El alzhéimer sentencia al síndrome de Down

Rafael Blesa, jefe de Neurología del Hospital Sant Pau de Barcelona, en una imagen de 2017
Rafael Blesa, jefe de Neurología del Hospital Sant Pau de Barcelona, en una imagen de 2017Massimiliano Minocri / EL PAÍS

El alzhéimer acecha al síndrome de Down desde la cuna. O antes, incluso. En el cromosoma 21, que las personas con down tienen triplicado, nace el estrecho vínculo entre la dolencia degenerativa y el trastorno genético: ahí está el gen precursor del amiloide, una molécula esencial en el desarrollo del alzhéimer y presente en forma de placas en el cerebro cuando se manifiesta la enfermedad. “Fabricamos amiloide desde que nacemos y lo eliminamos. Las personas con down, sin embargo, fabrican un 30% más, pero los mecanismos para eliminarla son los mismos que tenemos todos, así que acumulan esta proteína de forma anormal”, explica Rafael Blesa, director de la unidad de Neurología del Hospital Sant Pau. Su equipo ha liderado un estudio publicado en The Lancet que revela la historia natural del alzhéimer en personas con síndrome de down: en esencia, es la misma enfermedad que afecta a la población general, solo que en este colectivo es muchísimo más prevalente y se desarrolla de forma más temprana.

A mediados del siglo XX, el síndrome de Down era una condena a muerte temprana: apenas 12 años era la esperanza de vida en la década de los cuarenta, según la Fundación Iberoamericana Down21. Las cardiopatías diezmaban a este colectivo desde muy joven y no fue hasta el desarrollo de la cirugía cardíaca, entre otras cosas, que pudieron hacerse mayores. Hoy, su pirámide poblacional ha dado un vuelco: nacen muy pocos (269 en 2015), pero alrededor de la mitad de todos los afectados —unos 35.000 en España— tiene entre 20 y 40 años. El aumento de la esperanza de vida en las personas con Down, sin embargo, ha revelado otra piedra en el camino: una sentencia casi ineludible de alzhéimer precoz.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el alzhéimer es el tipo de demencia más común (el 80%) y se estima que afecta a entre un 5% y un 8% de la población general de 60 años o más. En el síndrome de Down, sin embargo, la incidencia y el daño es mucho mayor. “Es la principal causa de muerte en los adultos con down”, atestigua Blesa.

Pero las personas con este síndrome nunca han contado para los ensayos clínicos sobre el alzhéimer. “Hay un estigma por su discapacidad. En los últimos 20 años han sido excluidos sistemáticamente de todos los ensayos para fármacos terapéuticos. Estaban dejados de la mano de Dios, o de la investigación”, lamenta el neurólogo. Su ensayo es el primero que describe la historia natural del alzhéimer en este colectivo.

El Sant Pau ha sido pionero en montar, junto a la Fundación Catalana de Síndrome de Down —que tiene 2.400 personas censadas— una unidad específica de síndrome de Down y alzhéimer. Y de ahí salieron buena parte de las 388 personas con down que participaron en el estudio. “Había que hacer un estudio multimodal y tener toda la franja de edad y estado cognitivo de gente con down. El 60% de los participantes no tenían ningún deterioro cognitivo”, revela Blesa. En el estudio se incorporaron también como grupo de control 242 personas sin down.

El estudio, que se hizo en colaboración con la Universidad de Cambridge y el apoyo de la Fundación La Caixa, analizó biomarcadores bioquímicos, de neuroimagen y cognitivos de los participantes y reveló que el alzhéimer empieza a dejar su huella 20 años antes de que manifieste sus síntomas. Como en la población general, pero en el caso del down, los tempos se precipitan. “El depósito de beta amiloide en líquido cefalorraquídeo y de neurofilamentos [otro marcador de neurodegeneración] en plasma aparecen en la tercera década de vida”, admite Blesa. Es decir, dos décadas antes de lo que se apreciarían en la población general.

A partir de ahí, la enfermedad avanza en pocos años: a los 40, el amiloide ya aparece en el cerebro, según el estudio del Sant Pau. “Al final de la cuarta década y principios de los 50 años, el metabolismo cerebral empieza a descender y empiezan a destruirse las neuronas”, añade el neurólogo. La proteína TAU, otro de los biomarcadores que caracterizan el alzhéimer, ya se deja ver en líquido cefalorraquídeo y comienza la atrofia del hipocampo, la zona del cerebro encargada de la memoria. “Ahí ya empiezan los cambios objetivos. Pero podemos encontrar amiloide o TAU dos décadas antes de que la persona se demencie”, apunta Blesa. A los 60 años, más del 90% de las personas con down tienen ya alzhéimer. “La prevalencia de la enfermedad de Alzheimer sintomática aumentó con la edad en las personas con síndrome de Down, llegando al 90-100% en la séptima década de la vida”, concluye el estudio.

El ensayo “abre una ventana de oportunidad” para tratar precozmente la enfermedad en este colectivo

El ensayo del Sant Pau “abre una ventana de oportunidad” para abordar precozmente la enfermedad e incorporar a este colectivo en los ensayos clínicos con fármacos para frenar el deterioro cognitivo, señala el neurólogo. “A los 50 años, las personas con síndrome de down desarrollarán alzhéimer y este no puede ser un estigma. Es una enfermedad y hay que investigar para tratarlo”, zanja el facultativo.

Blesa insta a preparar el sistema sociosanitario para abordar este reto, pues la repercusión en las familias de un diagnóstico temprano de alzhéimer será muy fuerte. Las personas con down se encontrarán con una enfermedad degenerativa cuando sus padres, que eventualmente serían sus cuidadores, ya tienen edades avanzadas y, probablemente, están cursando sus propias dolencias vinculadas al envejecimiento. “Todo esto es una realidad que no se había mirado. Esta población, a partir de los 40 años, va a empezar a desarrollar alzhéimer. Y es una doble carga porque además del alzhéimer, empeorarán de su discapacidad. Hay que preparar a las familias y a la sociedad para detectarlo en fases tempranas e intentar frenar la enfermedad”, avisa Blesa.