Cómo influye la salud financiera en la salud física y mental de las personas

Dicen que el dinero no da la felicidad pero sería absurdo negar que, al menos, aporta un importante grado de tranquilidad a la existencia de cualquier ser humano. Así se desprende de un gran número de estudios, tanto internacionales como nacionales, que concluyen que una mala salud financiera afecta por extensión a la salud física y mental de las personas.

Uno de ellos, Paying with our Health (Pagando con nuestra salud), publicado en febrero de 2015 por la Asociación Americana de Psicología (American Psychological Association) determinó que el estrés crónico producido por los retos financieros afecta al 26% de los estadounidenses.

El mismo informe afirmaba que las familias con hijos, los jóvenes y las personas con ingresos bajos son las más vulnerables al llamado estrés financiero y que entre los problemas de dinero que más les quitan el sueño están los gastos inesperados, la falta de ahorro para la jubilación y los tratamientos médicos.

Obviamente, no solo la salud mental está comprometida ya que esta ansiedad permanente, a su vez, puede traer consigo problemas físicos debido a excesos con la comida, comportamientos sedentarios, aumento de presión arterial, problemas de sueño, peor respuesta inmunitaria frente a enfermedades, y problemas con el alcohol y las drogas.

Por su parte, en nuestro país, el informe Crisis económica y salud en España, realizado por el Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social y que se hizo público en 2018, puso de manifiesto que la salud mental es una de las grandes afectadas cuando la situación financiera no es favorable.

En este extracto del texto queda latente la gravedad del asunto: “En general, la crisis se asocia con un crecimiento en la prevalencia de los trastornos mentales y a un incremento del riesgo a padecer problemas de este tipo. Varios estudios identifican que el agravamiento de los problemas mentales se ha dado sobre todo en varones en edad laboral, especialmente en aquellas personas en situación de desempleo o con empleos precarios, y también se ha asociado con la presencia de problemas financieros en el hogar. Ello sugiere que el canal de causalidad se da entre mercado laboral-desempleo/precarización y enfermedad mental y que, por tanto, son las políticas sociales y no las sanitarias las que potencialmente pueden mitigar y revertir esta situación”.

Un año después, la aseguradora de salud Cigna reafirmó en su estudio 360 Wellbeing Survey 2019: Well and Beyond que la economía era la segunda fuente de estrés para los españoles. Solo el 18% de los encuestados reconoció tener una situación financiera ‘muy buena’ o ‘excelente’ y la valoración media de la economía personal fue de 55,2 sobre 100, es decir, un aprobado muy justo. Por edad, el grupo que menos puntuó su situación fue el de mas de 50 años con un 52,9 sobre 100 y los asuntos económicos que mayores quebraderos de cabeza dan: la jubilación, la vivienda, la educación familiar o un posible despido.

Tras los últimos acontecimientos y la debacle financiera producida por la pandemia del coronavirus, otro análisis de Open Evidence – escisión de la Universidad Oberta de Catalunya (UOC)- muestra datos todavía más preocupantes. La encuesta – realizada a ciudadanos de España, Italia y Reino Unido- concluye que la salud mental del 46% de los españoles está en riesgo debido a la situación actual y el 60% de estos españoles considera primordial que “el Gobierno no se centre solo en prevenir el contagio, sino también en evitar una importante crisis económica”.

Sin duda, la llegada del Ingreso Mínimo Vital, la nueva prestación aprobada por el Gobierno para ‘reducir el nivel de pobreza y exclusión’, según afirma el Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, quiere mitigar y poner solución a esta situación de vulnerabilidad económica que tanto daño puede hacer a la salud física y mental de los españoles.

Asimismo la organización Mental Health First Aid International y la aseguradora Cigna recomiendan una serie de pasos que pueden ayudar a mejorar la salud financiera y mental:

– Mentalizarse. Ignorar que se tienen problemas financieros no va a hacer que desparezcan.

– Buscar ayuda de un asesor financiero. Que pueda analizar la situación monetaria actual y realizar una serie de recomendaciones para mejorarla.

– Informarse. De posibles ayudas a nivel local, regional o estatal así como de bonos sociales para afrontar los gastos de las facturas.

Llevar un registro de todos los ingresos y gastos. Para tener el control de las finanzas, analizando cuánto dinero se puede gastar y en qué cosas. Los expertos indican que es recomendable destinar como máximo un 50% de los ingresos a gastos fijos, el 30% a gastos variables y el 20% al ahorro.

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Evitar gastos superfluos. Mentalizarse de que es inevitable que de vez en cuando surjan gastos con los que no se cuentan, y que pueden llegar a reflejarse en la salud como picos de estrés. Por eso, un buen hábito sería tratar de reducir ciertos gastos superfluos en el día a día para aumentar el margen de ahorro. Por supuesto, en un momento de estrés financiero conviene retrasar cualquier gasto que suponga un desembolso importante o escuchar las recomendaciones del asesor financiero con el fin de determinar la mejor forma de asumir estos gastos en el momento apropiado.

– Desarrollar un plan financiero con metas y objetivos. Una medida que contribuye enormemente a reducir el estrés financiero es establecer un plan de ahorro en base a ciertos objetivos y metas.

– Usar apps de gestión de finanzas. Una de las mejores fórmulas para organizar las finanzas de forma eficiente es optar por el uso de las nuevas tecnologías.