La atención primaria antes de la pandemia: menos gasto, más recortes y desigualdad entre comunidades

A la espera de los datos que reflejen el duro golpe que ha recibido la sanidad por la pandemia del coronavirus, los anteriores a la crisis sanitaria ya reflejan una serie de deficiencias que limitarían su capacidad en cuanto a la gestión del virus. Es el caso de la atención primaria en España, que desde hace más de una década ha visto cómo su presupuesto iba reduciéndose año tras año e iba quedándose con menos profesionales tras una serie de recortes, más o menos pronunciados en función del territorio.

Así lo demuestra el último informe de la Federación de Asociaciones Defensa Sanidad Pública (FADSP), Repercusiones de la Crisis sobre la Atención Primaria. Evolución en las CCAA, que ofrece un amplio panorama de la situación de la Atención Primaria antes de la pandemia «y explica en parte sus problemas durante la misma y las dificultades para abordarla», escribe la federación en un comunicado.

«La falta de consideración por parte de las administraciones públicas hacia la Atención Primaria se puede observar mediante la visualización de los presupuestos sanitarios», señalan en el escrito. Según el informe -que se refiere a datos del Ministerio de Sanidad de 2017 y 2018, pues los de 2019 todavía no han sido publicados-, la evolución del gasto sanitario en este sector no ha hecho más que disminuir en los últimos 10 años.

Concretamente, el porcentaje del gasto en Atención Primaria sobre el gasto sanitario público total ha disminuido un 1,38% entre 2010 y 2017, siendo las comunidades autónomas más afectadas las Baleares (de 18% en 2010, a 12% en 2017), Andalucía (de 17% en 2010, a 14% en 2017), Cataluña (de 14,78% en 2010, a 13,29% en 2017) y Madrid (de 12,8% en 2010, a 11,63% en 2017).

Esta disminución de los presupuestos, aunque fue mucho más acusada en 2012 y 2013, sigue siendo común en todas las comunidades, aunque en algunas más que otras, sobre todo teniendo en cuenta el porcentaje inicial del gasto. Por ejemplo, en 2010, Baleares registró un gasto en atención primaria que representaba el 18,41% del total público; frente al de Murcia, que eran del 12,74% ese mismo año.

Esta evolución, a la baja, de los presupuestos sanitarios, se ve reflejada en el impacto que los recortes han tenido sobre los recursos humanos de la atención primaria (medicina de familia, pediatría, enfermería y personal administrativo). «El recorte en recursos humanos también ha sido importante, pero en este caso con mayor diferencia entre CC AA», señalan en el informe.

Así, el número de TSI (tarjeta sanitaria individual) por médico de familia, disminuyó en total un 2,71% entre 2010 y 2018. En Baleares, el ratio se incrementó en 102 (5,51%) en Baleares, 55 (4,62%) en La Rioja y 30 (1,96%) en Madrid, aunque a la hora de analizar estos datos hay que tener en cuenta el aumento o disminución de la población en cada región.

En cuanto a enfermería, disminuyó en 97 TSI en el conjunto del país, pero aumentó en Madrid, que ocupa el primer puesto en TSI por profesional (2021 TSI en el año 2018, 512 más que el promedio en este año). En cuanto a TSI por pediatra, Madrid ocupa también el primer puesto y en cuanto a TSI por administrativo, el cuarto.

El número de consultas anuales disminuyó en 2018, respecto a 2010, en medicina de familia (8,55%) y en pediatría (6,09%), con un ligero incremento en el caso de las de enfermería (0,43%). «Lógicamente la frecuentación disminuyó en medicina de familia y pediatría y aumentó en enfermería (2,16%)», explican desde la federación, asegurando que «puede deberse al aumento de las demoras en las citas en medicina de familia y pediatría constatadas en el Barómetro Sanitario, así como a un papel más activo de la enfermería en Atención Primaria».

En el informe destacan la diferencia de datos entre comunidades autónomas, que «reflejan una desigualdad en cuanto a atención y la necesidad de contratación de personal en las CC AA que más lo demanden», como es el caso de los datos de 2016, en los que Canaria registró 560,19 (interconsultas/1.000 personas asignadas) y Baleares 232,18; o en 2017, cuando Canarias registraba 567 y Cataluña 265,06.

«Igualmente el consumo de medicamentos por persona (en dosis diarias definidas /1.000 personas) tiene una variabilidad excesiva», señalan, explicando la diferencia entre los 1.903 de Cataluña y los 964 de Valencia, «lo que tampoco parece tener una justificación por la morbilidad y características de la población».

Una vez analizados los datos la FADSP destaca la necesidad de incrementar los presupuestos sanitarios para Atención Primaria. «Una cifra que se estima razonable es en torno al 20% del presupuesto sanitario público», afirman en el escrito, confesando que es una cifra que está «muy lejos de la realidad actual», por lo que debe «realizarse un plan presupuestario para alcanzarla progresivamente».

Asimismo, aseguran que es fundamental disminuir la presión asistencial en la atención jprimaria, y señalan que, para ello «se precisa, aparte de unos mayores presupuestos, un incremento sustancial de las plantillas que establezca un máximo de 1300 TSI para profesionales médicos y de enfermería y de 1.000 para pediatría», para lograr, a corto plazo, que no existan profesionales con más de 1.500 TSI asignadas.

Otra de las necesidades que creen que debe abordarse en la de convocar todas las plazas de formación MIR «para permitir la existencia de especialistas cualificados» y aumentar también el personal administrativo «y el compromiso de recuperar las citaciones desde los centros de salud».

«La accesibilidad y la continuidad son dos características principales de la AP que hay que garantizar, por lo que habría que asegurar que más del 95% de la demanda se atenderá en 48 horas», recomiendan.

Respecto a los medicamentos, abogan por una mejora de los protocolos para «reducir la excesiva variabilidad» entre comunidades autónomas, e insisten en la importancia de restablecer las áreas sanitarias como espacio físico y coordinar su actividad en función de las características y necesidades de la población.

Por último, reclaman un mayor protagonismo para la atención primaria «en el abordaje de los determinantes de la salud medioambiental y de la salud laboral» y una mayor transparencia en la información sobre los recursos, su actividad, calidad y resultados en salud. «Los problemas detectados en la AP son probablemente una de las causas de las dificultades para atender la pandemia y para realizar el seguimiento y detección de casos durante la misma», concluyen.