¿Por qué es tan importante el periodo de socialización del perro? ¿Cuándo y cómo debe abordarse con los cachorros?

El periodo de socialización es, sin lugar a duda, uno de los más importantes en la vida de cualquier perro. El contacto con sus semejantes es básico para el desarrollo de todos los seres vivos y en el caso de los canes, este proceso de socialización – que debe ponerse en marcha en las primeras doce semanas de vida- le ayudará a saber relacionarse con los demás, a desarrollar su empatía, a aprender muchas cosas nuevas y a ser más equilibrados.

Si un cachorro socializa como es debido se llevará bien con los otros perros, no les atacará ni les considerará una amenaza, aprenderá a convivir con las personas de su entorno (adultos, niños, otros animales…) y se evitarán diferentes fobias y miedos como los que pueden surgir al tráfico o cuando hay mucha gente a su alrededor.

Esta etapa de socialización es, por tanto, uno de los momentos del desarrollo del cachorro que tiene más implicación sobre su conducta y temperamento futuro. Por eso es tan importante, además, llevarla a cabo durante esos tres primeros meses. “Durante este periodo de tiempo, el cachorro es especialmente sensible al entorno que le rodea y su adaptación sucede más fácilmente que durante otros momentos de su vida”, explica la veterinaria etóloga Gemma López Aguado.

Es por tanto, durante este periodo cuando el cachorro aprende a relacionarse con otros congéneres, ya sean de su misma o de otras especies. “Aprende a jugar y con ello a controlar la intensidad de la mordida. Se habitúa a todo tipo de estímulos y situaciones novedosas, como por ejemplo objetos, sonidos, aproximación de todo tipo de personas y perros que están presentes en su ambiente. Lo que va a hacer que se adapte y aprenda a gestionar estas situaciones en el futuro”, señala esta especialista en comportamiento animal.

La respuesta del perrito en esta etapa de socialización es de vital importancia y condicionará, en gran medida, su vida adulta. El animal mostrará una buena respuesta, en líneas generales, a todos los estímulos a los que se haya habituado en estas primeras semanas.

Por norma general, el período de socialización se extiende desde la tercera semana de vida del cachorro hasta la semana doce. De una manera completamente natural, el cachorro inicia esta fase sobre los 21 días – momento en el que ya posee el suficiente desarrollo motor para explorar su entorno- que finalizará al cumplir los tres meses, tiempo en el que su desarrollo neuronal permite que comience a experimentar una respuesta al miedo.

Según indica la etóloga, resulta de vital importancia “que el cachorro permanezca con la madre y hermanos hasta, al menos, la mitad del período de socialización (la octava semana) que coincide con su destete, ya que así se estará socializando con perros (sus hermanos de camada) y estará aprendiendo conductas de juego, de gestión de la frustración durante el destete y control de la intensidad del mordisco”.

Una vez alcanzada la octava semana de vida, y si no ha podido hacerse antes, sería importante que empezara también a socializar con el entorno y con otras especies con las que tendrá que convivir durante su etapa adulta, como personas o gatos. Es a partir de este periodo cuando sus propietarios deben implicarse al máximo y dedicarle el mayor tiempo posible para que se vaya habituando a todos los entornos, situaciones y seres de la misma y otras especies con lo que van a querer que se relacione en el futuro.

“Se debe exponer al cachorro a una gran variedad de estímulos, personas adultas de distinto género, niños, personas mayores, con distinto color de piel, con distintos objetos y vestimentas, ruidos de su entorno, coches, bicicletas, monopatines…”, comenta López Aguado, que precisa que toda esta exposición a estímulos se debe presentar con una intensidad moderada: “sin abrumar al cachorro y de manera progresiva, sin provocarle una respuesta de miedo, de manera que sea capaz de irse adaptando poco a poco”.

La etóloga insiste en la necesidad de abordar siempre la etapa de socialización durante este periodo y no obviarla ni retrasarla, con el objetivo prevenir problemas de comportamiento en un futuro. “Todo aquello a lo que no se haya habituado o socializado en su momento, tendrá una capacidad potencial de desarrollar una respuesta de miedo o conductas de reactividad o agresividad en nuestro perro de adulto. No quiere decir que un animal mal socializado vaya siempre a presentar problemas de conducta, pero tiene mayor probabilidad de padecerlos que un animal bien socializado” matiza.

¿Quiere esto decir que un perro adulto – que por ejemplo hemos adoptado en un albergue- será incapaz de socializar de una forma correcta? “A partir de la semana 12-14 de vida el cachorro empieza a desarrollar la capacidad de experimentar la respuesta del miedo, por lo tanto aunque la socialización es posible una vez finalizado este periodo sensible, la respuesta de miedo hace que sea más lenta y difícil”, aclara la experta.

Teniendo este factor en cuenta, la socialización deberá basarse en los mismos principios que para un cachorro: presentación progresiva y variada de todo tipo de estímulos y situaciones, pero teniendo en cuenta que la respuesta de adaptación puede ser menor y mucho más lenta.