El rebrote de Pekín

Hay una cuestión sobre la que no quiere oír hablar ningún político. Los rebrotes. Un pequeño rebrote se puede administrar, pero uno grande nos devolverá de inmediato a la fase cero o más allá. Ahora que los gobiernos occidentales se concentran con ahínco en recuperar la normalidad y la actividad económica, con ayudas a las aerolíneas para estimular el turismo, iniciativas pueblerinas para apuntarse la medalla de las ayudas de Bruselas y una guerra a pedradas para asignar a los demás las culpas por los muertos, justo ahora, llega el virus y rebrota en China y Alemania, dos de los países que mejor habían contenido la pandemia hasta ahora. Los alemanes creen tener dominado el rebrote originado en un matadero, pese a que han detectado más de 600 positivos. Y China dio ayer jueves por controlado el brote en el principal mercado mayorista de Pekín, cuyos alimentos acaban llegando a la mayoría de la población de la capital, con 22 millones de habitantes. Bien por los dos.

El caso es que seguimos ignorando el origen de estos rebrotes, y por tanto no podemos tomar en otros países las medidas adecuadas para prevenirlos. Cuando la autoridad sanitaria china confirmó el primer caso en el mercado, hace una semana, se arruinó una serie espectacular de 55 días sin un solo caso de transmisión local. Desde entonces los contagios comprobados han ascendido a 160, y seguramente seguirán creciendo en los próximos días, según reconoce el propio CDC chino, llamado así a imitación de los CDC de Atlanta, los centros de control de enfermedades de Estados Unidos. Pero el jefe del CDC chino, Wu Zunyou, asegura que el rebrote está bajo control, después de haber hecho en una semana 356.000 pruebas, haber cerrado varias urbanizaciones residenciales y todas las escuelas y suprimido cientos de vuelos. Eso es control, qué duda cabe.

Hay una documentada tendencia del Gobierno chino a endosar el coronavirus a las importaciones de pescado europeo. El mercado de Wuhan donde, según la mejor evidencia disponible, se originó la pandemia, vendía mucho pescado y marisco, en parte procedente de las pesquerías de la UE. Durante el actual rebrote de Pekín, los técnicos han peinado el mercado mayorista de Xinfadi, una especie de Mercamadrid o Mercabarna de Pekín, que mide 100 campos de fútbol y recibe a 10.000 personas diarias entre empleados y clientes, en busca de posibles focos del SARS-CoV-2, y han encontrado el virus en una tabla para cortar salmón importado. No en el salmón, sino en la tabla, que puede haber recibido el virus porque alguien la haya tocado o haya tosido sobre ella. En cualquier caso, el salmón ha sido retirado de todo Pekín sin más evidencia que esa pobre tabla. El marisco importado de Europa también es sospechoso, y de paso la carne. Cualquier cosa menos admitir la posibilidad de que el coronavirus provenga de China. Control.

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