Por qué vamos a necesitar más de una vacuna contra el coronavirus

Uno de los principales de la medicina actual es encontrar lo antes posible una vacuna efectiva y sin efectos secundarios contra el coronavirus. Tenemos en la mente que, cuando sea posible, con una sola vacuna nos inmunizaremos contra este enemigo. Pero seguramente, tendrá que existir más de una.

Tres investigadoras del CSIC, que están luchando ahora mismo por hallar una vacuna contra la Covid-19, han relatado a la BBC los detalles acerca de este hecho. Se trata de María Mercedes Jiménez Sarmiento, Matilde Cañelles López y Nuria Eugenia Campillo.

Estas científicas explican que la respuesta inmune contra los virus es en realidad una serie de eventos en cascada que van escalando si el organismo no es capaz de controlar la infección. Primero se moviliza el sistema inmunitario innato, cuyos macrófagos responden sea cual sea el agente infeccioso. Si este no es suficiente, se moviliza el sistema inmunitario adquirido, más sofisticado y que depende de la bacteria o virus. Si antes eran los macrófagos, ahora los protagonistas son los linfocitos, que generan anticuerpos y memoria inmunológica.

Cuando pasamos una infección, en nuestro cuerpo quedan 100 linfocitos de memoria, que desarrollan una respuesta inmune específica si el virus reaparece. Pero estas células mueren con la edad, y lo hacen más rápido si hay estrés o enfermedades crónicas.

Entre los linfocitos y los macrófagos, explican las científicas españolas, están las células gammadelta y las ‘Natural Killer’. Son inespecíficas y son capaces de responder ante cualquier invasor, pero pueden desarrollar memoria sobre los patógenos a los que han atacado: reconocen patrones moleculares de daño o estrés celular, mientras que los linfocitos responden a una proteína del patógeno.

Así, en el ser humano existe una preponderancia del sistema inmune innato en niños (porque no han desarrollado aún inmunidad adaptativa) y en ancianos (porque la inmunidad adaptativa se va extinguiendo). Por eso, una vacuna desarrollada contra una proteína concreta de un virus debería generar una respuesta inmune más fuerte en jóvenes y adultos, mientras que una vacuna contra el virus completo podría ser más efectivo en niños y ancianos.

Ahora mismo hay 163 vacunas en desarollo contra la Covid-19, pero sólo 10 están siendo probadas en fase clínica.

De esas hay cuatro que están más avanzadas. Son las de Moderna, en Estados Unidos; la de la Universidad de Oxford, en Reino Unido; la de Cansino Biologics, en China y la de Sinovac Biotech, también en China. Según las investigadoras españolas, esto no debería ser una carrera con un solo ganador, sino que lo interesante sería un podio compartido.

La vacuna, explican, para que sea eficaz por un tiempo prolongado, debe desarrollar una respuesta adaptativa, mayoritariamente la generada en adultos, no en ancianos. Por eso es necesario que las vacunas puedan abarcar distintos grados de eficacia y así conseguir una inmunidad de grupo suficiente para minimizar la transmisión y proteger a los más vulnerables. Así, la mejor vacuna debe ir destinada a personal sanitario, a adultos con enfermedades, debe ser eficaz para niños y ancianos y debe ser de rápida y fácil producción y almacenamiento.

Según las investigadoras del CSIC, disponer de varias opciones con distintas características nos permitirá administrar la más adecuada según cada individuo o situación, porque hay que tener en cuenta factores como la estacionalidad o la diversidad geográfica, sanitaria y social.

De tal manera, en países tropicales las vacunas se aplicarían en masa, mientras que en países de climas templados, con incidencia estacional, se inmunizaría a la población de riesgo en periodos de baja transmisión, como se hace ahora con la gripe.