Diez actitudes diarias que pueden afectar negativamente a la salud mental del colectivo LGTBI

Es una de las celebraciones más multitudinarias en muchos países del mundo pero este año, las manifestaciones, desfiles y conciertos del Orgullo LGTBI pasarán a formato digital a causa de la crisis provocada por el coronavirus.

Mucho ha llovido desde que la ciudad de Nueva York se convirtiese en el epicentro de la lucha por los derechos del colectivo LGTBI en la madrugada del 28 de junio de 1969, cuando un grupo de personas que frecuentaba el bar The Stonewall se rebeló contra las continuas redadas policiales que sufrían. Sin embargo, medio siglo después todavía se producen actitudes que generan homofobia y pueden dañar psicológicamente a las personas LGTBI.

«Una orientación sexual no heterosexual mal aceptada por el entorno puede dar lugar a problemas psicológicos. Dicho entorno puede estar actuando como maltratador en este sentido, sin bien no siempre es un maltrato intencionado”, señala el equipo de psicólogos de la plataforma de terapia online ifeel. “Cuando el trato hacia la orientación sexual no es el óptimo se dan problemas muy comunes, que tienen que ver con la falta de autoestima relacionada con lo que se conoce como homofobia interiorizada, es decir, la visión negativa de todo lo gay aprendida de los mensajes que llegan del exterior e interiorizada. Es entonces cuando aparecen la falta de autoestima, problemas como la depresión, la ansiedad, el consumo de drogas…”, añaden.

“La homosexualidad no afecta a la salud mental, la homofobia sí”. Por ello, y aprovechando la celebración del Día Internacional del Orgullo, ifeel recopila las diez principales actitudes dirigidas a personas no heterosexuales que pueden afectar a la larga a su salud mental.

Perpetuar la idea de que el gay ideal es el que carece de pluma puede ocasionar en el sujeto homosexual sentimientos de rechazo hacia uno mismo, no tener un percepción sana de su propia masculinidad o miedo a que su orientación sexual sea demasiado visible. “Se trata de una actitud homófoba y, por tanto, sexista, según la cual se puede aceptar que un hombre sea homosexual pero que su homosexualidad no sea visible a través de lo que conocemos como “pluma”, esa gestualidad considerada convencionalmente como femenina y que, desde este punto de vista, no es apropiada en ningún hombre, bien porque lo convierte en risible, menos presentable o menos atractivo sexualmente”, explican los psicólogos.

Se define passing como la concepción de que un hombre o mujer transexual deben pasar como hombre o mujer cisgénero, es decir, cuya identidad de género coincide con el sexo que les fue asignado en el momento del nacimiento. “Con frases como ‘no se te nota nada’ intentamos provocar un sentimiento positivo en el receptor del mensaje, pero realmente mandamos el mensaje de que si se te nota has cometido algún tipo de delito. La persona trans que percibe esta actitud puede sentirse inadecuada, señalada o infravalorada. Las personas trans necesitan ser creídas en lo que son, es decir, hombres o mujeres, independientemente del aspecto que presente su cuerpo”, señalan desde ifeel.

Ninguna orientación sexual es un problema de salud mental y de ofrecerse al colectivo LGTBI, la psicoterapia va en otra dirección: construir y reparar una imagen positiva de sí mismos y poder tener una vida sexual y afectiva sana. “Cuando sugerimos a alguien que conocemos que inicie una terapia psicológica se supone que es porque necesita encontrarse bien, resolver algún conflicto, trabajar habilidades o desbloquear decisiones vitales”, añaden.

Comentarios del tipo ‘no me creo que sea gay porque es muy masculino’ insinúan que los gais son femeninos y las lesbianas masculinas. Sin embargo, la feminidad o masculinidad son constructos culturales relativos, que no se pueden medir en una escala objetiva y que no tienen que ver con la orientación sexual sino con la expresión de género que tiene cada persona. “No entender adecuadamente esto es lo que genera discriminación, lo que a su vez genera en la persona discriminada una sensación de ser inadecuadamente diferente y un grave problema en su autoestima”.

Muchas veces se da por hecho que en el mundo no heterosexual las relaciones de pareja son poco duraderas, que hay más infidelidad, incapacidad para el compromiso, o se juzga negativamente la abundancia de vida sexual utilizando términos como ‘promiscuidad’ en un sentido negativo. Los psicólogos afirman que: “Una vez interiorizados, estos juicios generan en la persona una percepción de sí misma como alguien frívolo. También pueden hacerla creer que en el colectivo al que ella pertenece es imposible establecer una relación de pareja sana o que nadie va a querer establecerla con ella. Esto enrarece mucho el autoconcepto de la persona y también sus relaciones con sus iguales, aumenta su sensación de soledad o de desesperanza respecto a su proyecto de pareja o de familia”.

O lo que es lo mismo, estereotipos relacionados, sobre todo, con los hombres gais: físico cuidado, un estatus socioeconómico alto, un estilo de vida muy orientado al ocio… Los expertos señalan que “estas afirmaciones, además de no ser ciertas y extensibles a todo el colectivo, pueden generar en el sujeto una percepción distorsionada y errónea de lo que se espera de él”.

Que estaría en el polo opuesto a la anterior y relacionada con una visión muy homofóbica del colectivo. “Igual que no conviene tener una visión estereotipadamente favorable de la vida de estas personas tampoco conviene alimentar una visión catastrofista, es decir, también distorsionada. No todas las personas que se salen de la heteronormatividad llevan vidas superficiales, solitarias, marcadas por el sexo vacío, la drogadicción y las enfermedades”, dicen desde el equipo de ifeel, recordando que resulta totalmente inadecuado vincular homosexualidad a VIH, igual que resulta inadecuado asimilarla a frivolidad, inmadurez o malos vicios.

Los expertos de ifeel recuerdan que todavía en gran parte de la población hay un cierto desconocimiento sobre aspectos básicos de la diversidad sexual y de género. “Aunque la homosexualidad es conocida y aceptada por gran parte de la población, el desconocimiento de otras orientaciones sexuales más infrecuentes estadísticamente (bisexualidad, pansexualidad, asexualidad, transorientación…) hace que, sin mala intención, se pronuncien juicios de valor que impactan negativamente en el psiquismo de la persona en cuestión”. Los psicólogos recomiendan no emitir juicios ni presuposiciones sobre cómo es una persona únicamente a partir de la orientación sexual o identidad de género con que se presenta “para no contribuir al prejuicio social, el señalamiento y la LGTBfobia social e interiorizada”.

Presuponer el género por el aspecto físico e, incluso, determinar qué personas les atraen sexualmente. “Esta presunción se practica entre adultos, pero también hacia niños y bebés, y la mayor parte de las veces es acertada, excepto cuando la persona es trans y su sexo biológico no coincide con su identidad de género, o cuando la persona es intersexual, y su cuerpo no permite determinar con certeza el sexo biológico de la persona. Es entonces cuando aparece el conflicto interior. Cada una de estas situaciones, acumuladas desde la infancia, refuerzan la percepción no solo de que hay que hacer un esfuerzo extra para aclarar lo que se es, sino que quizá lo que se es no es adecuado y por eso nadie cuenta con ello de antemano, lo cual es tremendamente conflictivo”.

Por último, los especialistas advierten que reducir las explicaciones sobre la homosexualidad a “un estilo de vida, una opción o algo que se hereda directamente de los padres son completamente falsas, incluso aunque la genética pueda tener su propio papel”.