Síndrome del sobrecrecimiento bacteriano: ¿cuáles son los signos de alarma?

El sobrecrecimiento bacteriano en el intestino delgado (SIBO, por sus siglas en inglés) se trata de una afección caracterizada por un desequilibrio ante la proliferación de bacterias que, a diferencia del intestino grueso, no son comunes en esta parte del tubo digestivo.

Esta afección se puede producir cuando, debido a una patología o cirugía, «se ralentiza el paso de alimentos y desechos en el tubo digestivo» y se crea un ambiente propicio para la aparición de microorganismos, tal y como destacan en Mayo Clinic. De esta manera, se trata de un trastorno de malabsorción de alimentos que puede provocar importantes deficiencias vitamínicas e incluso desnutrición.

El exceso de microorganismos en el intestino delgado puede provocar diferentes síntomas, siendo los más comunes los siguientes: pérdida de apetito, naúseas, diarrea, dolor abdominal, flatulencias excesivas y distensión. Por eso, muchas veces suele confundirse con otras patologías como el síndrome del intestino irritable o la celiaquía.

Estos signos pueden indicar multitud de problemas intestinales, por lo que si se presentan otros problemas como pérdida de peso súbita e involuntaria o dolor abdominal persistente será necesario consultar a los profesionales médicos.

El sobrecrecimiento bacteriano en el intestino delgado puede ser causado por diversas complicaciones tras una cirugía abdominal, «incluido el bypass gástrico para la obesidad y la gastrectomía», añaden desde Mayo Clinic.

Por otro lado, los problemas estructurales del intestino delgado, así como algunas patologías como la enfermedad del Crohn, pueden ser el motivo de la proliferación de bacterias en esta parte del tubo digestivo. Según MedlinePlus, otras afecciones que pueden provocar este problema de salud son las siguientes:

Una de las complicaciones más comunes de este síndrome es la incorrecta absorción de las grasas, proteínas y carbohidratos, lo que puede dar lugar a una mala digestión y a procesos de diarrea. Además, el exceso de bacterias consume los nutrientes disponibles, generando una pérdida de peso y, consecuentemente, desnutrición.

Por otro lado, se puede producir una deficiencia vitamínica «como resultado de la absorción incompleta de las grasas», ya que el organismo es incapaz de absorber todas las vitaminas liposolubles, añaden en Mayo Clinic. La vitamina B12 es vital para un correcto funcionamiento del organismo y la proliferación de bacterias puede provocar su deficiencia provocando debilidad, cansancio, fatiga o confusión.

Otra de las posibles complicaciones es la osteoporosis, ya que «el daño al intestino producido por un crecimiento bacteriano anormal provoca una absorción deficiente de calcio». Esta incompleta absorción también puede provocar cálculos renales. Por último, en los casos más severos, se puede llegar a la desnutrición.