¿Por qué a los bebés les ayuda el movimiento para dormirse?

Que el movimiento es uno de los mejores y más socorridos recursos para conseguir que los bebés se duerman nadie lo pone en duda. Basta con recordar el llamado método ‘Oompa Loompa’, que hace dos años revolucionó las redes sociales gracias a un vídeo en el que un padre consigue, en apenas minuto y medio, que su pequeño caiga en el sueño más profundo mientras lo balancea suavemente, le sostiene la cabeza con las manos y repite cual mantra ‘Oompa Loompa, Oompa Loompa, Oompa Loompa, ¡oh!’. Ocho millones de reproducciones desde entonces atestiguan que ha sido una de las tácticas más buscadas para intentar llevar a la práctica.

Hace pocas semanas, en pleno confinamiento, una empresa de Barcelona presentaba en el mercado Wheelzzz, definida como ‘la primera tira para que tu bebé duerma del tirón’. Este sencillo y curioso invento fue desarrollado precisamente durante esos días de reclusión casera para solventar la problemáticas de muchos padres que no podía pasear a sus hijos por las calles y, por extensión, conseguir que conciliaran el sueño gracias al movimiento. La codiciada tira, colocada en las ruedas, produce una pequeña imperfección que recrea el traqueteo del cochecito al pasear sobre adoquines.

A pesar de que durante muchos años se ha estigmatizado este procedimiento con frases como “no lo duermas en los brazos que se acostumbra”, lo cierto es que cada vez son más los progenitores recurren al apego, los brazos y el balanceo como el método por excelencia para propiciar el sueño de sus hijos. Una encuesta realizada hace dos años por la web especializada en sueño infantil dormirsinllorar.com señaló que el un 81% de los bebés de 0 a 3 meses se dormían con ayuda de sus padres – en brazos, mamando, tomando el biberón, en contacto con ellos…- mientras que solo un 6% era capaz de hacerlo sin ayuda.

Mas allá del mundo occidental las experiencias son similares. Desde Mali a Bolivia, son miles los bebés y niños que se duermen colocados sobre las espaldas de sus madres mientras ellas trabajan, en muchos países asiáticos se usan cestos para mecer a los bebés, en el Amazonas los cuelgan de hamacas y en las casas rurales de Argelia las cunas están suspendidas del techo.

¿Por qué es tan eficaz entonces el movimiento a la hora de dormir? Porque con él ese mismo bebé ya conciliaba el sueño cuando estaba en el útero materno. Se estima que desde de la semana 28 de gestación, el feto puede presentar ciclos de sueño profundo y pasivo, en los cuales realiza movimientos muy parecidos a los del sueño REM y no REM.

Dentro de la barriga de su madre duermen alrededor de 20 horas al día y lo hacen igualmente mientras ellas se mueven, hacen cualquier tarea, pasean y sintiendo su voz, su respiración y el ritmo de su corazón. Por lo tanto, reproducir esa misma sensación intrauterina en el mundo exterior da igualmente buenos resultados, ya sea en los brazos de papá o mamá, en una mecedora, metido en un pañuelo o bandolera o dando un vuelta en el capazo del cochecito.

La ciencia también lo corrobora y de hecho, un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Ginebra, de Lausana y de los Hospitales Universitarios de Ginebra determinó que el movimiento lento y repetido durante la noche modula la actividad de las ondas cerebrales, lo que explicaría por qué un bebé concilia el sueño plácidamente mientras es mecido o a un adulto le sucede lo mismo en una hamaca.

En la investigación se observó que aquellas personas que habían participado en el estudio y se habían dormido con movimiento presentaban periodos de sueño más profundos y menos sobresaltos durante la noche. Según los expertos, el balanceo continuo permite sincronizar la actividad neuronal de las redes tálamo-corticales, que desempeñan un papel fundamental en la consolidación del sueño.

Otras investigaciones confirman, además, que mecer al bebé no solo no le hace más dependiente de sus padres sino que puede beneficiar al niño en numerosos aspectos aparte del que tiene que ver con el mero descanso:

– Con ese movimiento se ayuda al bebé a desarrollar su sentido del ritmo y del balanceo.

– Se estrechan lazos emocionales, ya que se siente seguro y querido.

– Mecer al bebé también facilita la regulación de su función neurológica.

– Se estimula su equilibrio, a través del oído interno, lo que favorecerá en el futuro su capacidad de concentración.

– Un clásico: favorece su digestión y le ayuda a expulsar gases.


- El movimiento ayuda a que la respiración y el ritmo cardiaco del bebé se ajusten aumentando la producción de anticuerpos.

– Le transmitimos seguridad. La sensación evoca en el bebé el interior del vientre materno y esto provoca que se sienta protegido y consiga más rápidamente la calma.