Siete señales que indican que estamos preparados para iniciar una nueva relación tras una ruptura

¿Cuánto tarda un corazón en recomponerse tras una ruptura amorosa? ¿Cuánto tiempo necesitan las personas para pasar página a una historia de amor y empezar la siguiente? No cabe duda de que estar en pareja sigue siendo la forma preferida del ser humano para compartir su vida pero las estadísticas también son realistas respecto a la supervivencia de ésta: se estima que una de cada tres parejas en Europa acaba separándose, mientras que en Estados Unidos la cifra se dispara, lo hacen una de cada dos.

Obviamente, no existe una regla de tres o un cálculo exacto que nos pueda indicar cuándo nos encontraremos recuperados para iniciar una nueva relación. Por un lado, porque los factores por los que se produjo la ruptura serán múltiples y, en gran parte, condicionantes: si aconteció por sorpresa o después de un largo tiempo conviviendo con la crisis, si lo eligió uno o se lo impusieron, si hubo terceras personas, el tiempo que llevaba junta la pareja, si convivía o no junta, o si existen nexos de unión fuertes como hijos o una hipoteca.

Y luego, por supuesto, está la gestión particular de cada uno y la manera de enfrentarse a las separaciones: la experiencia previa, la tolerancia a la frustración, el tipo de personalidad y sus fortalezas, o el momento vital. Por lo tanto, más que una cuestión de tiempo y de contabilizar cuántos días, meses o años necesitamos para sobreponernos a la pena y el dolor, lo importante es aprender a desarrollar nuestra capacidad de resilencia para ponerle punto y final (sobre todo en lo que respecta al enganche mental) y para detectar en qué punto de la fase de recuperación estamos antes de embarcarnos en otra historia.

Estas son algunas de las señales que pueden indicarnos que estamos preparados para dar un nuevo paso en el siempre incierto camino del amor:

No es fácil llegar a este punto, sobre todo, cuando la pasada relación se prolongó durante un periodo de tiempo muy largo. Y sí es relativamente sencillo, cuando ponemos fin a una historía de pareja, recuperar una sensación de ‘libertad’ pero, a la vez, sentirse completamente desubicado por el cambio de de vida y de costumbres que se experimentan de forma radical.

Se necesita un tiempo para resituarse, para disfrutar de uno mismo, para aparcar cualquier miedo a la soledad y para aprender a conocerse, mimarse y quererse (tras ese periodo en el que seguramente hemos pensado mucho más en nuestra pareja o hemos aplazado, muchas veces, nuestros propios intereses). Cuando disfrutemos con esa libertad individual será cuando realmente habrá llegado el momento de sumar a alguien mas en nuestra vida porque nos estará aportando y enriqueciendo como persona y no para suplir un hueco ni por miedo a la soledad. Un consejo: no intentar buscar en nuevas parejas lo que primero se tiene que encontrar dentro de uno mismo.

En numerosas ocasiones la nueva etapa que se inicia tras una ruptura viene acompañada de profundas reflexiones sobre el estilo de vida que llevábamos antes, hacia donde queremos dirigirnos ahora que estamos de nuevo solos e, incluso, puede traer consigo otros cambios como el de domicilio, el de ciudad o laborales.

No se trata, por tanto, del momento propicio para embarcarse en una nueva relación porque necesitamos tiempo para nosotros y replantearnos cuál va a ser nuestro nuevo proyecto de vida de ahora en adelante. Solo cuando hayamos unido todas las piezas de este puzzle personal y tengamos claro el camino que queremos seguir, podremos pedirle a alguien que se sume a nuestro proyecto y dedicarle tiempo de calidad. Si nuestra vida sigue aún patas arriba, no merece la pena engañarse ni engañar a nadie por mucho que se prefiera estar en compañía.

Una de las razones por las que siempre conviene establecer un ‘periodo de reflexión’ tras una ruptura es que nos permite averiguar qué fue lo que no funcionó de la relación anterior, tanto de una parte como de la otra. Esta es la única forma de corroborar que la experiencia es un grado, convencerse de los errores que no queremos volver repetir y las conductas que no queremos volver a tener. Tener claro lo que no queremos nos ayuda a comprender lo que sí nos conviene.

Un punto a tener muy en cuenta no solo para no perjudicarse a uno mismo sino para evitar marear y hacer un daño innecesario a la nueva pareja. Sí se ha dado por finalizada una relación pero en nuestro fuero interno seguimos convencidos de que habrá espacio para una segunda oportunidad en el futuro – sea o no realista- no estaremos siendo sinceros con nosotros ni con ninguna de las partes. No se trata de matar el tiempo hasta que esa supuesta vuelta ocurra ni de intentar suplir el espacio del otro con cualquier persona para evitar la soledad. Si todavía no hemos aceptado que nuestro ex nunca volverá, hay que evitar a toda costa abrir la puerta a un nuevo amor.

El amor empieza por uno mismo. Cuando se necesita de otro para sentirse completo o realizado fundamentalmente no se trata de amor sino de dependencia emocional.

Si se ha conocido a una nueva persona y todo en ella nos ilusiona y suma puntos positivos, si no necesitamos comparar constantemente sus cualidades con las que tenía nuestro/a ex y nos aporta una bocanada de aire fresco, con toda probabilidad estamos en el buen camino.

Si no buscamos iniciar una nueva relación para restregar nuestra supuesta felicidad por la cara a nuestra anterior pareja, si la rabia y las ganas de venganza por la ruptura han desaparecido; y podemos aceptar, asumir con total naturalidad e, incluso, alegrarnos porque ella haya rehecho también su vida, entonces, estaremos preparados para dar el paso.