemplo, de que la vacuna no previniese la transmisión, si previene las formas más graves de la infección, puede ser aceptable. Hay vacunas que funcionan así. La vacuna contra el rotavirus [que causa diarreas letales] es enormemente efectiva, evita multitud de muertes cada año. El rotavirus mata a un niño menor de 5 años cada 50 segundos y la vacuna es tremendamente efectiva frente a las formas graves de enfermedad. La vacuna no impide la infección o incluso las formas leves de diarrea por rotavirus, pero impide que esa diarrea sea grave y su mortalidad asociada. Algo así podría suceder con la vacuna del coronavirus, que no neutralice la enfermedad del todo, pero prevenga las formas más graves de la enfermedad.

P. ¿Qué tiempos le parecen razonables? ¿Cree que los que se están ofreciendo son muy optimistas?

R. Una cosa es tener el candidato vacunal, otra es hacer el ensayo clínico, otra es licenciarlo y otra es producirlo en una escala lo bastante amplia para que llegue a todo el mundo. Dependiendo a qué te refieras pueden ser suficientes los 15 o 18 meses de los que todo el mundo habla, pero que una vacuna como la de Oxford esté disponible en 15 meses desde el inicio de la pandemia, no significa que haya cantidad suficiente en el canal de distribución para que llegue a todo el mundo. Tenemos el ejemplo de los problemas de abastecimiento con algo más sencillo como las mascarillas.

P. ¿Es posible que nunca se lograse una vacuna o las características del virus permiten ser optimistas? Las últimas grandes pandemias mundiales de gripe no se acabaron con una vacuna y después de casi 40 años de investigación aún no hay vacuna para el VIH.

R. Es cierto que a veces no ha sido fácil encontrar vacunas y puede tener que ver con cómo se comporte el virus. Un estudio de casi 5.000 cepas del virus que pre-publiqué junto a Antonio Salas, de la Universidad de Santiago de Compostela, veía una enorme homogeneidad, como del 99,9%. Esto tiene una doble interpretación. Podría significar que el virus es estable, que no es como el VIH, que puede tener una variabilidad brutal incluso dentro de una persona, donde va mutando y se producen casi nuevas pseudoespecies. Pero también es importante ver no solo cuánto muta sino exactamente dónde muta. Si la variación se produce en la proteína S, con la que el SARS-CoV-2 se ancla a los humanos, como es el lugar que sirve de diana a las vacunas una modificación de esa pequeña parte le puede servir para escapar. Es algo que no hemos visto que haya sucedido, pero no es garantía de nada.

P. Aunque se sabe que los niños son menos susceptibles al coronavirus, también se ha planteado que pudiese provocar casos graves en algunos casos.

R. Los niños se infectan menos y tienen una respuesta buena al tratamiento. Pero se ha producido un número reducido de casos de shock tóxico o enfermedad similar a la de Kawasaki. No se sabe exactamente si es una coincidencia en el tiempo, si el SARS actúa como detonante o es un efecto específico de la infección en los niños. Pero hay que transmitir un mensaje de tranquilidad. Fue un número reducido de casos y tenemos tratamientos y conocimiento para manejar este tipo de problemas.

P. Y por último, en algún momento se habló de los niños como supercontagiadores. ¿Se sabe si lo son realmente con el coronavirus?

R. Un metaanálisis del grupo de Russell Viner ha estimado que la probabilidad de que un niño se infecte es la mitad que la de un adulto. Son más resistentes a infectarse y cuando se infectan el curso de la enfermedad es más benigno. Esto lo vemos en la encuesta española de seroprevalencia. Normalmente, los niños desempeñan un papel importante en la transmisión de enfermedades infecciosas. Claramente es así con la gripe, pero con las pocas evidencias que tenemos respecto al coronavirus, en brotes intrafamiliares, el niño no tiene ese papel superdiseminador. Esta información es importante a la hora de la normalización de actividad de los niños y de la apertura de colegios.