Relaciones superficiales, huir del compromiso… ¿Cuáles son los síntomas de la filofobia o miedo a enamorarse?

Se considera fobia a una reacción de miedo y pánico exagerado ante un estímulo que nos atormenta. Fobias hay centenares y algunas de ellas afectan a un porcentaje considerable de personas como puede ser la claustrofobia o miedo a permanecer en espacios cerrados, la aerofobia o miedo a volar, la glosofobia o miedo a hablar en público o la acrofobia o miedo a las alturas.

Pero sin duda, una de las mas peculiares y ligada a las relaciones de pareja es la filofobia, conocida comúnmente como ‘miedo a enamorarse’. Un trastorno de ansiedad que se caracteriza por sentir un temor irracional a enamorarse y que conlleva para la persona que la sufre la necesidad de apartarse de la gente con la que tiene conexión emocional para evitar, por un lado, los altos niveles de estrés que experimenta ante la posibilidad de que una relación de pareja vaya a más o se consolide; y, por otro, para escapar del miedo a perder la libertad, a ser abandonado o a que esa pareja no cumpla las expectativas que se habían depositado en ella.

No se trata de un trastorno psicológico puesto que este término no aparece DSM-V (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales) pero a pesar de ello está estrechamente vinculado a problemas de ansiedad y cabe la posibilidad de que derive en depresión y aislamiento social. Y a pesar de que para la mayoría de los mortales enamorarse suele ser una experiencia placentera y excitante para los filofóbicos puede convertirse en una situación de terrible malestar, que va a acompañada de altos niveles de estrés físico y emocional.

La filofobia es una fobia a algo intangible que, además, aún no se ha producido ni tiene por qué producirse. Para los especialistas, esa anticipación de carácter negativo o miedo a enamorarse puede estar relacionada con heridas del pasado que no han cicatrizado. Una de las hipótesis mas solidas sobre su origen es que la desencadena el fracaso de una relación pasada que no se ha superado: ya sea una separación, un divorcio o un desamor que se vivió de forma muy dolorosa. De ahí nacería ese miedo atroz e irracional a sentirse de nuevo lastimados y/o rechazados.

Otros expertos la asocian también con problemas enraizados con la niñez del filofóbico – traumas de la infancia, sentirse poco querido, falta de apego… – y factores como la baja autoestima, poca tolerancia a la frustración o al fracaso y un fuerte arraigo al individualismo y la independencia como únicos medios para ser realmente libres.

De hecho, uno de los casos mas populares y que suelen citarse con mayor frecuencia cuando se habla de la filofobia es el de la Reina Isabel I de Inglaterra, también conocida como Reina Virgen. Un episodio trágico vivido en su infancia, cuando su madre Ana Bolena fue ejecutada por su propio padre Enrique VIII tras acusarla de adulterio y brujería, se convertiría en el detonante de esta fobia en la monarca, que pudo llegar a creer que todos los amores tenían ese final trágico.

Todos los filofóbicos siguen un patrón de comportamiento muy similar regido por ciertas características:

– Suelen tener relaciones sin compromiso y superficiales, basadas únicamente en el sexo, en las que no se implican a nivel emocional. Es frecuente también que tengan varias parejas de forma simultánea para evitar enamorarse de ninguna de ellas.

No hablan de ellos ni ahondan en temas personales para no mostrarse vulnerables. Por supuesto, evitan en todo momento mostrarse tal y como son.

– No evitan las relaciones afectivas pero buscan siempre relaciones imposibles o parejas incompatibles que le pongan mucho mas fácil la ruptura y no tener que reconocer que dejan la pareja realmente por sus temores.

Buscan defectos en sus parejas – que para la mayoría de las personas serían imperceptibles o nimios- que les sirvan como excusa para no seguir con la relación.

Provocan discusiones para ‘obligar’ a la otra parte a romper. De hecho sus relaciones son una montaña rusa constante de subidas y bajadas emocionales.

– Si la pareja propone dar un nuevo paso su respuesta suele el silencio, el alejamiento el aislamiento social y conductas de evitación: no coger las llamadas, poner excusas para no quedar…

Además, cuando sienten que comienza a emerger algún tipo de sentimiento hacia la otra persona es normal que se asusten y utilicen como respuesta la huida como mecanismo de defensa. Es en ese momento cuando se presentan síntomas a nivel físico relacionados con la ansiedad como:

Esta situación, por supuesto, se convierte en incapacitante para el filofóbico y genera, además, graves problemas relacionales y emocionales.

Los especialistas aseguran que la única manera de vencer este miedo irracional a enamorarse está en exponerse y enfrentarse al amor. ¿Cómo conseguirlo? En los casos menos severos de esta fobia el proceso debe basarse en:

Mirar cara a cara al miedo.
Encararse al miedo es una buena manera de doblegarlo. Atreverse a dar el paso e iniciar una relación de pareja es la única vía para vencer el temor al compromiso y superar el trauma que haya podido provocar una relación anterior. No todos los amores son iguales ni acaban mal. Lo contrario, salir huyendo o evitar mostrar los sentimientos solo lograrán que el problema se enquiste cada vez más.

Vivir el presente. En la medida que sea posible hay que centrarse en el momento presente de la relación y aprender a disfrutarla. De nada vale vivir anclado o enganchado a experiencias anteriores nefastas ni proyectar lo que ocurrirá con la actual en un futuro más o menos lejano. Técnicas como el mindfulness o atención plena son un buen vehículo para reconducir las relaciones personales fijándonos única y exclusivamente en el día a día.

Hablar con la pareja.
Conseguir verbalizar la situación con la pareja y expresarle lo que nos sucede puede resolver dos problemas: ayuda al otro a entender lo que sentimos y lo que está impidiendo avanzar la relación; y liberará, además, una gran carga de tensión acumulada por ese silencio.

Darse un tiempo. Muchas veces, lo más conveniente tras sufrir una experiencia amorosa traumática o desastrosa es darse un tiempo más o menos largo para superar la situación y reflexionar sobre lo qué ha pasado. Embarcarse en una nueva relación sin haber remontado anímicamente tras la ruptura anterior nos va a abocar al fracaso, una y otra vez. Algunas relaciones rotas se superan rápido y otras necesitan de mucho más tiempo para cicatrizar las heridas. Probablemente ese impasse sea el mejor momento para analizar qué errores no queremos volver a repetir en pareja y qué necesitamos realmente en la próxima relación.

En casos realmente duros, donde la filofobia parece haberse enquistado y parece imposible salir de esa situación por uno solo, acudir a un psicoterapeuta puede resultar eficaz y todo un alivio. En los trastornos fóbicos ha demostrado muy buenos resultados la terapia cognitivo-conductual, que enseña técnicas para cambiar los patrones de pensamiento y, a la vez, los de comportamiento. Si aparecen pensamientos negativos sobre una situación temida, la persona debe aprender a controlarlos para comportarse de forma diferente.

Asimismo también es muy beneficiosa la terapia de desensibilización sistemática: que insiste en acercar a las personas con filofobia a la situaciones temidas para insensibilizarles ante ese miedo. En ambos casos el trabajo pactado con el terapeuta y realizado fuera de la consulta es fundamental, teniendo siempre en cuenta que exponerse a la posibilidad de enamorarse resulta mucho más etérea y menos tangible que afrontar otras fobias como las que pueden manifestarse a objetos o animales.