Listeriosis, campylobacteriosis, escombroidosis… cuáles son las intoxicaciones alimentarias más frecuentes y qué alimentos las causan

Ahora que ya estamos en verano, debemos tener especial precaución con las intoxicaciones alimentarias. Las altas temperaturas favorecen a que se rompa la cadena de frío. Pero, además, al comer fuera y relajarse las costumbres porque estamos de vacaciones, los alimentos pueden estropearse con más facilidad, como indica la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU).

No obstante, no todos los alimentos son peligrosos, al igual que no todas las intoxicaciones alimentarias son tan frecuentes como otras. Hoy descubriremos algunas de las más habituales para aprender a prevenirlas.

La listeriosis es una de las intoxicaciones alimentarias más frecuentes. La responsable es la bacteria Listeria monocytogenes que puede crecer incluso en la nevera (baja temperatura). La intoxicación provoca fiebre alta, sintomatología gastrointestinal leve… y en mujeres embarazadas aborto o parto prematuro.

Los alimentos que pueden contaminarse de esta bacteria son, según la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AECOSAN), salchichas cocidas, patés, pescados ahumados, quesos de pasta blanda, leche cruda, helados elaborados con leche cruda, ensaladas preparadas, verduras y frutas frescas.

Según los últimos datos, en 2017 hubo en España 284 casos confirmados. Además, la AECOSAN apunta que la tasa de mortalidad es del 13,8%. Cocinar los alimentos antes de consumirlos y conservarlos a menos de 5ºC es fundamental.

Esta segunda de las intoxicaciones alimentarias más frecuentes se debe a la bacteria Campylobacter jejuni. Los síntomas suelen ser «dolor abdominal, diarrea explosiva, muy intensa y duradera y en ocasiones sanguinolenta, malestar general, fiebre, náuseas, a veces vómitos», según indica la OCU.

Los alimentos comprometidos la carne y productos cárnicos pocos cocidos, como la carne fresca de aves (pollo). También, la leche sin hervir o contaminada. La Organización Mundial de la Salud (OMS) alerta de que la campylobacteriosis «cada año la padecen 1 de cada 10 personas».

Esta es la tercera de las intoxicaciones alimentarias más frecuentes. Se trata de la escombroidosis, también conocida como intoxicación histamínica. Los alimentos comprometidos son los pescados, especialmente, aquellos que pertenecen a la familia Scombridae.

El atún o la caballa son las especies que pueden causar esta intoxicación alimentaria. Romper la cadena de frío, no cocinarlos adecuadamente o manipularlos sin las medidas de higiene adecuadas es peligroso. Los síntomas que alertan sobre esto son la urticaria, enrojecimiento de la piel o erupción. A veces, pueden aparecer náuseas o diarrea.

La sintomatología comienza a remitir a las 12 o 24 horas y si no se agrava (sofoco, trastornos respiratorios graves, etc.) puede, incluso, pasar casi desapercibida. Como el consumo de pescado en España es alto, las precauciones con este alimento deben ser mayores.

La Salmonelosis (Salmonella enteritidis) es otra de las intoxicaciones alimentarias más frecuentes. Según la OMS, «afecta anualmente a decenas de millones de personas de todo el mundo y provoca más de cien mil defunciones». Por lo tanto, hay que tener un especial cuidado con los alimentos relacionados.

Consumir huevos rotos o carne de res, pollo o cerdo que no está bien cocinada, también mariscos que han estado en aguas contaminadas, puede aumentar el riesgo de intoxicación. El dolor abdominal, diarrea, malestar o vómitos son algunos de los síntomas más habituales.

Una de las últimas intoxicaciones alimentarias es la de Escherichia Coli. Los alimentos que la pueden causar son la carne picada, la leche no pasteurizada o productos frescos. Las consecuencias suelen ser diarrea, cólicos abdominales, náuseas y vómitos. También, heces con sangre.

Tener mucha precaución con los alimentos es fundamental. La OMS alerta de que «cada año enferman en el mundo unas 600 millones de personas […] por ingerir alimentos contaminados y que 420 000 mueren por esta misma causa». Por lo tanto, sobre todo en verano, hay que extremas las precauciones.