Cariñosa y con uno de los pelajes más bonitos del mundo animal: claves para cuidar como se merece a una chinchilla

El origen de estos pequeños roedores de carácter cariñoso y tranquilo lo encontramos en la zona sur de la Cordillera de Los Andes y se estima que llevan, al menos, unos 50 millones de años sobre La Tierra. En su hábitat natural, hoy por hoy, casi se han extinguido a causa de la caza y las que se utilizan como animales domésticos provienen de un híbrido entre las dos especies de chinchillas salvajes que aún existen.

Uno de sus rasgos más característicos es su bonito, sedoso y espeso pelaje que le ayuda a protegerse en las zonas frías y desérticas de las que proviene y a escapar con facilidad de las garras de sus atacantes. ¿Por qué? Porque a diferencia de los humanos las chinchillas tienen alrededor de 50 pelos en cada uno de sus folículos y lo utilizan como un recurso defensivo: cuando son atacadas logran escurrirse de sus depredadores desprendiendo multitud de pelos. Por desgracia, esta peculiaridad también ha provocado que el número de chinchillas silvestres haya disminuido drásticamente en los últimos años a causa de lo cotizado que está su pelo en el mercado peletero.

Un rasgo curioso de las chinchillas es que, al contrario de lo que ocurre con otros animales, las hembras son más grandes que los machos. Ellas suelen llegar a los 800 gramos y ellos rara vez superan los 600. Son bastante longevas, su esperanza de vida oscila entre los 12 y los 15 años aunque algunas han llegado a alcanzar los 25 de años. Por esta razón, si nos animamos a adoptar una como animal de compañía debemos tener claro que conlleva sellar un compromiso de cuidado a largo plazo.

Las chinchillas son animales muy tranquilos, poco agresivos, sociables y cariñosos. Les encanta que las acaricien pero por la peculiaridad y delicadeza de sus pelaje conviene no manipular éste en exceso. Otra de sus principales características es que sufren mucho en soledad por lo que se aconseja, siempre que sea posible, adquirir una par de ejemplares para que puedan compartir juntos su día a día.

Las chinchillas domésticas son herbívoras. Se recomienda alimentarlas a base de verduras (aunque mejor evitar las de alto contenido en agua como la lechuga), y en mayor proporción heno y alfalfa (que les encanta) y les aporta fibra, imprescindible para ellas, y algún pienso específico que incluya todos los nutrientes que necesita. En ocasiones y de forma muy puntual, podemos darle alguna fruta o frutos secos. La alimentación es clave para una vida larga y sana y conviene asesorarse en profundidar por algún veterinario experto en estos animales exóticos.

Aunque no poseen un gran tamaño las chinchillas necesitan amplitud en su jaula pues se trata de animales muy activos y nerviosos, grandes saltadores. Lo ideal sería buscar una con diferentes pisos y que cuenten con una rueda de ejercicio o plato giratorio. Además tienen hábitos nocturnos, por lo que es frecuente que aprovechen la noche para correr y moverse. Podemos colocar en la jaula alguna caseta o tubo de plástico para que se escondan y descansen durante el día.

Como es habitual en otras mascotas de las que ya hemos hablado anteriormente conviene dejarles salir de su jaula, si es posible a diario y siempre bajo supervisión, para que se den una vuelta por la casa.

Las chinchillas no se deben lavar salvo en ocasiones puntuales en las que se manchen mucho. En este caso lo ideal es utilizar un paño mojado o toallita húmeda. Lo recomendado para su higiene es utilizar una arena especial para este tipo de mascotas. Se le puede poner en un cuenco dentro de su jaula cada dos o tres días durante 30 minutos para que ella misma se limpie y exfolie. Por lo general son unos animales muy limpios y no emiten malos olores.

Los veterinarios recomiendan una primera visita cuando la chinchilla llega al hogar y otras periódicas cada seis meses para desparasitarla. Eso sí, por su condición de presa suelen enmascarar los síntomas cuando tienen una enfermedad por lo que conviene estar alerta a determinadas señales que pueden alertarnos de un problema: como por ejemplo, si dejan de comer o defecar durante más de seis horas. Además de los problemas estomacales, las enfermedades más comunes de las chinchillas domésticas tienen que ver con los golpes de calor, problemas dentales, parásitos, micosis en la piel y el pelo o arena en los ojos.

Muchos de estos problemas pueden evitarse con una dieta adecuada, renovando el lecho de virutas de su jaula semanalmente, facilitándole el polvo para que se lave en seco, cambiándole el agua con frecuencia y colocando su jaula lejos de corrientes de aire, zonas húmedas o fuentes de calor. Si se les estresa mucho pueden llegar a soltar el pelo, tal y como les ocurre en estado salvaje, e incluso desprenderse de la piel de la cola como los lagartos.