El acoso escolar puede continuar aunque no se asista a clase. Cómo identificarlo y ponerle freno

Las vacaciones de verano son deseadas y ansiadas por todos los niños pero en el caso de aquellos que sufren acoso escolar todavía más, ya que en muchas ocasiones representan una ‘escapatoria’ del centro escolar (principal escenario donde se produce el bullying).

Sin embargo, también hay muchos casos de niños y adolescentes que, por desgracia, se ven obligados a ‘llevarse puesto’ el acoso durante los meses de verano, debido especialmente a las nuevas tecnologías, la difusión en las redes sociales -el verdadero altavoz del acoso se encuentra en Internet- y al incremento de tiempo libre entre los estudiantes.

Según explican diversos expertos en el tema, entre ellos la Fundación ANAR (Ayuda a Niños y Adolescentes en Riesgo), estas actitudes suele provenir de esos otros menores que ya acosaban en el centro escolar y que continúan con esta dinámica si se encuentran a la víctima en otros escenarios (playa, espacios de ocio, fiestas…) o bien que utilizan medios como el ‘whatsapp’ para dar rienda suelta a insultos, vejaciones y humillaciones.

También recuerdan que los acosadores suelen actuar en grupo, ya sea en la violencia presencial o a través del ciberbullyng, bien realizando el acto en sí o bien legitimándolo a través de la difusión, la no actuación o pasividad ante el hecho y con actitudes de refuerzo. El carácter viral de los mensajes ofensivos multiplica también el daño que sufre el menor, que se siente públicamente rechazado y humillado.

¿Qué señales pueden hacernos sospechar que nuestro hijo está sufriendo acoso en el periodo vacacional? Al no estar sucediendo en el centro escolar, y no poder percibir un rechazo del menor a ir al colegio o instituto, el coach experto en adolescentes Nano López, insiste en poner el foco en las alteraciones de la conducta: “Habitualmente, los principales indicios de que ocurre algo los podemos apreciar en alteraciones de la conducta por lo que es importante observar. Los cambios mas significativos suelen aparecer con un cambio emocional. Hay que tener muy presente que en esta etapa los cambios son habituales y, sobre todo, notar la diferencia entre cambio y trastorno. Principalmente, los trastornos, suele estar relacionados con un comportamiento antisocial. Cambios físicos bruscos y somatizaciones, como dolor de cabeza, dolor de estomago y la aparición sin sentido de emociones aumentadas de una forma no habitual, como por ejemplo el miedo o la ansiedad”, explica a 20Minutos.

Actitudes como vigilar de forma continua o a escondidas el móvil u otros dispositivos – probablemente buscando la actualización de los mensajes ofensivos- o mostrarse reacio a salir de casa y abandonar su ‘zona segura’ pueden ser otros síntomas.

Ante la sospecha de que el niño o adolescente está sufriendo acoso o bien si éste se ha sincerado sobre lo que le está pasando, el experto recomienda la escucha activa: “Normalmente ante una sospecha de acoso, los padres suelen tender a prejuzgar. Para ello, lo mejor es tratar de mantener una conversación basada en la confianza. Es fundamental hacer preguntas abiertas como, por ejemplo, ‘¿Como empezó a pasar todo?’, ‘¿cómo te sientes en estos momentos?’, ‘¿De qué forma podríamos ayudarte?’… Sobre todo, preguntas enfocadas a descubrir. Y muy importante, un trabajo previo de los padres para escuchar hacia entender no para responder. Las respuestas a nuestras dudas siempre las tienen ellos. Solo hay que saber cómo preguntar”, indica López, reforzando también el papel de la empatía “que no es solo ponerse en sus zapatos, si no un punto mas allá, como tratar de razonar emocionalmente cómo se están sintiendo o incluso cómo nos sentiríamos si nos estuviera ocurriendo a nosotros”.

Según datos hechos públicos en abril de 2019, el teléfono contra el acoso escolar del Ministerio de Educación y Formación Profesional (900 018 018) atendió 12.799 llamadas entre noviembre de 2017 y octubre de 2018. Del total de llamadas atendidas, descartando las consultas generales o erróneas, 5.557 se refirieron a posibles casos de acoso. En el 79%, los interlocutores fueron las madres o padres de las víctimas. Solo en el 3,78% de los casos eran los propios agredidos quienes llamaban.

En cuanto a las edades, entre los 10 y los 13 años se acumula el 46% de los casos de acoso y entre los 8 y los 9, el 17% de los posibles abusos. Por sexo, el 49% de las posibles víctimas eran mujeres frente al 48% de varones. Respecto al posible acosador, el 30% de las llamadas se referían a menores de entre 11 y 13 años. Por sexo, aunque los posibles acosadores forman parte, mayoritariamente de un grupo mixto de niños y niñas, los niños suponen un 39% de posibles acosadores (individualmente y en grupo), por encima del 25% de niñas.

En cuanto al tipo de acoso, dentro del psicológico, el más común eran los insultos, en un 39% de las llamadas. En el acoso físico, los golpes y empujones se dieron en el 64% de los posibles casos, mientras que en el ciberacoso, las amenazas, insultos o risas a través de las redes se produjeron en el 78% de las llamadas recibidas.

Dentro de la categoría de acoso social, la más frecuente era no dejar participar en actividades a la posible víctima, en un 33% de los casos, y en cuanto a acoso sexual, degradar al menor con insultos o comentarios obscenos se dio en la mitad de las llamadas (un 50%). En esta misma categoría, un 39% de las llamadas hacían referencia a acosos o intimidaciones sexuales y un 11%, a abusos sexuales.

En el 73% de los posibles casos, las víctimas llevaban meses o años sufriendo las situaciones de acoso hasta que se decidieron a contarlo. En cuanto a su frecuencia, el acoso era diario en el 54% de las llamadas.

Este servicio es gratuito, confidencial, anónimo, está operativo las 24 horas y es atendido por psicólogos apoyados por trabajadores sociales y abogados.

Con el objetivo de «transmitir un mensaje de apoyo y de concienciación, enseñando que hay una salida para todo esto y que no están solos», los alumnos del Grado en Creación y Narración de Videojuegos de la Universidad Francisco de Vitoria han creado el videojuego Hey:).

El proyecto, disponible de manera gratuita para descarga, ha sido desarrollado por Marta Fernández, Juan Gómez, Marcos Martín, Álvaro Molina, Sergio Trujillo y Jesús Wang con la ayuda de Belen Mainer, directora del grado.

«En esta aventura, los jugadores descubrirán que todas las acciones, por pequeñas que sean, pueden repercutir de manera muy fuerte en la vida de una persona que sufre acoso, desde un gesto, a un mensaje», explican sus jóvenes desarrolladores.