Trucos para combatir el calor sin aire acondicionado: qué comer, qué evitar, cómo vestirse…

Tener aire acondicionado en casa nos ayuda a hacer más llevadero el verano, sobre todo en las grandes ciudades y si estamos teletrabajando. Sin embargo, no es aconsejable abusar de él por muchos motivos: reseca el ambiente, nos hace más propensos a infecciones respiratorias y a contracturas musculares, eleva mucho la factura de la luz es poco ecológico.

Para reducir su consumo al máximo, e incluso evitarlo, hay varias cosas que podemos hacer, tanto en casa como en nosotros mismos, para reducir la temperatura y paliar el calor.

La alimentación es crucial a la hora de regular nuestra temperatura corporal y, al que ocurre cuando las temperaturas son bajas, nos ayuda a equilibrar la temperatura de nuestro cuerpo. A grandes rasgos, la alimentación cuando las temperaturas son altas debe ser:

•Baja en grasas, sobre todo de origen animal, y poco copiosas, porque si digestión conlleva una mayor termogénesis y genera un mayor calor corporal, pero, en concreto, son las proteínas el tipo de nutriente que más nos cuesta digerir.

•Ricas en frutas y verduras, si son de temporada mejor, pues tienen una mayor cantidad de agua, nos mantienen hidratadas y nos dan sensación de frescor cuando las digerimos. Además, son más digeribles.

•Menos cantidad y más veces, si tenemos hambre. Además de que, en general, en verano tenemos menos apetito, digestiones más rápidas y ligeras conllevan una menor termogénesis y elevan menos la temperatura corporal.

•Hidratarse a menudo, sobre todo con agua, mejor fresca o del tiempo que helada, de la nevera.

Además, hay alimentos que, por sus características son muy beneficiosos para combatir el calor, y otros, que es mejor evitar.

Se recomienda incluir en la dieta:

•Sandía: es la fruta estrella del verano, rica en agua, baja en calorías… perfecta para hidratarnos y refrescarnos a cualquier hora del día.

•Tomate: No pueden faltar en ninguna ensalada -muy recomendables en verano- porque sin ricos en agua, fibra y antioxidantes como el licopeno, que además nos ayudan a protegernos de la radiación solar. Combinadas con algo de proteína ligera como atún, bacalao, queso fresco, huevo duro o incluso huevo duro, tendremos una comida equilibrada y perfecta. Otra gran fuente de proteínas que puedes añadir a las ensaladas es el fiambre de pavo o pollo, de fácil digestión y con poca grasa.

•Legumbres frescas. En verano, olvídate del cocido y la fabada, pero no de las legumbres, que aportan gran cantidad de proteínas. Añádelas a las ensaladas, con verdura y tendrás un plato de lo más completo. Las puedes utilizar directamente del bote ya cocida, así nos ahorraremos del tiempo de cocerlas, enfriarlas y el calor que la cocción generará en casa.

•Sopas frías. Aquí se incluyen el gazpacho y el salmorejo, pero también otras como el ajoblanco o los famosos smoothies de verduras.

•Picantes. Sí, el picante nos da calor, pero, paradójicamente, también nos refresca. La razón es que el picante contiene capsaicina, una sustancia que provoca sudoración facial y de la nuca, lo que refresca, al evaporarse, esta zona vinculada a la regulación de la temperatura.

•Infusiones calientes, sobre todo con menta. Con las infusiones ocurre algo parecido que con el picante. Al introducir calor en el cuerpo, se aumenta la circulación sanguínea y refrigera para bajar la temperatura.

Es mejor evitar:

•Barbacoa: Aunque son típicas del verano, al ser una comida rica en grasas y proteína animal, aumentan mucho la temperatura corporal, por no hablar del calor que da el fuego…

•Bebidas muy frías. Ocurre lo contrario que con las calientes, pues al meter algo muy frío en el estómago, el cuerpo reacciona generando calor. Lo mejor para hidratarse y refrescarse es el agua fresca -no helada- con unas hojas de menta y limón.

•Bebidas azucaradas o alcohólicas. Además de ser perjudiciales para a salud, deshidratan y consiguen el efecto contrario. Además, suelen estar muy frías.

•Helados, sobre todo si son cremosos, pueden parecer refrescantes en el momento, pero, además de ser indigestos, son ricos en grasa y no aportan mucha agua.

Cuando el calor aprieta, hay otras cosas que puedes probar para bajar la temperatura corporal en lugar de poner el aire acondicionado:

•Darte una ducha, pero no con agua fría, sino tibia. Si dejas que se seque por sí misma, en lugar de secarte con una toalla, la sensación de frescor será más duradera.

•Refresca la nuca y la cara a menudo, ya sea directamente con agua o con paños empapados en agua del tiempo con hojas o aceite esencial de menta.

•Moja los pies. Meter los pies en agua fresca o del tiempo, además de proporcionar una sensación de frescor en todo el cuerpo, activa la circulación sanguínea.

• Viste ropa holgada y cómoda. Andar descalzo o ponernos ropa ligera, cómoda y transpirable -e incluso un poco húmeda- ayuda a combatir el calor.

•Para dormir, mejor en la planta de abajo, si tienes, y lo más cerca del suelo posible. Si las sábanas son de algodón, mejor.

•El abanico de toda la vida. Eso sí, agítalo moderadamente si no quieres provocar el efecto contrario.

Basta llevar a casa unos cuantos consejos de toda la vida para refrescarla de manera natural:

•Llénala de plantas, al menos la estancia donde más estéis, pues ayudan a mejorar la climatización bajando la temperatura y aportando humedad.

•Ventila, por la mañana y unas horas después de anochecer. Abriendo estratégicamente dos o más ventanas, podremos conseguir suaves corrientes de aire en el interior de la casa que la refrescarán varios grados.

•Baja las persianas a cal y canto en las horas de más calor y utiliza toldos.

•Usa bombillas LED, que dan menos calor

•No pongas electrodomésticos por la noche.

•Cierra siempre la puerta de la cocina y usa siempre el extractor.

•Fabrica un aire acondicionado DIY, colocando un cubo con hielo delante del ventilador.