Los ciervos y otros animales cambian rasgos de su apariencia en función del ambiente social

Un ciervo ibérico, con dos hembras detrás del árbol.
Un ciervo ibérico, con dos hembras detrás del árbol.Juan Carranza

En el mundo animal, la competitividad y la presión social también afectan la apariencia. La necesidad de ser el mejor, el más atractivo y el más fuerte, hace que la especie module algunas de sus características físicas para salir ganando. No se trata únicamente de cambiar su comportamiento, de enseñar sus plumas al estilo del pavo real o de cantar como las ranas, sino también de modificar una estructura permanente como la cuerna de un ungulado. Un nuevo estudio publicado en Scientific Reports demuestra que los ciervos ibéricos, en función de la cantidad de machos que le rodean, ajustan la talla de su asta.

Los investigadores han analizado a más de 4.000 ejemplares de esta especie, ubicados en dos tipos de fincas en el sur y en el oeste de España. En unas de ellas, había una rivalidad relevante entre los machos y en la otra, muy poca. Además de eso, llevaron a cabo un experimento donde pusieron ciervos con otros machos rivales o con hembras. Juan Carranza, principal autor del estudio y catedrático de la Universidad de Córdoba, asegura que los ciervos son uno de los primeros ejemplos que ayudan a entender dicho proceso sexual que puede existir también en otras especies, es decir, la capacidad de modificar un elemento fijo durante una larga temporada.

Estos animales desarrollan sus cuernas cada año. El crecimiento empieza en primavera y se acaba a mitades de julio. Durante este período es cuando ocurre la decisión fisiológica en cuestión y esencial para su reproducción. Los ejemplares son capaces, según confirma Carranza, de prever si van a tener a muchos competidores en septiembre, y, por lo tanto, fomentar astas más grandes. También pueden analizar si “lo tendrán fácil”, pues pueden ahorrarse el esfuerzo. La formación de esta prolongación ósea no es una tarea sencilla, requiere energía y tiene que ser rentable para el animal. “Todo esto nos aporta un conocimiento científico para la teoría evolutiva en general. Los caracteres sexuales son costosos y el animal los debe modular con un equilibrio coste-beneficio. No es lo mismo tener a disposición hembras fáciles o muchos machos rivales disputándolas”, explica el científico que lleva más de 25 años trabajando sobre el comportamiento de los ungulados. El macho llevará a cabo dos tareas: quitarse del medio a los rivales y convencer a los del otro sexo.

Los dientes tienen un papel relevante en este proceso. El equipo de Carranza destaca un desgaste dental mayor en los ciervos que viven en el grupo de mayor rivalidad. La explicación es que para desarrollar una cuerna más grande, tiene que comer más y los dientes se gastan más rápido. “La vida del animal se acaba cuando se ha quedado sin molares”, comenta Carranza. Esto hace que al querer ser el más fuerte ese año, el ciervo gasta el elemento que le mantiene en pie y en forma y, por culpa de eso, se reduce su esperanza de vida —de unos 12 años para los machos y 20 para las hembras—.

Las cuernas no son las únicas armas de conquista que utilizan los ciervos. También juegan con el aspecto de su barriga para mandar señales. La mancha negra en la tripa es un elemento clave para hacer destacar su presencia en la manada. Estos ungulados orinan hacia arriba, lo que mancha su tripa, y las sustancias se oxidan oscureciendo el pelaje. “Hemos visto que esa mancha negra la pueden modular en función del entorno social, como una señal de amenaza. Es la disposición que tiene el animal de entrar en competencia. Está diciendo a todos los demás, y esencialmente a sus rivales, ‘estoy aquí, dispuesto a ir a por todas”, relata el experto. Cuando no se ven capaces de competir, los ciervos más pequeños tienden a querer pasar desapercibidos, y, en este caso, para ser más discretos, no se mancharán la barriga.

Hay una base genética detrás de todas estas modulaciones. “Se heredan genes que son capaces de tener una respuesta en función de unos umbrales de información”, explica el autor del estudio. Por encima de todo estos elementos influyentes, incluidos la edad y la condición del animal, se suma la presión social. Los machos son más vulnerables frente a ella que las hembras por una simple razón: ellos tienen que seducir a varias ciervas, mientras que ellas se aparean con uno solo cada año. “Los machos tienen por tanto un éxito mucho más variable que las hembras y necesitan competir para conseguirlo”, concluye Carranza.

El sexo de los peces

A primera vista, el sexo, al igual que los huesos, no se puede modificar. Sin embargo, algunos peces cambian de género cuando les es necesario, es decir, en función de la diversidad sexual del grupo. Es lo que demostró un estudio del año pasado publicado en Science Advances que estima que 27 familias de peces pueden recurrir a dicha transformación. El caso más estudiado es el del Thalassoma bifasciatum, un pez lábrido con la cabeza pequeña y azul. Cuando el banco de peces pierde al macho dominante, la hembra más grande es capaz de sustituirle y convertirse en un macho fértil en tan solo 10 días —aunque el proceso puede llegar a los 21—.

El cambio sucede por partes. En primer lugar, la hembra cambia de color y empieza a comportarse como un macho. El estímulo se ejerce a través del estrés ambiental, lo que provoca luego la retracción de la aromatasa —enzima fundamental para los estrógenos—, y lleva a una reprogramación epigenética y, por fin, a una reingeniería de los ovarios en testículos funcionales.

El pico de las aves

Otro aspecto físico que, al parecer, no puede cambiar, es el pico o la piel de un pájaro. El mirlo desmiente esta idea, ya que es capaz de encender su pico anaranjado en primavera, mientras que el resto del año lo tiene más apagado. Por otro lado, existe un pájaro capaz no solamente de aumentar la talla de un trozo de piel de su gargantilla para atraer a la hembra, sino también de cambiar su color. La parte en cuestión se vuelve más azulada y se reduce cuando ya no hace falta llamar la atención. Se trata del tragopán de Temminck, que habita las montañas del noreste de la India hasta China central, y aparece en el libro Bird coloration: mechanisms and measurements editado en 2006 por Geoffrey E. Hill, investigador de la Universidad de Auburn en Alabama y Kevin J. McGraw, de la de Arizona (Estados Unidos).

Elisa Peréz, bióloga evolutiva de la Universidad de Groningen (Holanda) y principal autora de un estudio publicado en la revista Evolution, confirma que estos pájaros tienen un punto en común con los ciervos. “Son cambios que cuestan mucho y, en los dos casos, los machos se hacen las mismas preguntas: ¿en qué invierto mis recursos y en qué momento? Y eso se aplica a muchas especies en función de quién tienen alrededor”, comenta. Las aves usan los carotenoides (pigmentos orgánicos) que vienen de su dieta y deciden si los destinan a su sistema inmune o a señales externas.

La apariencia no solo sirve para llamar la atención de las hembras, sino también para comer. Dos estudios en Behavioral Ecology y Biological Science demuestran que las crías de la golondrina enrojecen su boca para solicitar más comida a los padres. De nuevo, es cuestión de competencia. “Es como si dijeran ‘soy mejor, dame más comida a mí”, explica Peréz.

Este proceso animal de modulación de la apariencia en función del entorno y de las necesidades sociales sigue en vías de investigación. Estos son tan solo algunos ejemplos que destacan los investigadores.

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