Moluscos contagiosos en niños: cómo prevenirlos y tratarlos

Aunque no son tan conocidos como otras afecciones cutáneas o contagiosas, los moluscos contagiosos son muy frecuentes en los niños pequeños debido a la inmunidad deficiente a estas edades, y se calcula que hasta el 40% de los niños se contagian en algunos países. A menudo no revisten de gravedad más allá de lo estético y suelen desaparecer solos. En la edad adulta son menos comunes y suelen estar asociados a contagios de naturaleza sexual.

A pesar de que no son muy molestos ni suelen complicarse, son muy contagiosos y tardan incluso años en irse si no se tratan.

Los moluscos contagiosos son unas pequeñas protuberancias de color rosado, brillantes o del mismo color que la piel de entre 1 y 5 milímetros que está producidas por el virus molluscum contagiosum, de la familia de los poxovirus. Aunque pueden parecer en cualquier parte del cuerpo, con excepción de plantas y palmas, son más frecuentes en la cara, el cuello, las axilas, los brazos y las manos. A veces pueden enrojecer, sobre todo si se tocan, y pueden aparecer aislados o en grupos.

No suelen presentar molestias, no pican mucho y suelen desaparecer sin más complicaciones al cabo de dos años como mucho y sin dejar marca. Las pocas complicaciones que pueden aparecer, como que se extienda a otras zonas del cuerpo, inflamación, infección tras rascarse o conjuntivitis si aparecen al lado de los parpados, suelen ser más frecuentes en personas inmunodeprimidas

Aunque suelen desaparecer por sí mismas, si se diseminan mucho o causan muchos problemas estéticos -por ejemplo, si aparecen en el rostro-, se puede optar por eliminarlas. Hay varias modalidades de tratamiento y todas son efectivas. La elección dependerá de la edad del paciente o el lugar en el que se encuentren los moluscos. Algunas se realizaran en la consulta del dermatólogo y otros se pueden aplicar en casa.

– Curetaje. Extirpa la lesión por medio de un anestésico tópico. Es la solución más rápida, pero puede dejar cicatriz.

– Crioterapia. ‘Congelar’ la lesión hasta que se caiga por sí misma. a intervalos de 2-3 semanas.

-Sustancias tópicas de uso domiciliario, como el hidróxido de potasio, retinoides.

-Cantaridina. Debido a su acción vesicante, es mejor utilizarla en el consultorio del dermatólogo.

– Imiquimod, fármaco con efectos inmunológicos.

– Cidofovir, antivírico muy útil en algunos pacientes inmunodepridos.

– Ante todo, hay que evitar rascarse o tocarse las lesiones, pues, además de contagiarlas más fácilmente, se pueden provocar heridas que se infecten y requieran tratamiento con antibióticos.

En un tercio de los pacientes, los moluscos vuelven a aparecer.

Los moluscos se contagian por contacto, ya sea piel con piel o a través de objetos como las toallas o la ropa compartida, y son más comunes en verano. Para que no se produzca el contagio, se deben tomar algunas precauciones, sobre todo en el ámbito escolar, zonas comunes, etc. La Fundación Piel Sana, de la Academia Española de Dermatología y Venereología recomienda tomar las siguientes precauciones:

– Usar cremas hidratantes.

– Cuidar la piel con productos de higiene no irritantes.

– No compartir la ropa y las toallas, ni otros productos de higiene personal.

– Duchar a los niños en lugar de bañarlos.

– Utilizar ropa que cubra las zonas afectadas.

Evitar traumatizar la piel (rascado, rasurado) para ni diseminar el virus.

Tratar adecuadamente la dermatitis atópica u otras posibles enfermedades cutáneas que estén presentes, pues las personas con dermatitis son más propensas a padecer moluscos.

– En caso de los adultos, el uso del preservativo puede ser útil para prevenirlo, aunque no infalible, pues la zona genital suele ser una de las más afectadas y se considera una enfermedad de transmisión sexual.

– Mantener las manos limpias también puede ayudar a prevenir la trasmisión del virus.