Los nuevos hábitos para prevenir la Covid-19 son una «oportunidad perfecta» para luchar contra otras enfermedades

La distancia física de dos metros entre personas no convivientes, la mascarilla si esta no está garantizada, y el lavado de manos son hábitos que la población ha interiorizado a la misma velocidad que la pandemia causada por la Covid-19 ha arrasado con nuestra cotidianidad. Estas medidas, ahora relevantes para la ciudadanía, no solo ayudan a prevenir contagios del nuevo coronavirus sino también muchas otras enfermedades infecciosas que se transmiten igualmente por el aire. La ‘nueva normalidad’ nos brinda, pues, una «oportunidad perfecta» para reducir la incidencia de, por ejemplo, la gripe común, otras infecciones respiratorias como rinovirus, pulmonías, neumonías, de cualquier contagio fecal oral, e incluso tuberculosis, dengue o malaria.

Así lo ha explicado a 20minutos la investigadora del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), centro impulsado por la Fundación «la Caixa», y doctora en el Departamento de Salud Internacional y Medicina Tropical del Hospital Clínic Barcelona, Natalia Rodríguez. En su opinión, estamos ante una «oportunidad perfecta» para que «pequeños gestos» logren «grandes resultados»: «Parece una tontería pero es tan importante que incluso en los hospitales también hay campañas para lavarse las manos», comenta para poner de relieve la necesidad de tomar conciencia de la importancia del lavado de manos, incluso en el entorno sanitario.

Rodríguez se muestra convencida de que «más tarde veremos el impacto» de las medidas de prevención adoptadas para evitar rebrotes de Covid en «todas las enfermedades que se transmiten por gotitas, igual que el nuevo SARS-CoV-2″ como la gripe. La experta menciona también la reducción de diarreas y cualquier patología de transmisión fecal oral gracias al incremento del lavado de manos. «Si la gente está más preocupada, seguirá las normas con mayor adherencia», afirma.

La investigadora considera que esta mayor percepción del riesgo para la salud que la pandemia ha traído a la sociedad pueden influir incluso en enfermedades como la malaria o el dengue. De esta última ya se han detectado casos autóctonos los últimos dos veranos: «El mosquito tigre es muy difícil quitárselo de encima. Estamos muy preocupados con el dengue, hay que estar muy atentos», advierte.

Por su parte, el epidemiólogo y profesor de los Estudios de Ciencias de la Salud de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) Salvador Macip apunta que el confinamiento ha causado una bajada en los casos de gripe: «Estamos a final de la temporada y se cree que por aislarnos han bajado los contagios y por tanto las muertes».

Aunque se necesita un poco de tiempo aún para poder confirmar estos datos, la Organización Mundial de la Salud (OMS), que ha solicitado a los países que, al contrario de lo habitual, continúen la vigilancia de los casos de gripe durante los meses de verano, ha señalado recientemente que «la aparición de Covid-19, que se propaga a través de la transmisión respiratoria, requirió la implementación de medidas de distanciamiento físico, y esto probablemente contribuyó a un final abrupto de la temporada de gripe«.

Los hábitos de higiene y prevención adquiridos para prevenir la Covid «ya funcionaban» para «cualquier enfermedad que se transmite por el aire«. «Muchas enfermedades virales que se transmiten por el aire pueden mejorar mucho, por ejemplo los resfriados». Lavarse la manos, que viene de la resistencia del SARS-CoV-2 a las superficies –aunque esto no es concluyente-, y no llevárselas a la boca, previene igualmente muchos contagios de virus e infecciones de bacterias, agrega.

De hecho, el autor de Las grandes plagas modernas (Destino) apunta se podría pensar también en una reducción de los casos de tuberculosis, una enfermedad residual en España pero que está resurgiendo en el mundo por la resistencia a los antibióticos y casos elevados en los últimos años.

El investigador recuerda que las poblaciones japonesa o china ya tenían interiorizado el uso de la mascarilla para evitar contagios de gripe o refriado, sin embargo, era «impensable ver a latinos con mascarillas». En opinión de Macip, hay que «tomar conciencia» para que ante cualquier síntoma de refriado, llevar una mascarilla. «Debería ser lo más normal para salir a la calle para no contagiar a los demás», no solo por salud sino también «por educación».

Preguntados por si la excesiva protección podría debilitar el sistema inmune, tanto Rodríguez como Macip discrepan de esta hipótesis.

La doctora del Clínic de Barcelona rechaza este argumento, propio de los discursos del movimiento antivacunas: «Es un problema teórico pero no real. Si se puede evitar, siempre es mejor (poner las barreras físicas, los hábitos de higiene, las vacunas y tratamientos), porque lo que se considera inocuo se puede complicar, y más con el nuevo coronavirus, que todavía no lo conocemos pero ya hemos visto complicaciones en población joven también».

Macip, por su parte, señala que el sistema inmune se construye sobre todo cuando somos pequeños. «Evitar la exposición a ciertos microbios más fuertes sigue siendo útil», además, «aún tomando estas medidas de prevención, el riesgo cero no existe. Siempre existe cierta exposición a virus contagiosos». «No afecta a la fortaleza del sistema inmune», asegura.