Cómo evitar la agresividad entre gatos que conviven juntos cuando uno de ellos ha estado de visita en el veterinario

La visita de un gato al veterinario puede convertirse en ocasiones una experiencia traumática al sacarle por unas horas del hogar y, por ende, de su zona de confort (como ya abordamos en este artículo). A veces, además, ese trauma no finaliza con la vuelta a casa sino que puede prolongarse cuando en ésta convive con otros gatos u otras especies animales.

Conviene tener muy en cuenta este aspecto, porque tal y cómo señalan los especialistas en etología veterinaria, si no se toman las medidas oportunas esto puede traducirse en una experiencia que marque de forma muy negativa la relación entre los mininos.

Pero, ¿a qué se debe este problema? Pues a que cuando el gato regresa del veterinario también vuelve con olores extraños de los que se ha impregnado, feromonas de alarma por el estrés que ha pasado en la consulta y, en ocasiones, con elementos extraños que no tenía antes de salir de casa: vendajes, collares isabelinos o, incluso, cortes de pelo. Todo esto va a alterar a sus ‘compañeros de piso’, ponerles nerviosos, provocarles miedo y, en muchas ocasiones, ocasionar conductas agresivas que pueden marcar la relación entre los animales de por vida.

Los gatos, además, no tienen fase de reconciliación después de una pelea, por lo que el propietario o un especialista en etología son los únicos que puede reconducir la conducta de los felinos y conseguir que vuelvan a convivir en paz y armonía.

¿Cómo podemos conseguir que el reencuentro con el resto de los habitantes de la casa sea lo más pacífico posible? Los veterinarios etólogos recomiendan seguir estos pasos:

Una vez de vuelta a casa lo recomendable es que el gato pase las primeras 24 horas ‘aislado’ en una habitación solo para él y sin contacto con otros animales. Dejarle dentro de su transportín, con la puerta abierta, para que salga cuando él mismo se sienta seguro y poner a su alcance todo lo que necesitará durante ese día: arenero, comida, agua, su cama o cojín… Al mismo tiempo, dejamos colocado en esa misma habitación un difusor de feromonas.

Las siguientes 24 horas son cruciales ya que habrá que observar la actitud de los gatos, tanto del aislado como del otro (u otros) que conviven con él. Comprobar si su comportamiento es el habitual: si comen y beben con normalidad, si han utilizado la bandeja higiénica y, sobre todo, que no bufan, ni sisean, ni se han gruñido o han adoptado posturas de tensión.

Si todo ha transcurrido con normalidad durante las primeras 24 horas se puede proceder al siguiente paso que consistirá en frotar una toalla o trapo en la cara del felino que ha estado en el veterinario y presentársela al otro gato para ver cómo se comporta. Si la respuesta es buena, hacemos el ejercicio a la inversa. Se pasa la toalla sobre la cara del gato que ha permanecido en casa y se le presenta al que ha estado en el veterinario para observar su actitud.

Si el segundo paso también ha transcurrido con normalidad se podrá proceder a que los gatos entren en contacto visual por primera vez desde el regreso de la clínica. Les ofreceremos alguna comida que les guste mucho, cada uno en su recipiente y los colocaremos a un distancia prudencial. Hay que dejar que se vean pero cuanto más separados estén, mejor. Si el comportamiento de ambos es normal y no muestran ningún atisbo de agresividad, todo habrá vuelto a la normalidad y podrán continuar su vida como siempre. En el caso de que percibamos alguna tensión, habrá que separarlos de nuevo, armarse de paciencia y esperar al menos otro día para volver a intentarlo.

Ante cualquier duda o bien si observamos que tras realizar estos pasos los gatos se siguen mostrando agresividad y no se toleran, conviene consultar con el veterinario o etólogo para que establezcan un nuevo protocolo de actuación.