El sida, historia de una pandemia que llegó para quedarse

San Francisco de Asís decía que los seres humanos somos inseparables del mundo natural, del cual forman parte, entre otros, los virus y las bacterias. A lo largo de la historia de la Humanidad hemos tenido numerosas pandemias, algunas han pasado a los anales de la Historia de la Medicina (peste negra), pero otras de ellas -como el sida- siguen con nosotros. Mientras la comunidad científica debate si la Covid-19 será de un tipo o de otro, repasamos hoy la historia de una de las últimas que llegó para quedarse, el sida, cuando se cumplen 39 años de su aparición oficial.

La era del sida se inició, al menos oficialmente, el 5 de junio de 1981, cuando Centers for Disease Control and Prevention –Centros para el Control y Prevención de Enfermedades- de los Estados Unidos convocó una conferencia de prensa.

En ella se hizo público la existencia de cinco casos de neumonía en Los Ángeles por un patógeno muy poco común, el Pneumocystis carinii. Al mes siguiente se constató la presencia de varios casos con un cáncer de piel también muy infrecuente –sarcoma de Kaposi-. La mayoría de los pacientes tenían en común ser homosexuales muy activos y estar inmunodeprimidos, concretamente tenían un descenso de la cifra en sangre de los linfocitos T CD4+. La evolución de la mayor parte de estos pacientes fue hacia el fallecimiento en los meses siguientes.

La nueva enfermedad desconcertó no sólo a la opinión pública sino también a la comunidad científica que desconocía cuál podía ser la causa de su aparición. Debido a que en el cuerpo de los infectados aparecían unas manchas de color rosáceo uno de los primeros términos que se acuñó fue el de “peste rosa”. Más adelante se habló del “club de las cuatro haches” como los grupos de riesgo para adquirir la enfermedad: inmigrantes haitianos, adictos a drogas por vía inyectable, homosexuales y hemofílicos.

La historia de esta epidemia se escribió en sus primeros años a cámara muy lenta. Hasta 1983 –dos años del inicio de la pandemia- no se conoció el agente causal del sida, el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH). El científico francés Lug Montagnier responsable del hallazgo sería galardonado años después con el Premio Nobel de Medicina.

A pesar de conocer el patógeno responsable, los científicos no pudieron disponer de un test para detectar la infección –ELISA- hasta 1985, y se tardó aún otro año más en comenzar a disponer de tratamientos antirretrovirales efectivos –zidovudina-.

En este momento nuestro conocimiento de la enfermedad ha avanzado más, sabemos que hay dos tipos de virus (VIH-1 y VIH-2) capaces de producir la enfermedad, que son muy similares y que sus diferencias son de tipo genético.

Durante años se imputó a un auxiliar de vuelo francocanadiense –Gaetän Dugas- de ser el paciente cero, el primer caso de sida, el responsable de propagar la enfermedad. Se tardaría tiempo en limpiar su nombre y descubrir que el origen del sida estaba a miles de kilómetros de la costa oeste norteamericana.

El tipo VIH-1 es el más virulento e infeccioso y el responsable de la mayoría de casos, Se ha descubierto que, a su vez, tiene cuatro grupos diferentes: M, N, O y P. De todos ellos el grupo M es el principal responsable de la actual pandemia, con alrededor del 97% de los casos. Cada uno de estos cuatro grupos es el resultado de la transmisión del virus de la inmunodeficiencia de los simios (VIS) a humanos.

Los investigadores han podido conocer que los linajes M y N se originaron en chimpancés del Sur de Camerún –Pan troglodytes troglodytes- y que los linajes O y P en gorilas occidentales de las tierras bajas (Gorilla gorilla gorilla).

En cuanto al modo de transmisión, lo más probable es que fuese a través de la exposición a sangre y tejidos infectados durante la caza de estos animales. Después de una infección local, los cazadores la habrían llevado la infección hacia el sur –a lo largo de los ríos Sangha y Congo- hasta Kinshasa. Esto habría sucedido en las dos primeras décadas del siglo veinte.

La capital del Congo fue el principal foco de transmisión temprana durante años, en la que se produjo un número de contagio escaso y una propagación a las regiones vecinas a través de las líneas ferroviarias y vías fluviales.

Todo cambió en 1960. En ese momento la epidemia se triplicó y se expandió de forma abrupta por las principales ciudades de su entorno debido a un intenso comercio sexual y al empleo de inyecciones no esterilizadas en clínicas de enfermedades de transmisión sexual.

Desde que se inició la pandemia han sido diagnosticados más de setenta y ocho millones de personas y han fallecido más de treinta y nueve millones.

A pesar del tiempo transcurrido y la inversión económica realizada todavía no se dispone de una vacuna contra la enfermedad, sin embargo las personas con VIH pueden realizar una vida normal y la infección se ha convertido en una enfermedad crónica. La clave de este cambio de paradigma ha sido la disponibilidad de tratamientos antirretrovirales efectivos.