¿Cuándo conviene repasar? ¿Qué preguntas empezar a responder? Catorce consejos para afrontar la selectividad

Más de 217.000 alumnos de segundo de Bachillerato en toda España se enfrentan estos días a la selectividad más atípica. Asturias, Navarra y Extremadura han sido las comunidades autónomas mas madrugadoras, mientras que en el resto los exámenes se desarrollarán entre esta semana y la próxima.

Considerado tradicionalmente como uno de los momentos clave en la vida de todo estudiante -ya que marca el paso entre el bachillerato y la universidad-, la mayoría de los jóvenes suelen vivir esta prueba con muchos nervios e incertidumbre. Este 2020, además, la inesperada y repentina situación provocada por la crisis sanitaria, el largo confinamiento, el cierre de las aulas y las clases virtuales han podido incrementar notablemente estos temores.

A pesar de todos los inconvenientes y obstáculos vividos desde el pasado mes de marzo, nada ni nadie ha conseguido frenar la realización de la Evaluación de Bachilerato para el Acceso a la Universidad (mas conocida como EBAU y antaño como Selectividad), que finalmente será presencial (y el único evento académico multitudinario de la temporada ya que las oposiciones se han aplazado), con más sedes, en algunos casos en más días para que se respeten las distancias y vendrá acompañada de un estricto protocolo de seguridad elaborado por Sanidad, Educación y Universidades adaptado por cada comunidad autónoma.

Aunque el porcentaje de suspensos es muy bajo – el índice de aprobados supera el 93% en los últimos años y oscila entre el 89% de Galicia y el 98% del País Vasco- , la angustia y el miedo a quedarse en blanco son la tónica casi generalizada de cada temporada entre quienes se presentan. ¿Existe algún truco para lograr dominar los nervios? A falta de fórmulas mágicas hemos recopilado una serie de consejos que pueden rebajar el estrés y ayudar a mantenerse sereno y en calma el día de la prueba.

– Se recomienda acostarse temprano e intentar descansar al máximo para estar frescos como lechugas el día de prueba. El cansancio no es un buen compañero para la concentración.

– No hay que olvidar hacer un buen desayuno – aunque los nervios nos encojan el estómago- ni tampoco salir de casa con provisiones para la jornada (agua y algún alimento sólido) por si la prueba o el tiempo de espera se alargan (este año, además, las cafeterías permanecerán cerradas debido a las medidas de seguridad).

– Si se hace un último repaso que sea la víspera por la mañana nunca por la tarde ni las horas previas a la prueba. La información ya está almacenada en el cerebro. Lo ideal es aprovechar la tarde anterior para relajarse, evadirse y salir a tomar el aire.

No comentar el temario con otros amigos, de esas conversaciones de última hora pueden surgir preguntas que ni los propios examinadores se habrán planteado pero que nos amargarán la jornada. También conviene no charlar con aquellos compañeros que estén o sean más nerviosos, eso no hará mas de acrecentar la propia intranquilidad y el contagio del nerviosismo será recíproco.

– Una buena solución contra la ansiedad pasa por practicar algunos ejercicios de relajación y respiraciones.

Ser previsores. Conviene salir con tiempo hacia el lugar en el que se realiza la prueba y, si es posible, en transporte público para evitar atascos que puedan sumar un extra de ansiedad a la que ya se lleva de casa.

– Nada de prisas con los enunciados de las preguntas. Tomarse un tiempo para leer con detenimiento y asegurarse de lo que se pregunta.



- Comenzar por las preguntas más fáciles ayuda a aumentar la seguridad en la buena realización de la prueba. El cerebro empezará a trabajar y a buscar la respuesta al resto de las preguntas.

Llevar un reloj que ayude a controlar en todo momento cuánto tiempo queda de examen y si es posible reservar algunos minutos finales para repasar y corregir posibles faltas de ortografía o sustituir palabras de las que no estemos seguros por sinónimos.

– Ser realistas, ajustarse al tiempo que se tiene e intentar ser concretos y precisos en las respuestas.

– Si nos ataca el ‘síndrome del folio en blanco’ un recurso eficaz es el de desconectar por unos instantes del examen escribiendo en un folio algunas palabras que empiecen por la misma letra o algo similar. Hay que tener en cuenta que el miedo al fracaso o un alto grado de exigencia con uno mismo puede acabar por paralizarnos. Conviene tomarse unos minutos para respirar y tener pensamientos realistas del tipo ‘me he preparado bien’ o ‘haré todo lo posible para que salga bien’.



- Hay que intentar desdramatizar la prueba y el áurea que la rodea, ver el examen como un desafío para la mente y no como un riesgo o problema para que no genere más estrés.

– Entre día y día de pruebas no se aconseja repasar. Después de cada jornada mejor relajarse y, sobre todo, descansar de cara a la siguiente.

Hay que mantener el pensamiento positivo. Las probabilidades de aprobar el examen son muy altas: mas del 93%. Y en el caso de no superarlo, está la posibilidad de repetirlo en septiembre, con el mismo temario y unos meses por delante para repasarlo.